Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







martes, 22 de diciembre de 2015

SUBLIME E INCOMPRENDIDA OBRA MAESTRA: "TOPAZ"











SINOPSIS 
(innecesaria para quien vio la película y la recuerda pero indispensable para quien no lo ha hecho)

1962. Estamos en plena Guerra Fría en tiempos de Khrushev y Kennedy. Boris Kusénov (Per-Axel Arosenius) un alto funcionario de la KGB en la Embajada soviética en Copenhage, solicita y logra asilo a los Estados Unidos junto con su esposa (Sonja Kolthoff) y su hija Tamara (Tina Hedstron). El asunto, que debía ser secreto de estado, se filtra extrañamente en la Embajada de Francia, lo que pone sobre aviso a André Devereaux (Fredérick Stafford)  del Servicio de Documentación Exterior y Contraespionaje francés quien sospecha complicidad con los soviéticos de algún funcionario del gobierno francés.  Basándose en su antigua amistad, el  funcionario de la CIA  Michael Nordstron (John Forsythe), quien coordinó la fuga de Kusénov  y está enterado por éste del plan soviético para instalar misiles en Cuba,  le pide a André investigue la existencia y localización de estos misiles y de los planos que un miembro del entorno de Fidel Castro llamado Enrique “Rico” Parra (John Vernon) lleva consigo durante la Asamblea General de la ONU.



Aprovechando el viaje de luna de miel a Nueva York de su hija Michele (Claude Jade) André y su esposa Nicole (Dany Robin), André Devereaux contacta a su amigo Rosco Lee Browne (Philippe Dubois) un agente de André  que funge de  periodista, y en la acera de enfrente del hotel de Harlem donde se hospeda la delegación cubana, ve cómo Rosco logra sobornar a Luis Uribe, secretario de Parra, fotografiar estos documentos, entregarlos a Devereaux y escapar ileso.


André viaja a Cuba como agregado comercial de la embajada francesa, a pesar de los celos de Nicole, quien sospecha que tras tanta viajadera a Cuba se esconde una cubana. En efecto, allí se reencuentra con Juanita de Córdoba, viuda de uno de los héroes de la revolución y dirigente de un movimiento clandestino de oposición, así como antigua amante de André, aunque aparenta ser la protegida de Rico Parra. Juanita y su organización fotografían los misiles, pero Devereaux comete la imprudencia de asistir al mitin dado por Fidel Castro




en la Plaza de la Revolución. Allí un lugarteniente de Parra llamado Hernández (Carlos Rivas) lo identifica como el hombre que sustrajo las fotografías en el hotel de Harlem. Descubierto, es urgido a abandonar la isla después de ser requisado. La pareja encargada de fotografiar los misiles es descubierta y apresada. Son torturados y la mujer le dice al oído de Rico Parra el nombre del jefe de la operación: Juanita de Córdoba.






Parra verifica las actividades contrarrevolucionarias de Juanita y  entre el amor a Juanita y a la Revolución, prefiere matarla a que sea sometida a la inevitable tortura.
André Devereaux regresa a Washington, donde se entera de que Nicole lo ha abandonado y se ha marchado a Paris. Aunque logra salvar los negativos de las fotos y entregárselas a Nordstron, se encuentra con que sus jefes del Servicio de Documentación Exterior y Contraespionaje francés están muy irritados con él porque el gobierno de La Habana se quejó de su actitud inamistosa. Le ordenan que vaya inmediatamente a Paris a rendir declaraciones sobre su viaje a Cuba y  su colaboración con los Estados Unidos ¿Qué estuvo realmente haciendo en Cuba, país con el que Francia mantiene buenas relaciones diplomáticas? Nordstrom es consciente de la gravedad de la situación: sabe que si André Devereaux revela la información delante del traidor, la Unión Soviética puede tomar acciones bélicas contra Estados Unidos y los países miembros de la OTAN. Por tanto, invita a André
a una reunión en el hogar-escondite de Kusénov,  quien le informa de la existencia de “Topaz”, una organización de franceses infiltrados en el gobierno que trabajan para la Unión Soviética. El  poderoso jefe de “Topaz” es conocido como “Columbine”, y ni siquiera Kusénov sabe su identidad, pero se comunica con él a través de Henri Jarre, un economista amigo de Devereaux.

Obligado a asistir a esta interpelación, pero tratando de evitar que el infiltrado de “Topaz” delate la información a los rusos, al llegar a Paris decide desenmascarar al agente. Para ello realiza una investigación en Paris entre sus antiguos amigos de la Resistencia, donde nota una extraña actitud de  Henri Jarre (Philippe Noiret). Éste se dirige a la casa de “Columbine”, quien no es otro que Jacques Granville (Michel Piccoli), alto funcionario del gobierno y antiguo camarada de André y Nicole en la Resistencia antinazi, quienes formaban un trío tan bien avenido,
que - decía Jacques: - “La gente se preguntaba con quién se casaría Nicole…terminó casándose con André”. Pero Nicole, cansada de la vida agitada de André y decepcionada por su aventura cubana, después de la separación de André, ha entablado una relación amorosa con Jacques, con quien se encuentra en el momento en que Jarre se dirige a su casa. Al salir ella, se encuentra con Jarre, quien justo está llegando a la casa de Jacques / “Columbine”. Éste  le reprocha a Jarre que se haya puesto en evidencia durante la reunión con André y lo disuade de eliminarlo, al menos por el momento.




                 Tratando de investigar más, André le pide a su yerno François, periodista y dibujante, que entreviste a Jarre.  Sintiéndose amenazado, accede a entrevistarse con André a solas, pero mientras François lo llama por teléfono, llegan dos hombres de “Columbine”, quienes lo golpean y  dejan sin sentido. André, alarmado,  se dirige con Michele, su hija, al apartamento de Jarre, a quien encuentran muerto sobre un automóvil, como si se hubiera lanzado por la ventana. También logra recuperar el retrato de Jarre dibujado por François, pero éste no se encuentra.  Al fin aparece herido de bala en la casa de André, donde cuenta que los dos sujetos lo introdujeron en un carro para llamar por teléfono a “Columbine” y pedir instrucciones acerca de qué hacer con él. Logra escapar, pero le disparan, causándole sólo una leve herida. Lamenta haber dejado su dibujo en el apartamento, pero André se lo entrega. François, aliviado, le muestra el retrato a Michele a la vez que le dice “he aquí el retrato de un traidor”. Nicole, atribulada, reconoce al hombre que encontró cuando salía de la casa de Jacques Granville. Súbitamente, François recuerda que uno de los secuestradores le dictó al otro el número teléfono adonde llamaron en el momento de lo ocurrido. André se propone a rastrear el teléfono, pero Nicole, con los ojos inundados de lágrimas se ve obligada a revelar que el número pertenece a Granville.


Antes de rendir declaraciones a sus superiores, Devereaux revela a Nordstrom  la identidad de “Columbine”. Por otra parte, en una reunión de alta seguridad de ambos gobiernos en la cual se encuentra “Columbine”, Nordstrom le explica discretamente a cada uno de los miembros que allí hay un traidor y quién es. Amablemente, el traidor Jacques Granville es  invitado a abandonar el salón antes de que se rinda el informe sobre los misiles soviéticos en Cuba.

La escena siguiente transcurre en el Aeropuerto. Dos aviones se preparan a despegar: uno de Pan American a Estados Unidos, con André y Nicole Devereaux , y otro de Aэрофлот (Aeroflot) con destino a la Unión Soviética, donde Granville saluda desde la escalerilla a la pareja:
“¡Bien! ¡Bon voyage!”
André intenta responder el saludo con un gesto entre incrédulo y amistoso.
NICOLE: -“¿Cómo pueden permitirle escaparse así?”
ANDRÉ: - “Te lo dije, mi amor: no se le escapa una. No tienen nada contra él. De todos modos, es el fin de “Topaz”.
En la escena siguiente un parisino lee la edición europea del “Herald Tribune” cerca del Arco de Triunfo. En primera plana que el hombre no está leyendo,  pero nosotros sí, aparece el titular:
RESUELTA LA CRISIS CUBANA. KRUSHCHEV ACEPTA RETIRAR LOS COHETES.
El parisino arroja el periódico al piso, sin haber leído, a lo mejor, esa noticia. Música de Maurice Jarre y créditos finales.






UN FILM INCOMPRENDIDO

El comentario de Truffaut sobre Topaz fue publicado en su llamada Edición Definitiva de 1983, posterior a la muerte de Hitchcock. Allí, en su capítulo Dieciséis (así, en numeral cardinal) relata los comentarios, relatos y observaciones que Hitchcock le hacía por carta. También describe la entrevista televisiva que pudo realizarle en mayo de 1972, su encuentro al regreso de Cannes una semana después, el 29 de abril de 1974, en el homenaje que la New York Film Society le dedicó en el Avery Fischer Hall del Lincoln Center y una nueva conversación en las Navidades de 1976 en la misma oficina de la Universal donde se había llevado a cabo la entrevista conjunta con Helen Scott que generó la primera edición de Le cinéma selon Hitchcock.



Comencemos por el guión. A Truffaut parece no caerle bien  Leon Uris, autor del libro, como lo fue de “Éxodo”, epopeya sionista, es decir, de derecha. Tampoco le gusta la novela, que considera pesada. Critica que el autor haya tenido demasiada injerencia en la elaboración del guión, por lo que Hitchcock debió pedir la ayuda de Samuel Taylor, que redactó “lo mejor posible” el guión definitivo. Por eso escribe:

“Topaz era una novela de espionaje, cuyos únicos méritos consistían en inspirarse en una historia verdadera (la presencia de un agente comunista en el entorno del general De Gaulle) y en ser un éxito de ventas en Estados Unidos” 

Hitchcock siempre había evitado hablar de política en sus films y aquí, al igual que en Cortina rasgada, según Truffaut, cometió ese error.
Topaz era deliberadamente anticomunista y comportaba demasiadas escenas sarcásticas contra el entorno de Fidel Castro. Se veía, incluso, a policías cubanos torturando a opositores del gobierno. (Las negrillas son mías, FP).



Se dice que el final supuestamente previsto, en el cual “Columbine” se dejaba matar por André Devereaux  en un duelo en el estadio Charlety, fue rechazado con burlas del público en un preestreno en Los Angeles: resultado: Hitchcock, por primera vez en su vida, no sabe cómo terminar la película. Según Truffaut, no se le ocurre nada mejor que imitar a Costa-Gavras haciendo ver, en un nuevo montaje, que Jacques Granville / “Columbine”(Piccoli) se suicida en su casa al ser desenmascarado. Pero esto es imposible porque no hay ningún momento en que se le vea entrando en su casa sino a Jarre (Phillipe Noiret), llevando un bastón que, además,  era algo de la vida real, pues se había lesionado.  Desesperado, le pide a su jefe de montaje que inserte un plano que no ha sido rodado, donde se observa medio cuerpo de un individuo que entra al palacete de “Columbine”; la imagen se congela, se oye un disparo y... colorín colorado, aparecen los créditos finales.

