Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







martes, 29 de septiembre de 2015

VENEZUELA EN LA INVENCIÓN DE MOREL





A través de un diario personal nos enteramos de la fuga de un  perseguido político condenado a cadena perpetua y su arribo a una isla desierta del archipiélago de las Islas  Ellice, en el Pacífico, que él supone la isla de Villings, en cuya colina se encuentran un museo, una capilla y una piscina. El museo es un abandonado edificio fuertemente iluminado con energía eléctrica, sin que pueda discernir la fuente de la energía. Después de varios meses ocupando el museo, se queda dormido y lo despierta el sonido de un gramófono y gritos humanos sin que haya visto llegar ningún barco, avión o dirigible. Sin embargo descubre como los pajonales de la colina se llenan de los vacacionistas, quienes ocuparon el museo y en ese momento bailan melodías anticuadas, se pasean y se bañan en la piscina. Visten ropas de una o dos décadas atrás, es decir, ya pasada de moda, y la intensidad de la música es tal que le impide dormir en su escondite. Temeroso de ser descubierto y denunciado a la policía se retira del museo para esconderse en los barrancos de la isla, desde donde observa a los vacacionistas que constantemente bailan, pasean o se bañan en la piscina. Su vida en los bajos de la isla es peligrosa dadas las mareas que suelen adelantarse.

Todas las tardes una mujer del grupo de veraneantes contempla las puestas de sol en la playa desde el acantilado occidental de la isla. El fugitivo primero la espía pero al final se enamora de ella. El jefe y organizador del grupo de vacacionistas y aparente dueño del museo es un sujeto de apellido Morel, quien conversa en francés con la mujer, a quien llama Faustine. El fugitivo decide abordar a la mujer, obsequiarle flores silvestres y hasta disculparse con ella pero ella no parece tomarlo en cuenta, lo que él interpreta como indiferencia o desprecio. Morel tampoco parece percatarse de su presencia, al igual que los otros vacacionistas, quienes se bañan en la abandonada piscina sin darle importancia a las plantas podridas y desechos que se han acumulado en ella, así como a las víboras, los sapos, escuerzos e insectos acuáticos que la ocupan por estar construida en un nivel a ras del suelo.
Poco a poco el fugitivo nota que la conversación entre Morel y Faustine parece repetirse una y otra vez, sin que ninguno de muestras de cansancio. Además, los veraneantes bailan la misma música bajo cualquier condición meteorológica, incluso bajo un torrencial aguacero.
Súbitamente los vacacionistas desaparecen sin dejar rastro. El fugitivo, cuyo nombre desconocemos, por ser el narrador anónimo del diario, vuelve a instalarse en el museo, donde no encuentra evidencia de la anterior presencia de los veraneantes ni de ninguna otra visita humana, lo que le hace pensar que ha estado alucinando. 

Los vacacionistas reaparecen y el fugitivo se esconde de nuevo, evitando ser visto por ellos, no sin dejar de notar con extrañeza que se comportan de modo inadecuado, como hacer ejercicios en la piscina para entrar en calor, cuando hace un calor insoportable. Asimismo, repara en que hay dos soles y dos lunas, y que un libro sobre balística que él había sustraído de la biblioteca está de nuevo en ella sin que su ejemplar desaparezca. Muchas cosas están duplicadas.

Esa noche Morel convoca a todos los vacacionistas para hacer una declaración, en la cual les hace saber que todo el tiempo han sido fotografiados con una máquina de su invención que tiene la propiedad de grabar no sólo las imágenes sino también sus olores, sonidos, texturas y posiblemente sus almas, permitiéndole reproducir perpetuamente esa semana con ellos. Algunos de los vacacionistas reclaman indignados que se les haya grabado sin su permiso y otros, llegando más lejos, lo acusan de ser responsable de sus muertes al haber mencionado sus primerizos ensayos y haber hablado de capturar su alma. Morel se molesta y se retira de la reunión dejando sus notas en el escritorio. Concluida la misma, el fugitivo se apropia de las notas y por ellas se entera del proyecto completo: en el plan original Morel piensa ser grabado también con “la mujer que ama” (que el fugitivo supone Faustine) para estar con ella por la eternidad. También explica cómo obtiene el suministro de energía eléctrica por medio de unas plantas que se alimentan con las mareas. Asimismo se da cuenta de que todo lo que él observa ha sido duplicado por la invención de Morel: los dos soles y las dos lunas aparecen cuando la realidad se superpone con la grabación: uno de los soles es real, el otro la grabación. El mismo museo, al cual penetró a través de un agujero que él mismo abrió en la pared está duplicado… y el grabado no se puede destruir.