Ese fue el final que se proyectó en Francia. Pero no por las razones que Truffaut –quien no vio el final que nosotros sí pudimos ver –aduce en el libro.  Lo que ocurrió fue que el gobierno de Francia no podía permitir que apareciera impune un funcionario francés que traicionara a su patria. El mismo Truffaut admite, refiriéndose al libro, que “la historia contada en Topaz ponía en escena demasiados lugares, conversaciones y personajes”. ¿Cómo lo supo Truffaut? Porque el libro circuló clandestinamente en una edición canadiense. Es decir, que “razones de estado” impidieron a Hitchcock mostrar el final que he contado – y que cualquiera de nosotros puede verificar en cualquier versión en DVD o Blue Ray – donde el espía y traidor “Columbine”/ Jacques Granville/ Michel Piccoli se va tranquilo a su “mar de la felicidad” soviética de lo más sonreído, mientras –repito – Nicole le pregunta a su marido en la escalerilla del PanAm:
 -“¿Cómo pueden permitirle escaparse así?”. Y éste le responde:
“Te lo dije, mi amor: no se le escapa una. No tienen nada contra él. De todos modos, es el fin de “Topaz”.
También hay que comprender que en el momento en que se rodó esta película, Francia había retirado sus tropas de la OTAN y se había trasladado la sede de la organización de Paris a Bruselas. El gobierno de De Gaulle quería aparecer neutral, equidistante de las dos potencias. La presencia de dos altos funcionarios franceses alineados, uno con los Estados Unidos y trabajando para ellos a espaldas de su gobierno, y el otro espiando para la Unión Soviética, era demasiado para el gobierno de la Quinta República de Francia. A Hitchcock lo tenía muy vigilado la Universal de modo de no disgustar a los franceses. Un James Bond no alineado era intolerable, lo mismo que un traidor pro soviético que se saliera con la suya.
Esto, en lo relacionado con De Gaulle y  las razones de estado, que no comparto pero entiendo.
Vayamos ahora, como dicen los españoles, “a por Truffaut".
El autor de Los 400 golpes no podía escapar de los prejuicios y estereotipos de la Francia cercana a mayo del 68. Por eso concluye su comentario sobre Topaz diciendo lapidariamente:

… “Lo hemos adivinado y comprendido, lo sabemos a pesar de las reales bellezas esparcidas –agrupadas esencialmente en el episodio cubano – Topaz no es una buena película”






Un amigo mío que visitó Francia en los años sesenta, me decía entonces socarronamente:
- “¡Francia olía a marxismo desde que llegabas!”.
Quizá sea una exageración, pero aún es proverbial la beatería de buena parte de los artistas e intelectuales franceses por las revoluciones en América Latina. Y en esos años la Revolución Cubana era intocable. Truffaut no podía digerir que una película fuera deliberadamente anticomunista, que hubiera demasiadas escenas donde se criticara la Revolución Cubana, que se viera, incluso, a policías cubanos, torturando a opositores del gobierno. Mostrar esto era algo no sólo inconcebible sino intolerable. Y esto vale no sólo para Truffaut y para Francia, sino para toda esa generación y la nuestra. Recuerdo que la primera vez que vi Topaz, en televisión, no pude llegar al final. Aquello era demasiado. "¿Cómo Hitchcock había caído tan bajo?" No llegué a decir que se había convertido en agente de  la CIA, pero sí pensé que, después de todo, de un inglés reaccionario que se había naturalizado americano y  llegado a decir que él personalmente era demócrata pero que su bolsillo era republicano, se podía esperar cualquier cosa.

En un extraño documental de archivo en colores aparece el propio Fidel Castro en Topaz, así como Raúl y el Ché Guevara.



Ha tenido que correr mucha agua, pasar muchos años y ocurrir muchos cambios en el mundo para que Topaz pudiera ser visionada de otra forma. A nivel mundial ha tenido que ocurrir el colapso de la Unión Soviética y el bloque socialista, y entre nosotros, la injerencia del gobierno de los hermanos Castro en Venezuela, la asesoría de sus militares, policías y espías y las agresiones y torturas a estudiantes venezolanos, para que esta  película de Hitchcock resultara creíble y no un capítulo de 007. Ha tenido lugar un cambio de paradigma que nos ha hecho, por lo menos a la mitad de la población, ver las cosas de otra manera. Ello ha permitido que en trabajos críticos recientes se evalúe esta cinta no sólo como una buena película de Hitchcock, sino como una de las mejores. 

Quiero destacar algunas escenas que me parecen memorables y que son a manera de citas de otros de sus mejores films:

1) La fuga de Kusénov de la embajada soviética en Copenhague con su familia desde que se intentan esconder en  la Kongelige Porcelænsfabrik (Fábrica Real de Porcelana) mientras  los agentes soviéticos les pisan los talones, es de una maestría digna de Intriga Internacional (¡justamente llamada en España Con la muerte en los talones!). Desde el momento en que su hija Tamara  deja caer adrede una de las figuras de porcelana para tener un pretexto para hablar con la empleada, pedirle prestado un teléfono desde dónde llamar a la Embajada de los Estados Unidos y hablar con Nordstrom, transcurre casi todo en silencio. Es filmada desde el punto de vista de los agentes, especialmente el que sigue a Tamara. Al salir ellos de la fábrica, entrar en  el carro de la embajada estadounidense, con el accidente de Tamara y el viaje a Washington, el punto de vista cambia y se hace objetivo (es decir el del narrador omnisciente).

2) La escena del soborno del secretario cubano Luis Uribe por parte de Rosco, observado por André Devereaux desde la acera de enfrente, también es muda. Sólo se escucha el ruido de la calle, pues la cámara muestra el punto de vista de André: Rosco y Uribe detrás de unos vidrios. Todo esto recuerda lo mejor de La ventana indiscreta

3) La secuencia en que Juanita de Córdoba es asesinada por Rico Parra es una de las más hermosas tragedias jamás filmadas. Parra no aparece como un canalla, sino como un hombre enamorado que es engañado doblemente: Juanita no sólo lo traiciona a él con André, sino a la Revolución. Él la abraza mientras le dice que todo lo que ella ha hecho lo han averiguado o lo van averiguar. Pero él no puede entregarla a los verdugos, donde “las cosas que le harán a tu cuerpo…este cuerpo”… y no termina la frase. Le dispara un tiro al corazón y ella cae al mosaico de cuadrados blancos y negros, cual reina sobre el inmenso ajedrez, mientras su falda violeta se despliega sobre el piso y ella fallece. En lugar de una wagneriana Liebestod (muerte por amor), tenemos un Mord aus Liebe (asesinato por amor). La reminiscencia  de la muerte de Kim Novak en Vértigo me resultó inevitable. Sólo que la de Topaz es mucho más conmovedora.





Además: el anticomunismo de Topaz no impide que Hitchcock vea a sus personajes con justicia y equidad. Rico Parra no es un cínico. Es un revolucionario que cree en una causa. No traiciona sino que es traicionado, a diferencia de casi todos los demás personajes del film. André traiciona a su país al actuar para los estadounidenses a espaldas de Francia. A su vez, traiciona a Nicole, quien lo traiciona con Jacques Granville, quien traiciona a su esposa y a su amigo de la Resistencia, André y sobre todo, a Francia, al espiar para la Unión Soviética. Juanita traiciona a Rico Parra y al gobierno de su país, aunque se trata de una “traición altruista”, pues ella, viuda de la Revolución, no acepta que Fidel Castro haya convertido a su país en una cárcel. Pudiendo irse de Cuba, prefiere quedarse y morir en él. También los miembros de la organización anticastrista traicionan a Juanita, si bien que bajo tortura, como Juanita dice tratando de excusarlos
Kusenov es también un traidor, no tanto porque haya desertado de la Unión Soviética, sino por sus motivaciones ulteriores: mientras toma el café de la tarde y pasea por sus jardines prestados de Washington, llega a aconsejarle a André Devereaux que haga como él, que no vacile entre su conciencia y la buena y nueva vida que los americanos le ofrecen en caso de que se le ponga la cosa fea con el gobierno de De Gaulle.
Quizá los únicos impolutos que quedan en la película sean Michele, la hija de Devereaux, y François, su esposo.



Film de espionaje, Topaz no se queda en el acontecimiento y en el suspenso, sino que muestra las penas y trabajos de sus protagonistas; sus engaños y traiciones bajo la presión de fuerzas oscuras, en este caso el poder de los estados que imponen sus presiones a los sentimientos humanos más nobles. Por eso quiero finalizar dejando la palabra de un comentarista cuya lúcida apreciación de la película me parece digna de reproducirse:

Sublime e incomprendida obra maestra de Alfred Hitchcock.
Con el rodaje de “Topaz” Hitchcock incidía de nuevo sobre la temática de la “guerra fría”. Su fracaso crítico/comercial se debió sobre todo a la coyuntura político-temporal, a unos más que discutibles argumentos extra cinematográficos y a la miopía de quienes, cegados por falsas apariencias, no supieron apreciar en tan soberbia lección de cine más que un panfleto anticomunista, lastrado por un guión, a su entender endeble, una dirección errática del maestro y un final confuso de inadecuada resolución.

Nada más lejos de la realidad. Como afirmaba Enrique Alberich, en su magnífico libro sobre Hitchcock,…”Topaz no es ningún panfleto, sino más bien un lamento, un lamento por los amores imposibles, por la felicidad nunca lograda y por el penoso sufrimiento que todo ello lleva consigo”. Hoy, “Topaz” emerge con la fuerza arrolladora de un Hitchcock que no había perdido ni un ápice de su vigor narrativo y que nos regalaba una joya incomprendida, a la que el árbol de los prejuicios no dejó ver la prodigiosa maestría técnica y la belleza formal de un bosque pleno de hallazgos de gran cine. Con un guión pura filigrana, siempre atento al detalle, -donde destaca la deslumbrante perfección del sobrecogedor episodio cubano-, el film pivota sobre dos grandes ejes: La subordinación de los sentimientos personales a la tiranía de los Estados, y el juego de engaño y traición de todos los protagonistas hacia algo o hacia alguien. La magistral dirección de Hitchcock, su soberbio trabajo con los actores, -todos impecables-, en un film sin estrellas, una precisa puesta en escena y la inspirada partitura de Maurice Jarre hacen de esta obra maestra uno de los films más complejos y brillantes de su autor
. 
Francesc Chico Jaimejuan. Barcelona, España, 2008


Esta crónica forma parte de la entrada del 19 de julio de 2014 . Dada su longitud, la publicamos aparte para no cansar al eventual lector.




lunes, 7 de diciembre de 2015

UNA INVESTIGACIÓN CUALITATIVA





Mi habitual caminata mañanera. Las calles del centro-norte solas. Después de detenerme en la misa en la iglesia de La Merced, al lado del Ministerio de Educación y buscar un olvidado frasco de metformina, me desayuno en una cafetería enfrente de la iglesia. Parroquianos, empleados del Ministerio del Trabajo. Abogados que ofrecen sus servicios. Esta vez escasos. Un desconocido repite los clichés. Guerra económica. El Pelucón. Te van a quitar la pensión. El señor Oliveira, un portugués encargado del negocio, que me despacha siempre el café (llevo mis propios sandwichs, por la dieta) me mira y me pregunta:

- "Entonces, doctor, ¿cómo se siente?".
- "Estoy contento", le respondo. Hace un gesto de aprobación. 
- "Así es, doctor. Mire la gente. Está contenta. Esto tenía que pasar"

De regreso, en el cruce de la Avenida Baralt con Balconcito, una esquina peligrosa donde se ceban todas las agresividades de automovilistas y motorizados, esta vez no hay casi vehículos. Veo venir un carro con las luces encendidas. Le hago una seña. Las apaga y al pasar hace un gesto con la mano para darme las gracias. El hombre sonríe. 
-"Está contento", pienso.

Ya llegando a mi casa voy a la panadería que queda enfrente, donde me atiende Arnold, un haitiano que reabrió el local hace poco. Yo siempre inicio el diálogo en mi precario francés, no por petulancia sino por practicar y porque sé que a él le gusta:

- "Bonjour, monsieur Arnold. Avez-vous de pains?"
- "Oui, oui"
- "Donnez-moi, s'il vous plaît, deux baguettes".

(El diálogo continúa en español, aunque a mí me hubiera encantado seguir practicando)

- "¿Cómo se siente, profesor?" 

Otro que se preocupa por mi estado de ánimo. Le respondo igual que al portugués:

- "Yo estoy muy contento"

Se queda pensativo, con los brazos cruzados sobre el mostrador. Luego me dice en voz algo más baja y acercándose un poco:
- "Es que no se puede maltratar a la gente". "No se pueden maltratar así a los seres humanos y seguir así tan tranquilo. Yo me pregunto qué va a hacer ahora Diosdado, cuando tenga que oír desde abajo todo lo que le digan, después de haber mandado a callar a los que no eran de su partido, golpear diputados, mandarle a pegar a una mujer y reírse"

Asiento con el gesto y le digo: 
"Le llegó la justicia"

Me responde, mirando hacia arriba y señalando con el dedo:
"Pero la justicia divina"


Una investigación cualitativa. Porque la cuantitativa fue ayer.


martes, 29 de septiembre de 2015

VENEZUELA EN LA INVENCIÓN DE MOREL





A través de un diario personal nos enteramos de la fuga de un  perseguido político condenado a cadena perpetua y su arribo a una isla desierta del archipiélago de las Islas  Ellice, en el Pacífico, que él supone la isla de Villings, en cuya colina se encuentran un museo, una capilla y una piscina. El museo es un abandonado edificio fuertemente iluminado con energía eléctrica, sin que pueda discernir la fuente de la energía. Después de varios meses ocupando el museo, se queda dormido y lo despierta el sonido de un gramófono y gritos humanos sin que haya visto llegar ningún barco, avión o dirigible. Sin embargo descubre como los pajonales de la colina se llenan de los vacacionistas, quienes ocuparon el museo y en ese momento bailan melodías anticuadas, se pasean y se bañan en la piscina. Visten ropas de una o dos décadas atrás, es decir, ya pasada de moda, y la intensidad de la música es tal que le impide dormir en su escondite. Temeroso de ser descubierto y denunciado a la policía se retira del museo para esconderse en los barrancos de la isla, desde donde observa a los vacacionistas que constantemente bailan, pasean o se bañan en la piscina. Su vida en los bajos de la isla es peligrosa dadas las mareas que suelen adelantarse.

Todas las tardes una mujer del grupo de veraneantes contempla las puestas de sol en la playa desde el acantilado occidental de la isla. El fugitivo primero la espía pero al final se enamora de ella. El jefe y organizador del grupo de vacacionistas y aparente dueño del museo es un sujeto de apellido Morel, quien conversa en francés con la mujer, a quien llama Faustine. El fugitivo decide abordar a la mujer, obsequiarle flores silvestres y hasta disculparse con ella pero ella no parece tomarlo en cuenta, lo que él interpreta como indiferencia o desprecio. Morel tampoco parece percatarse de su presencia, al igual que los otros vacacionistas, quienes se bañan en la abandonada piscina sin darle importancia a las plantas podridas y desechos que se han acumulado en ella, así como a las víboras, los sapos, escuerzos e insectos acuáticos que la ocupan por estar construida en un nivel a ras del suelo.
Poco a poco el fugitivo nota que la conversación entre Morel y Faustine parece repetirse una y otra vez, sin que ninguno de muestras de cansancio. Además, los veraneantes bailan la misma música bajo cualquier condición meteorológica, incluso bajo un torrencial aguacero.
Súbitamente los vacacionistas desaparecen sin dejar rastro. El fugitivo, cuyo nombre desconocemos, por ser el narrador anónimo del diario, vuelve a instalarse en el museo, donde no encuentra evidencia de la anterior presencia de los veraneantes ni de ninguna otra visita humana, lo que le hace pensar que ha estado alucinando. 

Los vacacionistas reaparecen y el fugitivo se esconde de nuevo, evitando ser visto por ellos, no sin dejar de notar con extrañeza que se comportan de modo inadecuado, como hacer ejercicios en la piscina para entrar en calor, cuando hace un calor insoportable. Asimismo, repara en que hay dos soles y dos lunas, y que un libro sobre balística que él había sustraído de la biblioteca está de nuevo en ella sin que su ejemplar desaparezca. Muchas cosas están duplicadas.

Esa noche Morel convoca a todos los vacacionistas para hacer una declaración, en la cual les hace saber que todo el tiempo han sido fotografiados con una máquina de su invención que tiene la propiedad de grabar no sólo las imágenes sino también sus olores, sonidos, texturas y posiblemente sus almas, permitiéndole reproducir perpetuamente esa semana con ellos. Algunos de los vacacionistas reclaman indignados que se les haya grabado sin su permiso y otros, llegando más lejos, lo acusan de ser responsable de sus muertes al haber mencionado sus primerizos ensayos y haber hablado de capturar su alma. Morel se molesta y se retira de la reunión dejando sus notas en el escritorio. Concluida la misma, el fugitivo se apropia de las notas y por ellas se entera del proyecto completo: en el plan original Morel piensa ser grabado también con “la mujer que ama” (que el fugitivo supone Faustine) para estar con ella por la eternidad. También explica cómo obtiene el suministro de energía eléctrica por medio de unas plantas que se alimentan con las mareas. Asimismo se da cuenta de que todo lo que él observa ha sido duplicado por la invención de Morel: los dos soles y las dos lunas aparecen cuando la realidad se superpone con la grabación: uno de los soles es real, el otro la grabación. El mismo museo, al cual penetró a través de un agujero que él mismo abrió en la pared está duplicado… y el grabado no se puede destruir.


El final de esta historia, estimado lector, no obstante, no te lo voy a contar para no arruinarte el empeño que le pongas a tu segura lectura de esta novela (“to spoil” significa eso: arruinar). Aquí no hago más que seguir el ejemplo y el consejo de su prologuista, Jorge Luis Borges, quien se prohibió a sí mismo la revelación de los detalles del argumento. Creo que te cuento sólo lo necesario para intrigarte e interesarte en la lectura del original, que, por cierto, está en Internet. Sólo añado que éste no es más que un sucinto resumen de la trama de la novela La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares.
Esta novela ha sido considerada una de las más logradas narraciones del género del género de literatura fantástica, calificada como novela de aventuras, de ciencia ficción, como objeto artificial, realización creadora de lo irreal y simultánea e igualmente imaginativa desrealización de lo real. Borges llega a decir de ella en el prólogo:
No me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.

¿Y VENEZUELA?
Bioy Casares fue un notable escritor argentino, cuyo nombre está unido indisolublemente en la memoria colectiva y en la Historia al de Jorge Luis Borges, de quien fue gran amigo y con quien compartió varios escritos a cuatro manos ( y hasta a seis, con Silvina Ocampo). No he podido hallar en las reseñas que he revisado ninguna mención de algún viaje suyo a nuestro país, especialmente en la época en que escribió La invención, cuando contaba 23 años. Tampoco si hubo alguna persona allegada, alguna amistad venezolana o algún familiar. De modo que me he quedado con la hipótesis de fuentes indirectas como la prensa, lecturas, conversaciones en los finales de los años treinta, poco antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial. Mi encuentro con la novela fue bastante tardío y me llegó por el cine. Pertenezco a una generación de cinéfilos que se partió la cabeza en los años sesenta en el inútil empeño de entender el argumento de El Año Pasado en Marienbad, de Alain Resnais, con guión suyo y de Alain Robbe-Grillet.


Descifrar su supuesta simbología, aprender el Nim (un juego con cartas o palillos donde el aparente marido de la protagonista derrota una y otra vez al galán del film) se convirtió en una moda, una tortura o un placer, según el caso. En una entrevista que le hicieron a Robbe-Grillet pude releer:
-Hay quienes han visto en el film una influencia no declarada de La invención de Morel, de Bioy Casares.
-Es curioso: esa opinión fue formulada por primera vez por Jacques Rivette, que después hizo
Céline et Julie vont en bateau (1974), un film fuertemente influenciado por La invención de Morel. Es cierto que yo la había leído, y también que fui uno de los primeros que habló de ella en Francia, en un artículo para Critique, antes de Marienbad. La conocía, pero la releí después y no vi ninguna relación. Sigo sin verla. Lo que me gustó de la novela era un tipo de comportamiento de los personajes que ya estaba en obras anteriores, y sí es muy curioso que en el momento en que el personaje de la primera historia reaparece por primera vez, Bioy Casares hable de "gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes instalados de hace tiempo en Los Teques o en Marienbad".

Claro, como no estaba prevenido pues no había leído entonces la novela de Bioy Casares, no terminaba de entender si se trataba de una errata  o qué demonios hacía en esa entrevista el nombre de Los Teques. Una vez que me decidí a leerla, me di cuenta, como es notorio, que desde el comienzo aparecen frases claramente alusivas a nuestro país:

los pajonales de la colina se han cubierto de gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes instalados desde hace tiempo en Los Teques o en Marienbad...

… se apagaron los ruidos, como en un ambiente de nieve, como en las frías alturas de Venezuela.
Mi impuntualidad me exaspera. ¡Pensar que en esa corte de los vicios llamada el mundo civilizado, en Caracas, fue un trabajoso adorno, una de mis características más personales...

...El tipo de ambos corresponde al ideal que siempre buscan los organizadores de largas series de tarjetas postales indecentes... Hasta creo haberlos visto en las mejores colecciones del Pórtico Amarillo, en Caracas...

...Recapitulé mi vida. La infancia, poco estimulante, con las tardes en el Paseo del Paraíso...

la llegada de la policía a mi cuarto de la pensión hedionda y rosada, en Oeste 11, frente a [la iglesia de] la Pastora...
[esta precisa cita la verifiqué tanto con el mapa de Google como caminando por la misma avenida Oeste 11, F.P.]

...Salieron entonces caballeros y criados con sillas de paja, que pusieron a la sombra de un árbol del pan, grande y enfermo (he visto algunos ejemplares menos desarrollados en una vieja quinta, en Los Teques)...

...Uno teme que todo sea un chantaje para vender una lapicera labrada con Bolívar–1783–1830
Es lamentable que Morel haya escondido en esta isla su invento. Tal vez me equivoque; tal vez Morel sea un personaje famoso. Si no, como premio por comunicar el invento, yo podría alcanzar el indebido indulto de mis perseguidores. Pero si Morel no lo comunicó, lo habrá hecho alguno de sus amigos. Con todo, es extraño que no se hablara de esto cuando salí de Caracas...

...Cuando empezara a ser un charlatán famoso —antes de ser un inventor famoso— vendrían las acusaciones de Morel y, tal vez, una orden de arresto, desde Caracas...

...En el Nuevo Diario [periódico de la época de Juan Vicente Gómez] leí la carta encontrada en el submarino...