El final de esta historia, estimado lector, no obstante, no te lo voy a contar para no arruinarte el empeño que le pongas a tu segura lectura de esta novela (“to spoil” significa eso: arruinar). Aquí no hago más que seguir el ejemplo y el consejo de su prologuista, Jorge Luis Borges, quien se prohibió a sí mismo la revelación de los detalles del argumento. Creo que te cuento sólo lo necesario para intrigarte e interesarte en la lectura del original, que, por cierto, está en Internet. Sólo añado que éste no es más que un sucinto resumen de la trama de la novela La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares.
Esta novela ha sido considerada una de las más logradas narraciones del género del género de literatura fantástica, calificada como novela de aventuras, de ciencia ficción, como objeto artificial, realización creadora de lo irreal y simultánea e igualmente imaginativa desrealización de lo real. Borges llega a decir de ella en el prólogo:
No me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.

¿Y VENEZUELA?
Bioy Casares fue un notable escritor argentino, cuyo nombre está unido indisolublemente en la memoria colectiva y en la Historia al de Jorge Luis Borges, de quien fue gran amigo y con quien compartió varios escritos a cuatro manos ( y hasta a seis, con Silvina Ocampo). No he podido hallar en las reseñas que he revisado ninguna mención de algún viaje suyo a nuestro país, especialmente en la época en que escribió La invención, cuando contaba 23 años. Tampoco si hubo alguna persona allegada, alguna amistad venezolana o algún familiar. De modo que me he quedado con la hipótesis de fuentes indirectas como la prensa, lecturas, conversaciones en los finales de los años treinta, poco antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial. Mi encuentro con la novela fue bastante tardío y me llegó por el cine. Pertenezco a una generación de cinéfilos que se partió la cabeza en los años sesenta en el inútil empeño de entender el argumento de El Año Pasado en Marienbad, de Alain Resnais, con guión suyo y de Alain Robbe-Grillet.


Descifrar su supuesta simbología, aprender el Nim (un juego con cartas o palillos donde el aparente marido de la protagonista derrota una y otra vez al galán del film) se convirtió en una moda, una tortura o un placer, según el caso. En una entrevista que le hicieron a Robbe-Grillet pude releer:
-Hay quienes han visto en el film una influencia no declarada de La invención de Morel, de Bioy Casares.
-Es curioso: esa opinión fue formulada por primera vez por Jacques Rivette, que después hizo
Céline et Julie vont en bateau (1974), un film fuertemente influenciado por La invención de Morel. Es cierto que yo la había leído, y también que fui uno de los primeros que habló de ella en Francia, en un artículo para Critique, antes de Marienbad. La conocía, pero la releí después y no vi ninguna relación. Sigo sin verla. Lo que me gustó de la novela era un tipo de comportamiento de los personajes que ya estaba en obras anteriores, y sí es muy curioso que en el momento en que el personaje de la primera historia reaparece por primera vez, Bioy Casares hable de "gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes instalados de hace tiempo en Los Teques o en Marienbad".

Claro, como no estaba prevenido pues no había leído entonces la novela de Bioy Casares, no terminaba de entender si se trataba de una errata  o qué demonios hacía en esa entrevista el nombre de Los Teques. Una vez que me decidí a leerla, me di cuenta, como es notorio, que desde el comienzo aparecen frases claramente alusivas a nuestro país:

los pajonales de la colina se han cubierto de gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes instalados desde hace tiempo en Los Teques o en Marienbad...

… se apagaron los ruidos, como en un ambiente de nieve, como en las frías alturas de Venezuela.
Mi impuntualidad me exaspera. ¡Pensar que en esa corte de los vicios llamada el mundo civilizado, en Caracas, fue un trabajoso adorno, una de mis características más personales...

...El tipo de ambos corresponde al ideal que siempre buscan los organizadores de largas series de tarjetas postales indecentes... Hasta creo haberlos visto en las mejores colecciones del Pórtico Amarillo, en Caracas...

...Recapitulé mi vida. La infancia, poco estimulante, con las tardes en el Paseo del Paraíso...

la llegada de la policía a mi cuarto de la pensión hedionda y rosada, en Oeste 11, frente a [la iglesia de] la Pastora...
[esta precisa cita la verifiqué tanto con el mapa de Google como caminando por la misma avenida Oeste 11, F.P.]

...Salieron entonces caballeros y criados con sillas de paja, que pusieron a la sombra de un árbol del pan, grande y enfermo (he visto algunos ejemplares menos desarrollados en una vieja quinta, en Los Teques)...