Por último, esta larga, pero necesaria cita textual:

...Por desgracia, no todas mis cavilaciones son tan útiles: hay —solamente en la imaginación, para inquietarme— la esperanza…de que toda mi enfermedad sea una vigorosa autosugestión; que las máquinas no hagan daño; que Faustine viva, y dentro de poco yo salga a buscarla; que nos riamos juntos de estas falsas vísperas de la muerte; que lleguemos a Venezuela; a otra Venezuela, porque para mí tú eres, Patria, los señores del gobierno, las milicias con uniforme de alquiler y mortal puntería, la persecución unánime en la autopista a La Guayra, en los túneles, en la fábrica de papel de Maracay; sin embargo, te quiero, y desde mi disolución muchas veces te saludo: eres también los tiempos de El Cojo Ilustrado: un grupo de hombres (y yo, un chico, atónito, respetuoso) gritados por Orduño, de ocho a nueve de la mañana, mejorados por los versos de Orduño, desde el Panteón hasta el café de la Roca Tarpeya, en el 10, abierto y deshecho tranvía, fervorosa escuela literaria. Eres el pan cazabe, grande como un escudo y libre de insectos. Eres la inundación en los llanos, con toros, yeguas, tigres, arrastrados urgentemente por las aguas. Y tú, Elisa, entre lavanderos chinos, en cada recuerdo pareciéndote más a Faustine; les dijiste que me llevaran a Colombia y atravesamos el páramo cuando estaba bravo; los chinos me cubrieron con hojas ardientes y peludas de frailejón, para que no muriera de frío; mientras mire a Faustine, no te olvidaré, ¡y yo creí que no te quería! Y la Declaración de la Independencia que nos leía todos los 5 de julio, en la sala elíptica del Capitolio, el imperioso Valentín Gómez, mientras nosotros —Orduño y los discípulos— para desairarlo, reverenciábamos el arte en el cuadro de Tito Salas "El general Bolívar atraviesa la frontera de Colombia"; sin embargo confieso que después, cuando la banda tocaba Gloria al bravo pueblo / (que el yugo lanzó / la ley respetando / la virtud y honor), no podíamos reprimir la emoción patriótica, la emoción que ahora no reprimo...



De modo que la presencia de Venezuela o de lo venezolano es indubitable: el fugitivo es un escritor venezolano perseguido por el gobierno venezolano y quien, aunque se encuentra en una isla desierta en el archipiélago de las islas Ellice (actualmente Tuvalu) constantemente menciona a su país, a la cual llama patria.

La siguiente pregunta es: ¿qué importancia tiene esta circunstancia? La presencia o mención de Venezuela, o la nacionalidad del protagonista, ¿es un hecho relevante?
Recuerdo que una vez nos contaba Aquiles Nazoa que cuando estrenaron en Caracas  El Ciudadano Kane la gente hacía largas colas para verla porque Orson Welles hace en ella un chiste a costas del presidente de  Venezuela, que entonces era  el general Eleazar López Contreras, aunque muchos no entendían la película. 
¿No habrá entonces un elemento provinciano, quizá un tanto patriotero, en estas consideraciones mías, de las que habría que deslastrarse?

El pasado año José Balza se hizo eco de un artículo publicado el 19 de enero de 1941 en el diario El Universal de Caracas,  donde se afirma:

 “a los efectos de la narración, lo mismo habría podido ser la nacionalidad de nuestro héroe argentina o mexicana”. Balza se hizo solidario del articulista al afirmar: En efecto, esa novela no posee nacionalidad y su protagonista menos. (Balza no menciona el nombre del articulista)

Eppur si muove: y sin embargo…
Al comparar las fechas de la escritura y publicación de la novela con el acontecer nacional e internacional, no puedo dejar de hacer ciertas conjeturas y consideraciones:
Si bien es cierto que la novela se publica en 1940, a los 26 del autor, Bioy Casares comienza a escribir La invención de Morel a los 23 años, es decir, en 1937. Si admitimos que es cierta la hipótesis de que “a los efectos de la narración, lo mismo habría podido ser la nacionalidad de nuestro héroe argentina o mexicana”, podríamos afirmar que ese año

1.    De haber sido el protagonista español, hubiera sido un perseguido por el ejército nacionalista (en la España donde triunfaba Franco) o por los comunistas o los anarquistas o los socialistas (en el frente republicano).
2.    De haber sido comunista, gitano, polaco, checoslovaco o judío, en la Alemania de Hitler, hubiera sido perseguido por la Gestapo o por las SS.
3.    Si hubiera nacido en territorio soviético, seguramente lo hubieran condenado y perseguido por trotskista o por ser un elemento peligroso, enemigo del pueblo.
4.    Si, por el contrario, hubiera sido italiano, el paisano de Calcuta habría sido antifascista y al héroe lo habría encarcelado y perseguido el régimen de Mussolini.

Y así sucesivamente. Pero en la novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel, la nacionalidad del prófugo, del enamorado de Faustina, del rival de Morel, del escritor y memorialista es indefectiblemente venezolana. Y el autor, quien estaba informado de la situación de nuestro país para 1937, cuando recién había muerto Gómez y se iniciaba un prometedor pero aún incierto cambio (del cual a lo mejor no estaba enterado) quiso dar fe en esta extraordinaria novela de misterio, de la situación de persecución en que se encontraban los intelectuales y opositores al régimen militar. El mismo José Balza, quien le había dado la razón al articulista de El Universal, no puede menos que admitir:

Venezuela, como su Patria, es mencionada tres veces, Caracas cinco. Y la decisión del joven Bioy de concebirlo como un perseguido y hacerlo exilar desde esta ciudad, justo cuando en 1937 la reciente muerte del dictador venezolano debió ser noticia fresca en América, no puede ser ignorada: la cruel fama del tirano bien podía justificar un personaje que escapa para salvarse. Es cierto, entonces, para la Venezuela de aquel momento La invención de Morel en nada se relaciona con el criollismo de Gallegos, pero su vínculo es más profundo: es el de la injusticia, la persecución y la muerte, habituales procederes políticos de aquellas décadas y que, cíclicamente, parecen haber vuelto ahora a nuestro país.


Aunque La invención de Morel no es una novela política ni costumbrista tampoco es políticamente neutral o aséptica. Denuncia claramente la persecución de las libertades ciudadanas por un régimen militar dictatorial y escoge a Venezuela por algún motivo, que no creo difícil de adivinar.
Este es un valor adicional a su novela, que nos da a nosotros un motivo más para emprender la grata tarea de su lectura.




N.B. Con la excepción de la portada de la primera edición de La invención de Morel y de los generales Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras, las fotografías corresponden a las películas El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961)  L'invention de Morel (Claude-Jean Bonnardot.1967) y L'Invenzione di Morel (Emidio Greco 1974)



                                                        REFERENCIAS


Adolfo Bioy Casares. La invención de Morel. pdf
Balza, José. Todos los tiempos el tiempo (Bioy, Paz, Cortázar). El Nacional. Papel Literario. 7 de diciembre 2014
Thomas C. Meehan. Preocupación metafísica y creación en La invención de Morel por Adolfo Bioy Casares . University of Illinois at Urbana-Champaign. Publicado en pdf por Centro Virtual Cervantes.

Fernando Martín Peña. El año pasado en Marienbad. Entrevista con Alain Robbe-Grillet. Publicado por Marco Antonio Moreno en 21: 26
Wikipedia. Artículo La invención de Morel.

José Miguel García de Fórmica-Corsi. Retorno apasionado a la isla de Morel. En: La mano del extranjero. Blog sobre ficciones del cine, la literatura y el cómic. 23-03-2013 ver: https://lamanodelextranjero.wordpress.com/2013/03/23/retorno-apasionado-a-la-isla-de-morel/

domingo, 27 de septiembre de 2015

UN RETAZO PARA LILIA




Recién graduada de médico, a mi tía Ligia se le ocurrió la peregrina idea de
casarse con un marabino e irse a vivir allá. Todavía faltaba mucho para que se construyera el Puente sobre el Lago y del Zulia nos llegaban esporádicas noticias. En Caracas se conocía muy poco la gaita y tengo la impresión de que los caraqueños hablábamos con un acento más uniforme y marcado, no desfigurado por la influencia de la televisión, inevitablemente en blanco y negro.
Mi primera visita a Maracaibo no tuvo un comienzo muy afortunado. Un desmayo (lipotimia, en el argot médico) debido al excesivo calor, me obligó a levantarme con cuidado de la mano de la señora Rosalía, madre del esposo de Ligia, en una casa situada en una calle al sur de Bella Vista, cerca de una bomba de gasolina que aún llaman "de los Quintero". Tendría entre 12 o 13 años y no conocía a nadie. Luego encontré a tres familiares políticos de mi edad, con quienes salí a la calle y recorrí la ciudad. A pesar del tiempo que ha corrido, recuerdo que vimos la penúltima película de Chaplin, Un rey en Nueva York.
Desde entonces mis visitas a Maracaibo se hicieron consuetudinarias. No había vacaciones que no se convirtieran en pretexto para visitarla. Ligia se mudó a la quinta Marialba en Las Mercedes.

Hay que decirlo todo: no me había ido muy bien ese año 1958 con algunas materias cursadas en el Colegio La Salle de Tienda Honda, en Caracas. En agosto del 59 me quedé para tomar unas clases particulares con el profesor Kugler, quien tenía en su oficina la delicia de un aparato de aire acondicionado cuyo olor a limpio no he podido olvidar (me ocurría lo mismo con la desaparecida Sears Roebuck en Caracas y me sigue pasando en el Aula Magna de la UCV).
Bueno, en esas clases conocí a quienes fueron desde entonces mis amigos maracuchos de siempre, con quienes compartí ese año que me quedé estudiando allá y con quienes cultivé una inimitable amistad hasta que el desgaste de los años, los diferentes caminos y la muerte de alguno de ellos nos fue separando y dejándolos petrificados en mi memoria a la edad en que los conocí.




Los viajes semestrales se hicieron anuales y progresivamente cada vez más espaciados. Ligia se había casado de nuevo y había empezado a especializarse en psiquiatría. Yo terminaba la secundaria, luego cursaba la carrera médica y seguía sus pasos en la misma especialidad. Finalmente mis viajes al Zulia se distanciaron hasta limitarse a los congresos de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría o al sepelio de los primos que murieron prematuramente, del tío político y por último de la misma Ligia.
Conocía a algunos de los psiquiatras compañeros suyos, especialmente los que cursaron el primer postgrado de esa especialidad de la Universidad del Zulia, así como al director de ese curso, Ramón Ávila Girón, quien visitaba a Ligia y a su segundo esposo.
Hacía yo el Internado Rotatorio en el Hospital Vargas, pero ya tenía decidido el camino a seguir en la psiquiatría. Por ello asistí al II Congreso Venezolano de esa especialidad en la ciudad de Valencia. Ligia participaba ya como especialista y con ella se encontraban algunos residentes de postgrado, aún en formación.  Una pareja muy compenetrada destacaba en esa cohorte: eran Eligio Nucette y Lilia Meléndez, quienes participaban con interés en las tareas del congreso y
disfrutaban de las actividades extra-congreso. Los recuerdo divertidos y cordiales, departiendo con los que estábamos en una discoteca de Valencia, después de terminado un día de las sesiones. 


Eligio me recordaba que una vez que vinieron a Caracas a visitar a Ligia coincidieron con Aquiles Nazoa y Balbino Blanco Sánchez, quienes se encontraban en mi casa de la parroquia Altagracia en una de esas reuniones que inventábamos con cualquier pretexto.

Después nos seguimos encontrando en congresos y jornadas, participando en foros, simposios y mesas redondas. Lilia nos tiene acostumbrados a su presencia en estos menesteres con su  disciplina  y su capacidad de trabajo intelectual y de producción en su numerosa bibliografía de la especialidad psiquiátrica.
Por eso me sorprendí cuando me hizo llegar esta colección de relatos y cuentos. No conocía esa faceta suya. Leyendo el currículo que precede este Itinerario, me enteré de que había publicado algunos cuentos en la prensa zuliana.
Es muy fácil simplificar las cosas y decir que la producción científica de la doctora Nucette es una cosa y estos relatos de Lilia Meléndez son otra. Las dos caras de la moneda. Persona y Sombra. Hemisferio izquierdo y derecho. O usando el símil de las tiras cómicas, que tanto le gustan a ella, Superman y Clark Kent, Batman y Bruno Díaz. Una disociación, en este caso feliz. Quienes no la conocen podrían hacer esa conclusión precipitada.
Pero nada más lejano de la realidad que esta dicotomía. Quienes la conocemos, aunque sea de lejitos, como en mi caso, no podemos haber dejado de percibir la pasión, el compromiso personal de su obra profesional. Y por otra parte, entrever la inteligente ironía, la distancia cordial que establece la narradora de este Itinerario con su relato, su paisaje y sus personajes. Lo que cambia es el punto de vista: allá la necesaria objetividad para que se trate de un discurso comunicable y compartible (o discutible) por una comunidad científica. Aquí es el sujeto quien muestra a través de su transparencia como existente, su entorno, su paisaje, su situación.

Por ello, cuando me honró con su invitación a escribir este prólogo,  le pedí que me permitiera expresarme con la mayor libertad posible en un proemio que, más que un análisis del libro, fuera una invitación o más bien incitación a zambullirse en la experiencia de su lectura, desde la perspectiva del lector lúdico que soy, con la carga expresa de subjetividad que esta condición conlleva. Si leer es reescribir, como aquel Pierre Menard de Borges proponía, la lectura de su Itinerario despertó en mí una serie de evocaciones y asociaciones ligadas a mi temprana adolescencia que inevitablemente se convirtieron en un texto que  fue tomando espontáneamente la forma de crónica, de narración.

Este es mi relato, esta mi invitación.

Eligio Nucette, Nelson Cárdenas, Lilia Meléndez, Ligia Padilla y Tomás Godoy

El presente texto, con algunas modificaciones,  es el prólogo del libro Itinerario (Relatos) de Lilia Meléndez de Nucette. Maracaibo. Ediciones Astro Data S.A, 2015

sábado, 25 de julio de 2015

NECESIDAD DE UN SABER NO ACUMULATIVO EN PSIQUIATRÍA

El presente texto corresponde a la Conferencia Magistral "Jesús Mata de Gregorio" que tuve el honor de dictar en el Acto de Instalación del XXIV Congreso Venezolano de Psiquiatría "Dra. Nancy Montero"-"Dr. Robert Lespinasse Z", realizado en Caracas  los días  13, 14 y 15 de noviembre de 2014 en el Hotel Renaissance. Dicha conferencia fue publicada por la revista Archivos Venezolanos de Psiquiatría y Neurología, julio-diciembre 2014, vol. 60 N° 123. Con la autorización de la Junta Directiva reproduzco en este blog, con algunas correcciones y modificaciones, el texto leído en la noche del 13 de diciembre pensando que su contenido puede ser de interés para otros lectores no necesariamente especializados en psiquiatría.






Viejas preguntas en los comienzos de una nueva era de la psiquiatría.

Estimados miembros de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría
Señoras y señores
La decisión, por parte de la Junta Directiva de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría de nombrarme orador de orden en la Conferencia Magistral “Doctor Jesús Mata de Gregorio” representa un gran honor y un inmenso compromiso. Un gran honor, por llevar el nombre de quien fuera una figura egregia de la Psiquiatría Venezolana y Latinoamericana, así como de la Educación Psiquiátrica. Un inmenso compromiso, por haberme precedido en esta conferencia colegas que han dejado su impronta por la calidad de sus disertaciones y el testimonio de su trayectoria.  A la Directiva sólo me queda agradecerles la distinción.
He pensado que la conferencia podría llamarse algo así como “Viejas preguntas en los comienzos de una nueva era de la psiquiatría”;  pero quizá sería más acertado decir “Problemas perennes” o “Preguntas eternas”, recordando aquella distinción entre dos tipos de saberes: un saber acumulativo, donde entra todo el conocimiento científico que toma en cuenta lo adquirido anteriormente para superarlo  o refutarlo, y otro no acumulativo, llamado así por el Profesor Segundo Serrano Poncela en su obra La cultura occidental. Este tipo de conocimiento humanístico no es refutado por nuevas adquisiciones y  en cada obra se parte de cero, pues el pensamiento de cada uno prevalece a lo largo del tiempo. Por ejemplo, podemos sentirnos contemporáneos de la Ética de Aristóteles, pero no de la malarioterapia de Julius Wagner von Jauregg, a pesar de que ésta es mucho más reciente.
Viktor Frankl acuñó la expresión Problemas metaclínicos para referirse a los que el clínico enfrenta en su ejercicio profesional y que plantean preguntas dentro de  ese saber no acumulativo. Son problemas que están siempre detrás o más allá de los clínicos, de modo explícito o no, y son los siguientes: el problema de la relación alma / cuerpo; el problema del libre albedrío o de la libre voluntad, y el problema de la mortalidad.


I. El problema alma /cuerpo (o mente/cuerpo, o psicosomático, o psicofísico).

Las palabras “alma” y “cuerpo” no siempre han tenido la misma connotación. “Alma” y “anímico” son usadas preferentemente en contextos religiosos. En los círculos psicológicos y biológicos se utiliza “psique” y “psíquico” y más reciente aún “mente” y “mental”, no siendo intercambiables sin más. Por ejemplo, “alma” (anima) para un pueblo primitivo es el principio que lo anima, que le da vida, mientras que “mente”, para nosotros, puede sólo tener un significado fenoménico de lo que se refiere al pensamiento, la percepción, las emociones, etc.
Las posiciones sobre las relaciones entre estas dos categorías pueden resumirse en dos grupos:
1.       Monistas. Hay una sola sustancia. Generalmente son reduccionistas. Puede ser:
Materialistas: todo es materia. Teoría de la identidad (Demócrito).
Espiritualistas: todo es espíritu o idea (Hegel, Berkeley)
Neutral: hay una única sustancia (por ejemplo, Dios) de la cual solo conocemos dos atributos (materia y espíritu). Entonces cuerpo y mente son dos aspectos de una misma cosa (Spinoza)
De las posiciones monistas, prácticamente hoy todas son materialistas. Para muestra, basta esta frase de Antonio Damasio: “Los estados mentales y los estados cerebrales son esencialmente equivalentes”. El autor se apresura a atenuar esta afirmación al decir que su aserción es “una hipótesis”, pero en todo caso es una hipótesis monista-materialista.
2.       Dualistas. Hay dos sustancias diferentes. Las relaciones entre ellas históricamente se han considerado como de:
Acción recíproca: el cuerpo ejerce acciones causales sobre el alma y viceversa
Paralelismo: los procesos psíquicos son “paralelos” a los procesos físicos. Hay correspondencia entre ambos, sin que haya entre ellos relación de causalidad propiamente dicha.
Ocasionalismo: en cada ocasión en que se produce un movimiento anímico, Dios interviene para provocar el correspondiente movimiento en el cuerpo, y viceversa.

El problema alma / cuerpo, tal como se plantea hoy, es en realidad postcartesiano. Pero desde los griegos no ha dejado de discutirse:
Platón defendió en el Fedón un dualismo radical. El alma era para él una realidad inmortal que esperaba liberarse del cuerpo para retornar a su origen divino.
Las doctrinas de Aristóteles sobre el alma son bastante complejas, pero para los efectos de esta relación, quisiera destacar su hilemorfismo (del griego ὕλη, materia, μορφή, forma), anterior a la cuestión del alma, pues aparece ya en su Física. “Materia” es todo aquello con lo que está hecho algo [“La materia está dentro de las cosas relativas a algo”. Physica II, 2. 194 b]. Este ser “aquello con lo que está hecho algo” puede coincidir o no con lo que nuestros físicos consideran materia. Puede ser el mármol con que está hecha una estatua o las palabras con que está hecha una tragedia de Esquilo. “Forma”, para Aristóteles, en un principio era un concepto geométrico: la que el escultor da a la estatua. Pero luego se amplió su sentido y la definió como “aquello que hace que la cosa sea lo que es”, aquello que reúne los elementos materiales y los hace entrar en un conjunto, les confiere unidad y sentido. La forma no es, pues, material, es lo que hace que la materia se organice y sea lo que es. Dar forma es in-formar. De allí viene la palabra “informática”.
Santo Tomás de Aquino, al tratar el tema del alma, llega a equipararla con la idea de “forma”: lo que es la “forma” para la “materia”, es el alma para el cuerpo. Es decir, el alma es la forma del cuerpo. Aquino no admite el dualismo psicofísico de Platón, sino que se acoge a la doctrina aristotélica de la unidad psicofísica del ser humano. El alma humana es la forma del cuerpo por la cual este cuerpo se hace cuerpo humano: tener un alma humana significa, pues, para el cuerpo humano, lo mismo que significa para la materia de ese cuerpo estar realizada, es decir actualizada, organizada justamente como cuerpo humano. El cuerpo, por otra parte, influye en todos los fenómenos psíquicos, aun en aquellos que de por sí no precisan un instrumento físico. La psique, como principio formativo, está entera en el cuerpo entero, y constituye el acto de este cuerpo. La psique es, para Santo Tomás, "entera", una unidad. 
Esa unidad no es del tipo de la homogeneidad amorfa, sino que se trata para él de una "unitas multiplex", o una unidad estructurada.
En relación al problema alma / cuerpo, ni Aristóteles ni Santo Tomás son dualistas en el sentido que después introdujo Descartes. Pero tampoco monistas. Podría hablarse de un dualismo moderado, pues no puede existir materia no informada ni tampoco una forma inmaterial, por lo menos en el Reino de este Mundo. En lo que se refiere al ser humano no hay lugar para la preexistencia de las almas ni para su transmigración. Ese concepto va a ser revisitado en el siglo XX por Claude Tresmontant, quien va a decir en su libro Ciencias del universo y problemas metafísicos:
"...el cerebro no es únicamente materia, no es sólo lo que la física actual denomina materia, sino que es materia informada, o sea que esencialmente es información.  Un cerebro vivo es un cerebro informado: catorce mil millones de neuronas con sus sinapsis y sus programaciones inscritas en el paleocórtex...”
Y para criticar las posiciones materialistas, continúa:
 “Decir que el cerebro vivo explica la existencia del pensamiento equivale a decir que el cerebro pensante explica la existencia del pensamiento”, lo que constituye una petición de principio...”Lo que hace que un cerebro esté vivo no es, pues, la materia integrada, sino la [in]formación que integra..." (Tresmontant, 155.Los subrayados son míos FP)
Para Viktor Frankl el ser humano es unidad a pesar de la multiplicidad, pues existe una unidad antropológica a pesar de las diferencias entre varios modos de existencia. La característica de la existencia humana es la coexistencia entre el modo de ser humano único y las variadas maneras de ser de las que participa. En el existir humano no conviene el monismo ni el dualismo cartesiano. Frankl se vale de la analogía a través de figuras geométricas para ilustrar lo que él llama “ontología dimensional”, en la cual propone dos leyes:
.
PRIMERA LEY: Si se proyecta un objeto desde su propia dimensión a dimensiones inferiores, aparecerán figuras contradictorias.
Por ejemplo, si se proyecta un vaso (geométricamente un cilindro del espacio tridimensional) simultáneamente al plano de la base (horizontal) y a un plano lateral (vertical) se observará un círculo en el plano horizontal y un rectángulo en el plano vertical.



Además (Figura 2se proyectará una contradicción en el plano vertical, pues el vaso es abierto mientras que tanto el rectángulo como el círculo son cerrados.
¿Cómo aplicamos esto al ser humano? Si consideramos estas figuras como una analogía de lo que venimos tratando, veríamos, por ejemplo,  el plano horizontal como las conclusiones de la biología y el vertical las de la psicología (o a la inversa, es una convención). Si nos ceñimos solamente a esa proyección, habrá una flagrante contradicción, pues la proyección al plano biológico mostrará sólo fenómenos somáticos, mientras que la proyección al plano psicológico dará fenómenos psíquicos. Para la ontología dimensional esta contradicción no  se opone a la unidad humana, siempre y cuando los datos de cada campo de investigación se mantengan dentro de sus límites, los investigadores recuerden que se trata de un corte, un enfoque científico, limitado por el método mismo, que no pretende erigirse en la totalidad.
El problema surge cuando se toma la parte por el todo, que es en lo que consiste el reduccionismo propiamente dichoA los reduccionistas (los que toman su visión por el todo) se les escapa el ser humano en su totalidad espiritual o, si se prefiere,  personal.  En el caso del reduccionismo biológico o biologicismo se parte de la idea de que el ser humano puede explicarse por mecanismos exclusivamente biológicos.  Pero hay también un reduccionismo psicológico o psicologismo, un reduccionismo sociológico o sociologismo, uno económico o economicismo y así sucesivamente.





SEGUNDA LEY: Si se proyectan  diversos objetos desde su propia dimensión a una sola dimensión inferior, se observarán figuras no diferentes sino polivalentes. Por ejemplo, si se proyecta un cilindro, un cono y una esfera tridimensionales al espacio bidimensional de la base, se observarán tres círculos. Si las proyecciones fueran sombras, no podríamos saber cuál corresponde al cilindro, cuál al cono y cuál a la esfera.
La proyección sobre un plano horizontal de un cilindro, un cono y una esfera de igual diámetro produce, pues, tres círculos idénticos.  Si las sombras circulares se toman, por ejemplo, como analogía de trazados electroencefalográficos patológicos, tendríamos que concluir en  que Julio César, Dostoievski y el general José Antonio Páez (o un paciente cualquiera de la consulta con igual trazado), eran “nada más que” epilépticos. O si se tratara de manifestaciones clínicas psiquiátricas, Reverón era “nada más que” un esquizofrénico, al igual que Juana De Arco o Santa Bernardette Soubirous. La visión reduccionista uniformiza y nihiliza.  Al utilizar explícita o tácitamente la expresión "nada más que...", se elimina todo lo que de único u original hay en el ser humano. Para Frankl el nihilismo de hoy es el reduccionismo y no el existencialismo, pues lo que Sartre llama Nada, no es tal sino la “no-ser-cosa”. En cambio, cuando J. B. S. Haldane afirmaba que "en su nivel más simple, la vida es nada más que un patrón de reacciones químicas que se autoperpetúa", esa “nada” es ausencia de ser.

Bajo el influjo de Sören Kierkegaard, quien dio un valor supremo a la subjetividad y al ser  individual, real y concreto,  así como a la categoría de existente aplicado al ser humano en su condición de sujeto libre y responsable, varios  pensadores  de mediados del siglo XX, agrupados (por una arbitraria clasificación de Sartre) como existencialistas, desarrollaron una obra que tiene que ver estrechamente con los problemas que estamos considerando.
Gracias a su previa formación científica como psiquiatra, Karl Jaspers, conservó siempre el interés por la integración de la ciencia con el pensamiento filosófico. Sin embargo, llegó a la conclusión de que las ciencias son por sí mismas insuficientes y requieren un examen crítico que sólo puede darlo la filosofía. Pero ésta a la vez debe fundarse en una dilucidación lo más completa del hombre en cuanto existencia propia; pero no de la existencia considerada como una abstracción, sino a la existencia concreta.  Para Jaspers el “trascender” es la operación filosófica que permite la dilucidación o esclarecimiento de esa existencia concreta. Es rebasar lo objetivo para entrar en lo no objetivo. Al trascender, el hombre se eleva por encima de la conciencia empírica y de la existencia empírica (la que se da desde mis pensar objetividades, mi experiencia cotidiana). Se trata de superar la oposición  sujeto-objeto para encontrar el verdadero ser fuera del pensar conceptual. Para ello, Jaspers efectúa un itinerario en el cual va aplicando las reducciones o έποχή de la fenomenología de Husserl de un modo personal. Es un colocar “entre paréntesis” todos mis condicionamientos, preconceptos, prejuicios y vivencias previas al acercamiento a lo que deseo estudiar. Al hacerlo, me voy dando cuenta de que mi existencia la rebasa y lo que va quedando, como un horizonte que siempre se aleja cuando me le acerco, es mi existir como posibilidad abierta. Este itinerario es:

 
·         El cuerpo: Me “pienso” cuando digo “yo” como el cuerpo que está en el espacio. Yo soy el que se mueve, sufre o goza...pero yo no soy [sólo] mi cuerpo.
·         El “Yo” Social: Me pienso como aquello que yo valgo en las relaciones de la vida social. Es el “yo” social con todo el conjunto de sus actividades sociales en que se sumerge mi existencia empírica, y que llegan a absorberme...pero yo no soy [sólo] ese “yo” social. No soy ese “nosotros todos”.
·         El “yo-hago”: los productos de mi actividad...pero estas obras se desprenden de mi. Yo no soy [sólo] mis obras.
·         El “yo-recuerdo”: Lo que yo soy por virtud de mi pasado, todo lo que he vivido, hecho y pensado, determina mi conciencia actual del yo...pero yo no soy (solamente) mi conciencia de lo que he sido (puedo cambiar el rumbo de mi vida).
·         Mi “ser-así”: Mi carácter, la permanencia relativa de aquello que yo mismo me he dado...pero yo no soy mi carácter.
Como se ve, no sólo se trata de superar la dicotomía mente / cuerpo, sino de trascender   mi existencia fáctica hasta llegar a  mi existencia facultativa, a mi existencia como posibilidad.

Interesado en una ontología y no en una antropología o una psicología, Martin Heidegger llama al hombre Dasein  porque por su apertura a sí mismo tiene la propiedad de hacer transparente el Ser. Es el lugar del Ser, el “ahí” (da) del “ser” (sein). En la jerga filosófica: es el lugar (óntico) donde se revela el Ser (ontológico). El Dasein no es un ente entre los entes, sino que es un existente: la partícula “ex”significa salir de sí mismo” para ubicarse en el “mundo. Para estudiar al ser humano desde esas premisas, utiliza el método fenomenológico prescindiendo de la reducción trascendental de Husserl. De este modo ocurre lo que Van Den Berg llama una emigración del sujeto, quien ya no se opone al objeto en el sentido moderno.
Si, partiendo del cogito cartesiano vemos las posiciones de varios autores y  colocamos entre paréntesis la reducción fenomenológica y entre corchetes la reducción trascendental, la posición del sujeto quedaría esquematizada de la siguiente manera:
               
a.    Descartes: Yo pienso.
b.    Brentano: Yo pienso en (esta casa).
c.    Husserl:   [ (yo pienso) (en) esta casa)].
d.    Heidegger: (yo pienso) (en) (esta casa) para ...

Este esquema quizá requiera de una explicación. Descartes nos lleva a considerar que podemos dudar de cualquier afirmación o cosa, pero no podemos dudar de que estamos dudando. El pensamiento se puede extraviar en varias quimeras o verdades por demostrar, pero no puede dudar de su propio pensar. Por eso su afirmación central es: “cogito”, pienso. Brentano, un importante filósofo algo anterior a la fenomenología afirma que no se puede pensar a secas, que el pensamiento siempre tiene una dirección, una intención hacia la cual apunta, como la flecha a una diana: no se piensa simplemente. Se piensa siempre en algo. El pensamiento siempre es intencional (no en el sentido de algo a propósito, sino con un rumbo, una dirección). La fenomenología de Husserl, al llegar a la reducción trascendental, sólo deja en pie la conciencia trascendental. Heidegger, dando aparentemente un paso atrás, coloca al sujeto fuera del pensar mismo para colocarlo en un quehacer en el mundo, “arrojado en el mundo”, siempre afuera, siempre abierto en el cuidado de las cosas y la solicitud de los demás.
Para Eduardo Rivera, el traductor chileno de Ser y Tiempo, el más hondo y radical “en sí” de las cosas, según Heidegger, no es la sustancia, ni el objeto, ni mucho menos la “cosa en sí” kantiana, sino ese ser de las cosas que comparece para nosotros en el uso que de ella hacemos (ST, 467, nota ** a p.97)]

Pareciera que Sartre asume un monismo materialista de corte realista, pues afirma: “El ser de algo es precisamente su apariencia”: detrás del fenómeno no hay nada, no hay noúmeno. No hay dualidad entre el ser y el aparecer, pues el ser “se manifiesta como él es”, y finaliza diciendo: “El cuerpo es lo que la conciencia es: ésta no es más que cuerpo, lo demás es nada y   silencio” (citando literalmente a Hamlet en el momento de fallecer ante la espada envenenada de Laertes).
Pero lo extraño es que sus premisas se fundamentan en la fórmula de Berkeley: “Ser es ser percibido”, es decir, las cosas no tienen realidad ontológica independiente respecto a su percepción (su ser percibido) pudiendo hablarse, al contrario, de un monismo idealista, por lo demás insostenible, pues Berkeley fundamentaba su teoría en la percepción de Dios (las criaturas son permanentemente percibidas por Dios y en ese ser percibidas se sostiene su existencia) y sabemos acerca del ateísmo de Sartre. Estas incongruencias de Sartre, esas volteretas suyas tanto en la filosofía como en la política, fueron las que lo hicieron a la vez admirable y efímero, pues pasaba fácilmente de lo deslumbrante a lo incongruente.
 .
El filósofo Gabriel Marcel, convertido al cristianismo cuando buena parte de su obra había sido publicada, considera que todo existente aparece como prolongando “mi cuerpo” en una dirección cualquiera – entendiendo la expresión “mi cuerpo” como algo radicalmente mío y no algo “objetivo”. Según ello, mi cuerpo es el existente tipo. Escribe Marcel: “El mundo existe para mí, en el sentido riguroso de la palabra existir, en la medida en que mantengo con él relaciones del tipo de las que mantengo con mi cuerpo”. Mi situación obvia   es la  de un ser ligado al cuerpo: De este cuerpo no puedo decir ni que es yo, ni que no es yo, ni que es para mí”.
Habría que decir: Yo “soy” mi cuerpo en lugar de yo “tengo” un cuerpo. Mi cuerpo no es mi instrumento; es mediación entre mí y el universo”.
Pero mi yo no se resume en mi cuerpo.  Si bien es verdadero afirmar “Yo soy mi cuerpo”, resulta falso decir “Yo  soy sólo mi cuerpo”.  Marcel no niega, pues, la separación del alma y el cuerpo, pero afirma que su relación debe hacerse en otro orden, al decir: “Ser encarnado es aparecerme como cuerpo, sin poder identificarme con él, sin poder distinguirme de él, pues identificación y distinción pertenecen a la esfera de los objetos”.
Esta relación aparentemente contradictoria se resuelve al hacer Marcel una clara distinción entre “problema” y “misterio”:

“Un problema es algo con lo que me encuentro, que hallo ante mí, pero que puedo, por eso mismo, cercar y reducir;  en cambio, un misterio es algo en lo que yo mismo estoy implicado, y que, por consiguiente, solo es pensable como una esfera en la que la distinción del en–mí y el  ante –mí pierde su significado y su valor inicial”
Una cosa puede ser “problema” desde un ángulo y “misterio” desde otro. Por ejemplo: el sufrimiento derivado de una enfermedad puede ser un problema explicable (o no) por la técnica (fisiopatología, bioquímica, etc.) y a la vez un misterio desde el momento en que el sufriente se pregunta por el sentido de su sufrimiento.
Para Viktor Frankl hablar de psicogénesis es cuestionable, pues supone la aceptación de la teoría de la acción recíproca: lo físico es causa de lo psíquico y viceversa. Es evidente que hay un paralelismo psicofísico, pero lo somático y lo psíquico son dos modos de ser sustancialmente distintos, ontológicamente inconmensurables. 


No pueden reducirse el uno al otro,  ni derivarse uno del otro. Son fenómenos irreductibles e indeducibles. Hay entre ellos un abismo infranqueable, aunque progrese la investigación en ambas disciplinas Al respecto escribe: “[Si bien es cierto que] Lo corporal influye en lo psíquico-espiritual, de un modo o de otro, favorable o desfavorablemente,  no es lógico completar esta tesis con la conclusión: luego lo espiritual es un mero efecto, un mero producto, mero resultado, mero epifenómeno de lo corporal,, o “generado”; nada más que como función de la materia o fórmulas similares”. Para Frankl, lo corporal es una condición, mas no la causa de lo psíquico-espiritual


Cada ciencia se puede considerar como un corte o una proyección en una dimensión determinada. Cada dimensión o corte es irreductible a la otra, y la unidad de los opuestos no es posible como acción recíproca ni el paralelismo psicofísico explica la relación de ambas.

La solución se dará en  la figura tridimensional, más allá de los planos de incisión biológica o psicológica, es decir, en la dimensión humana, el espacio de lo humano, en la dimensión del fenómeno específicamente humano. ¿Y qué es lo específicamente humano, la dimensión específicamente humana? Es la dimensión espiritual que sostiene (o informa) el sólido de le figura. Lo espiritual no es "algo" agregado a lo psicofísico,  o algo "superior”, superpuesto. Lo humano, lo específicamente humano, que es lo espiritual, es lo que hace posible, justamente, la unidad de los contrarios, es lo que confiere, en el caso de las figuras geométricas, la tridimensionalidad que se proyecta en dos planos bidimensionales irreductibles.






II. El problema de la libre voluntad o del libre albedrío.


Para Jaspers el tema de la libertad es un asunto que va más allá del libre albedrío. Dice Jaspers: “La pregunta acerca de si la libertad existe tiene su origen en mí mismo, que quiero que la haya”. Por una parte, se identifica con mi existencia como posibilidad: existir es ser libre. Por otra parte, la libertad se encuentra relacionada con el concepto de situación. La situación es toda la realidad circundante, el conjunto de condiciones y circunstancias que rodean mi vida y que significan “limitación ó margen de acción”. Pueden ser modificables por mis decisiones, pero siempre estaré “en situación”: salimos de una situación para entrar en otra. Existen no obstante las situaciones límite, inmodificables. Pero ante ellas siempre puedo decidir qué actitud tomar. Son justamente las situaciones límite una de las vías regias para tener acceso a mi existencia genuina o posible: no puedo cambiar la situación pero puedo cambiar yo, puedo trascenderla.

Para Heidegger el ser del “Dasein” no consiste en una cosa que es sino algo que deviene realizándose, como un proceso de temporalización. Existir es comprenderse como proyecto, avanzando en la proyección de sus posibilidades. Heidegger da primacía al futuro, pues la existencia significa anticipación. En sus manos está su poder ser auténtico o inauténtico. El Dasein en cuanto tal está determinado por el “ser cada vez mío”.
Una eficaz frase de Sartre que llegó a convertirse en un cliché fue aquella de: Estamos condenados a ser libres”. El ser humano está  condenado a ser libre porque no es libre de dejar de ser libre. Aún si decido no ser libre, lo estoy decidiendo gracias a mi libertad. El hombre debe elegir, es responsable; lo contrario es la “mala fe”: inventar argucias para huir y no asumir su libertad radical, buscar artificios que le permitan no tener que hacer frente a la decisión que tendrá que tomar. Y no hay excepciones:”Si estalla una guerra, esa es mi guerra: puedo alistarme o desertar, pero es mía.” Quizá podemos aplicar esta frase a nuestra actitud ante la situación actual por la que atraviesa nuestro país.

En el pensamiento de Marcel,  la libertad es el sustrato de la ética; pero no se trata de un mero libre albedrío intelectual, sino que es un llamado a la apropiación del valor como verdad: los valores son los “heraldos del ser”, pero apelan a la creatividad del hombre. No son esencias abstractas. Están realmente en mí, en la medida que tengo que crearme a mí mismo. La experiencia del valor no es aparte de la experiencia del ser.

Frankl, por su parte, no deja de vincular la libertad con el problema del libre albedrío. Casi todo el contenido de su obra versa sobre este tema tan crucial para la psicoterapia: ¿Hasta dónde está determinado el hombre? ¿Hasta dónde está condicionado? ¿Cuáles son las limitaciones de ese determinismo o condicionamiento?
Los presupuestos condicionan, pero no pueden determinar. Todo  lo humano está condicionado. Pero sólo es propiamente humano aquello que supera, trascendiéndolo, su propio condicionamiento. La libertad trasciende la necesidad. Por ejemplo, las pulsiones: el hombre las tiene, pero ellas no lo tienen a él.  La libertad es siempre de algo y para algo. Yo puedo decirle sí a los valores y no a las pulsiones, como puedo dejarme llevar por las pulsiones y decirle no a los valores. Pero siempre la fuerza decisoria la posee el yo. El poder del yo frente al ello no puede derivar a su vez de las pulsiones: el poder “apriorístico” del yo frente al ello se puede comparar al poder de un juez débil y achacoso frente a un reo fuerte o atlético.
Además de las pulsiones, lo psicofísico incluye también el dolor, la angustia, la tristeza, la ira. Todo esto puede tener su origen en lo psíquico o en lo somático. La persona puede hacer frente a ellos. La persona es libre, mas el carácter no lo es. Más bien, la persona es libre frente al carácter. Aquello en el ser humano con lo que la persona se contrapone es el carácter psíquico. Esto se explica porque la persona es espiritual mientras que el carácter es psicobiológico, o más exactamente bio-psico-social. La persona espiritual es capaz de oponerse a sus condicionantes biológicos, psicológicos y sociales








En el caso de las dos primeras figuras, las proyecciones del vaso o cilindro (corte biológico o psicológico, o bien sociológico, etc.) dan figuras cerradas, mientras que el cilindro es abierto.









Lo espiritual nunca se diluye en la situación. Siempre es capaz de distanciarse, de enfrentarse a lo psicobiológico o psicosocial. Esta capacidad, que Frankl llama antagonismo noopsíquico, posee una extremada importancia terapéutica. Cualquier psicoterapia debe basarse en ella, pues si lo psicobiológico se basa en leyes cada vez mejor conocidas, la actitud personal, de raigambre espiritual, puede afirmarse frente a todo condicionamiento.

“¿Qué es, pues,  el hombre?”, se pregunta Frankl. Y su respuesta es:
“Es un ser que siempre decide lo que es”



III El problema del sufrimiento y de  la mortalidad.

Para Heidegger la muerte es una posibilidad de ser de la que el Dasein tiene que hacerse cargo cada vez. Incluso, es la posibilidad más radical e insuperable. La angustia nos revela que somos un ser “arrojado al mundo” para morir. Pero lo sabemos porque siempre se mueren “los demás”;  no hay experiencia previa y siempre se evade la propia posibilidad de morir. Ante ella sólo hay dos opciones: distracción (inautenticidad) o aceptación (existencia auténtica). En el primer caso, el vivir cotidiano huye de la angustia ante la muerte: “todavía no”. Se muere la gente, “uno” se muere, pero ese “uno” no es nadie: El “uno” justifica y acrecienta la tentación de encubrir el más propio estar vuelto hacia la muerte.
En el segundo caso, ese estar vuelto hacia la muerte (en la traducción de José Gaos se lee “ser-para-la-muerte”) no significa estar pensando siempre en ella, o haciendo cálculos. En el estar vuelto hacia la muerte, debe ser comprendida como posibilidad, interpretada como posibilidad y sobrellevada como posibilidad. Es adelantarse a la posibilidad. No se habla aquí de suicidio, sino de vivir la existencia corriendo hacia esa posibilidad, como anticipación. Es la existencia auténtica, la cual implica una aceptación anticipada de la muerte.

Para Sartre, la muerte es simplemente un hecho puro derivado de mi contingencia. Es absurda, como lo es el nacimiento. El hombre es una pasión inútil...


Jaspers trata el tema de la muerte dentro del capítulo de su obra dedicado a las Situaciones – límite, que ya mencionamos. Son tan importantes para Jaspers, que llega a afirmar que experimentar una situación límite y existir son la misma cosa. Yo, como existente, no llego a mi mismo más que en las situaciones-limite. La muerte encabeza la lista de las situaciones-límite: es inevitable, es “opaca”: no sabemos qué hay detrás de ella ni después de ella. Podemos desesperarnos ante su inminencia pero también podemos transformarnos radicalmente, cambiar nuestro proyecto de vida y nuestras prioridades aprovechando el tiempo que nos queda, dando valor a lo verdaderamente esencial y descartando aspectos que nos parecían importantísimos y ahora nos percatamos de su banalidad.

Si algún autor ha escrito con lucidez sobre el sufrimiento, ha sido Viktor Frankl, quien ha acompañado su teoría con su testimonio personal de sobrevivir a cuatro campos de concentración. Sufrir significa tomar postura frente al dolor, y esto equivale a estar “por encima” de él, a trascenderlo. Frankl se coloca muy lejos de la psicoterapia clásica. Ésta se propone capacitar al ser humano para trabajar y gozar; debe capacitarle también para sufrir. Pero esto vale únicamente para el sufrimiento inevitable, necesario. El sufrimiento innecesario, en cambio, debe ser aliviado por el médico.

En cuanto a la muerte misma, Frankl se opone a toda concepción que cosifique el espíritu, como en las soluciones esotéricas y espiritistas, que presentan un espíritu “cuasi-material”. El espíritu no está en ningún “lugar”, entendiéndolo como dentro de las coordenadas espacio-temporales. De modo que el continuar viviendo tal cual es algo im-pensable, no puede ser pensado, representado ni imaginado. Pero no sólo es posible, sino necesario, admitir que lo espiritual sigue viviendo después de la muerte, ya que lo que está más allá del tiempo y el espacio no es posible que deba morir alguna vez. Frankl propone que en lugar de hablar de una continuación de esta vida (Fortleben), se refiera a supervivir (Uberleben) , pero no en el sentido de que la persona espiritual sobrevive a su muerte corporal anímica, sino a lo que llamará un “supra sentido”, accesible sólo a la fe.


Marcel se refiere al asunto de la mortalidad utilizando el término misterio en el sentido que antes explicamos. Es decir, no puedo hablar de mi posible o imposible supervivencia después de la muerte de manera distante, objetiva. Es algo que no está meramente ante mí sino que me incluye a mí. También para Marcel el misterio de la mortalidad se refiere a la muerte de los demás, especialmente a la de mis seres queridos, por cuyo destino me pregunto y me preocupo. Ante el misterio de la muerte – y más extensamente, ante el misterio del Ser -  Marcel desarrolla uno de sus tratados más interesantes y originales, como es la Filosofía de la Esperanza.
Por la Esperanza el hombre adquiere su condición de viajero, de itinerante: “Si el hombre no conserva vivo el sentido de su condición viajera, tal vez no pueda instaurarse un orden terrestre estable”. Ser viajero es una condición inherente al hombre, a quien llama homo viator (hombre viajero).
La esperanza es ese principio misterioso que sitúa al hombre en el ámbito de la trascendencia, que le pone en marcha hacia la meta que asegura la plena realización de su ser. (Todo lo contrario de las ontologías de la desesperación y de la angustia de Heidegger y Sartre). De hecho, la esperanza:
1. Se opone a la angustia de estar entregado al tiempo: “Kronos” se transforma en “Kairós”, es decir, el tiempo, como transcurrir, se transforma  en tiempo como  ocasión, oportunidad.
2. No desconoce los motivos para desesperar, pero ve estas situaciones como pruebas (para no rendirnos).

3. No se vale de la técnica: “Es propia de seres desarmados”.

4. Se apoya en la humildad (no depende de nosotros mismos, ni de nuestro poder ni de nuestra técnica).

5. Es creadora: se anticipa al futuro, tiene confianza ilimitada en la realidad. No calcula el futuro.

6. Al hacer un salto sobre el tiempo, se presenta como abierta a través del tiempo (mientras la desesperación es “la conciencia del tiempo cerrado o en prisión”).

7. Se fortalece por la paciencia.

8. Pertenece a la estructura ontológica de la existencia humana, se da incluso en quienes no profesan una fe religiosa explicita (diríamos que es connatural al hecho de ser persona).

9. “Es otro nombre de la trascendencia”.



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Hemos hecho un recorrido por los principales acercamientos que varios autores, especialmente del siglo XX,  pertenecientes a la corriente existencial,  han escrito sobre estos problemas metaclínicos. En la actualidad se mantiene la vigencia de esta discusión. Para Antonio Damasio se trata no sólo de equiparar el cerebro a la mente, sino de “ver la mente consciente desde la óptica de la evolución”, de “…naturalizar la mente y presentarla como una serie de progresiones graduales en la complejidad del lenguaje biológico”. La conciencia hizo posible la conservación del “valor biológico” en los seres humanos. Para ello habla de la construcción del “sí mismo central”, “algo que no había estado antes presente”. No es aún el sujeto, sino un “proto-sí mismo”, del cual “surgió” el “sí mismo autobiográfico”, que dio lugar, por fin,  al protagonista, es decir, al sujeto (De hecho, el título original de su libro, más elocuente, es Self Comes to Mind). No sabemos de dónde emergió ni cómo ocurrió este “surgimiento”, salvo que fue por “selección natural”. Damasio admite que las características que ha enumerado y detallado en su libro Y el cerebro creó al hombre no bastan para explicar cómo se genera el sí mismo ni la subjetividad. Hacia el final de su enjundioso y ameno texto admitirá que “la conciencia sigue siendo un misterio, aunque hemos logrado reducir en algo el territorio de lo que desconocemos”.
Sin embargo,  como biólogo evolucionista de nuestro tiempo, se niega a aceptar toda teleología. ¿Y cómo va a aceptarla si la evidencia  le muestra hechos donde sólo hay azar (es decir: ausencia de evidencia de una inteligencia ordenadora) y necesidad (es decir causalidad)?





Para buscar una salida a esta aparente aporía, Frankl imagina, siempre como analogía, un plano secante donde una curva sinusoidal cortada por otro plano perpendicular no deja ver más que seis puntos aislados carentes de conexión. Lo que se echa de menos es la visión del sentido más elevado, o más profundo de los acontecimientos: las partes de la curva por arriba o por debajo del plano secante. La teleología, o el sentido, no son evidentes sino en otro plano de incisión en el que sólo podemos creer y luego seguir.  Y Frankl concluye: “lo que vale para el sentido vale tanto más para un sentido final.  Cuanto más abarcante es un sentido, tanto menos se lo puede aprehender El sentido infinito no es comprensible para un ser finito.  Aquí la ciencia calla y toma la palabra la sabiduría"


Por su parte, si bien Eric Kandel se considera a sí mismo un “reduccionista radical”, lo es sólo metodológicamente. Al decir de Steve Hyman, quien prologa el artículo de Allbright, Jessell, Kandel, y Posner, significativamente titulado: “Neurociencia. Un siglo de progreso y misterios que aún perduran”, su reduccionismo experimental o “estratégico” no pretende explicar la conducta humana en su conjunto… “La idea consiste en desmenuzar los problemas en elementos que puedan tratarse con el objetivo de entender cómo se unen e interrelacionan dichos elementos, aún a sabiendas de que identificar y caracterizar las partes no significa poder explicar fenómenos de un nivel superior"…” No es posible realizar avances sin utilizar estrategias reduccionistas, pero al mismo tiempo resulta evidente que las explicaciones exclusivamente reduccionistas no responden a las preguntas más fundamentales” (Kandel, 209).

Para Kandel,  tanto las perspectivas holísticas (“de arriba abajo”) como reduccionistas (“de abajo a arriba”) son necesarias. La clase de reduccionismo a que él hace referencia resulta un planteamiento adecuado en una fase concreta del proceso de resolución de problemas, pero no es un objetivo filosófico en sí mismo ni representa un punto de vista universalNo podemos entender el cerebro o cada una de sus células sin saber cuáles son sus “ladrillos” y sus propiedades, pero tampoco podemos creer que entenderemos las células, los órganos, el cerebro o la conducta sólo porque conocemos bien sus componentes y sus integrantes
Y en el artículo mencionado, escriben:
 “Hay otro aspecto de la consciencia que hace falta afrontar: la naturaleza de la subjetividad. El aspecto subjetivo de la consciencia… es su característica definitoria y el aspecto que supone el mayor reto científico… ¿Son el color púrpura que uno ve y el jazmín que huele idénticos al púrpura que los demás ven y el jazmín que  los demás huelen? El hecho de que la experiencia consciente sea personal e intensamente subjetiva plantea la cuestión de si es posible determinar objetivamente características comunes de la experiencia… Es evidente que deberíamos estar preparados para la posibilidad de que haya aspectos de la consciencia que no se resolverán mediante las estrategias comentadas en esta revisión.… [Dicen los autores]… actualmente es difícil imaginar cómo el progreso aunque continúe y se intensifique, logrará solucionar todas las características relacionadas con la naturaleza subjetiva de la experiencia…(Kandel, 326)

¿No nos recuerda este párrafo las afirmaciones anteriores de Viktor Frankl sobre la inconmensurabilidad de las dimensiones psíquicas y biológicas…a menos que se dé un cambio de paradigma?
Pareciera haber una conciencia de la necesidad de ese cambio. Kandel es optimista al apuntar en otro sitio que la nueva biología de la mente  “…asumirá su papel de puente natural entre la humanística, que se ocupa de la naturaleza de la existencia humana, y las ciencias naturales, que se ocupan de la naturaleza del mundo físico” (Kandel, 396).
Es posible. Pero sin ese cambio de paradigma que admita la condición espiritual del hombre, más allá de los logros en la investigación, las viejas preguntas sobre los eternos problemas del ser humano continuarán arrinconadas en las publicaciones y congresos de psiquiatría, sin poder siquiera formularse: las viejas preguntas sobre su mortalidad, su libertad y el sentido de su existencia, sin las cuales no vale la pena llamarse psiquiatra ni ejercer la psicoterapia. El problema está en que el ser humano, incluyendo al científico en su fuero interno, las seguirá haciendo, simplemente por ser él también un ser humano, ese pequeño y muchas veces mezquino ser humano  cuya voz, al decir de William Faulkner, “seguirá hablando y hablando”…” cuando haya sonado la última campanada de la destrucción y su eco se haya apagado en la última roca vacilante que dejará la marea en el último rojizo y agonizante anochecer”.
Precisamente de este autor quiero tomar prestadas sus palabras para finalizar esta conferencia porque expresan mucho mejor que las mías el sentimiento que me animó a dirigirme a ustedes y compartir estas interrogantes a veces angustiosas que nos asaltan no sólo en nuestro quehacer profesional, sino en nuestra común condición humana. Faulkner termina diciendo ante la Academia Sueca con ocasión de recibir el Premio Nobel de Literatura:

Yo me niego a aceptar el  fin de del hombre. Creo que el hombre no sólo perdurará sino que prevalecerá. Creo que es inmortal, no por ser la única criatura que tenga una inextinguible voz, sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión, de sacrificio y de perseverancia. El deber del poeta y del escritor [y del psiquiatra, añado yo] es escribir acerca de estas cosas. Ambos tienen el privilegio de ayudar al hombre a perseverar, exaltando su corazón, recordándole lo que son el coraje y el honor y la esperanza y el orgullo y  la compasión y la piedad y el sacrificio,  que han sido la gloria de su pasado.
La voz del poeta no debe ser meramente un registro del hombre, puede servirle de apoyo, ser una de los pilares que lo sostengan para perseverar y prevalecer.

Señoras y señores: muchas gracias.






                                                          REFERENCIAS
Allbright, Jessell, Kandel y Posner. Neurociencia: un siglo de progreso y misterios que aún perduran. En: Psiquiatría, Psicoanálisis y la nueva biología de la mente. Ars Medica. Barcelona 2006. Reimpresión 2007.

Aquino, Santo Tomás de. Suma de Teología. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1988
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Chiquirrin A. Regino.  La Antropología de Viktor E. Frankl.  Separata de Studium Ovetense, volumen XV, Oviedo, 1987.
Damasio, Antonio. Y el cerebro creó al hombre. Ediciones Destino, S.A. Barcelona 2010
Faulkner, William. Nobel Prize Speech Stockholm, Sweden December 10, 1950. La traducción es parcialmente mía. En el texto de la conferencia combiné las diversas traducciones con la mía y la de Agustín Caballero con otras que he encontrado en Internet. Ninguna me parece satisfactoria.

Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía. Alianza Editorial, Madrid 1990.
Frankl, Viktor. El hombre en busca de sentido.  12a Edición.  Ed.  Herder.  Barcelona, 1998.

Frankl, Viktor.  La voluntad de sentido. 3a Edición.  Herder, Barcelona, 1994.
Frankl, Viktor. Lecciones metaclínicas. En: El hombre doliente. Barcelona 1990. Herder

Haldane, J.B.S.  Filosofía del Futuro.  Citado por García Ponce, Antonio en "Caos, otra nueva aventura del Pensamiento".  Suplemento Cultural de Últimas Noticias.  Caracas, 31 de agosto de 1997, p. 1.
Heidegger, Martin. Ser y Tiempo. Traducción, prólogo y notas  de Jorge Eduardo Rivera. Editorial Trotta. Madrid 2003
Hyman, Steve. Neurociencia. Prólogo. En: Psiquiatría, Psicoanálisis y la nueva biología de la mente. Ars Medica. Barcelona 2006. Reimpresión 2007.
Juan Pablo II. Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II a los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias. Vaticano, 22 de octubre de 1996. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/pont_messages/1996/documents/hf_jp-ii_mes_19961022_evoluzione_sp.html

Kandel, Eric R.: Neurociencia. Un siglo de progreso y misterios que aún perduran. En: Psiquiatría, Psicoanálisis y la nueva biología de la mente. Ars Medica. Barcelona 2006. Reimpresión 2007.
Marcel, Gabriel.  El Misterio Ontológico.  En "Gabriel Marcel, Antología".  Centro Editor de América Latina.  Buenos Aires, 1967.
Padilla, Franklin. Teorías de la Personalidad II. Postgrado de Psiquiatría. Hospital Psiquiátrico de Caracas. Material de apoyo sobre Kierkegaard, Heidegger, Jaspers, Sartre y Marcel (para uso interno)
Padilla, Franklin. Una visión teológica de la salud mental. Archivos Venezolanos de Psiquiatría y Neurología. Vol. 44 /N ° 90-91 / enero/diciembre 1998 pp 8-14
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Wikipedia, la enciclopedia libre. Artículo “Monismo”


Damos las gracias a la Dra. Delmeyer Alcalá, cursante del postgrado de Psiquiatría del Hospital Psiquiátrico de Caracas, por el diseño en colores de las imágenes de Viktor Frankl, originalmente en blanco y negro, para su presentación.