...Uno teme que todo sea un chantaje para vender una lapicera labrada con Bolívar–1783–1830
Es lamentable que Morel haya escondido en esta isla su invento. Tal vez me equivoque; tal vez Morel sea un personaje famoso. Si no, como premio por comunicar el invento, yo podría alcanzar el indebido indulto de mis perseguidores. Pero si Morel no lo comunicó, lo habrá hecho alguno de sus amigos. Con todo, es extraño que no se hablara de esto cuando salí de Caracas...

...Cuando empezara a ser un charlatán famoso —antes de ser un inventor famoso— vendrían las acusaciones de Morel y, tal vez, una orden de arresto, desde Caracas...

...En el Nuevo Diario [periódico de la época de Juan Vicente Gómez] leí la carta encontrada en el submarino...

Por último, esta larga, pero necesaria cita textual:

...Por desgracia, no todas mis cavilaciones son tan útiles: hay —solamente en la imaginación, para inquietarme— la esperanza…de que toda mi enfermedad sea una vigorosa autosugestión; que las máquinas no hagan daño; que Faustine viva, y dentro de poco yo salga a buscarla; que nos riamos juntos de estas falsas vísperas de la muerte; que lleguemos a Venezuela; a otra Venezuela, porque para mí tú eres, Patria, los señores del gobierno, las milicias con uniforme de alquiler y mortal puntería, la persecución unánime en la autopista a La Guayra, en los túneles, en la fábrica de papel de Maracay; sin embargo, te quiero, y desde mi disolución muchas veces te saludo: eres también los tiempos de El Cojo Ilustrado: un grupo de hombres (y yo, un chico, atónito, respetuoso) gritados por Orduño, de ocho a nueve de la mañana, mejorados por los versos de Orduño, desde el Panteón hasta el café de la Roca Tarpeya, en el 10, abierto y deshecho tranvía, fervorosa escuela literaria. Eres el pan cazabe, grande como un escudo y libre de insectos. Eres la inundación en los llanos, con toros, yeguas, tigres, arrastrados urgentemente por las aguas. Y tú, Elisa, entre lavanderos chinos, en cada recuerdo pareciéndote más a Faustine; les dijiste que me llevaran a Colombia y atravesamos el páramo cuando estaba bravo; los chinos me cubrieron con hojas ardientes y peludas de frailejón, para que no muriera de frío; mientras mire a Faustine, no te olvidaré, ¡y yo creí que no te quería! Y la Declaración de la Independencia que nos leía todos los 5 de julio, en la sala elíptica del Capitolio, el imperioso Valentín Gómez, mientras nosotros —Orduño y los discípulos— para desairarlo, reverenciábamos el arte en el cuadro de Tito Salas "El general Bolívar atraviesa la frontera de Colombia"; sin embargo confieso que después, cuando la banda tocaba Gloria al bravo pueblo / (que el yugo lanzó / la ley respetando / la virtud y honor), no podíamos reprimir la emoción patriótica, la emoción que ahora no reprimo...



De modo que la presencia de Venezuela o de lo venezolano es indubitable: el fugitivo es un escritor venezolano perseguido por el gobierno venezolano y quien, aunque se encuentra en una isla desierta en el archipiélago de las islas Ellice (actualmente Tuvalu) constantemente menciona a su país, a la cual llama patria.

La siguiente pregunta es: ¿qué importancia tiene esta circunstancia? La presencia o mención de Venezuela, o la nacionalidad del protagonista, ¿es un hecho relevante?
Recuerdo que una vez nos contaba Aquiles Nazoa que cuando estrenaron en Caracas  El Ciudadano Kane la gente hacía largas colas para verla porque Orson Welles hace en ella un chiste a costas del presidente de  Venezuela, que entonces era  el general Eleazar López Contreras, aunque muchos no entendían la película. 
¿No habrá entonces un elemento provinciano, quizá un tanto patriotero, en estas consideraciones mías, de las que habría que deslastrarse?

El pasado año José Balza se hizo eco de un artículo publicado el 19 de enero de 1941 en el diario El Universal de Caracas,  donde se afirma:

 “a los efectos de la narración, lo mismo habría podido ser la nacionalidad de nuestro héroe argentina o mexicana”. Balza se hizo solidario del articulista al afirmar: En efecto, esa novela no posee nacionalidad y su protagonista menos. (Balza no menciona el nombre del articulista)

Eppur si muove: y sin embargo…
Al comparar las fechas de la escritura y publicación de la novela con el acontecer nacional e internacional, no puedo dejar de hacer ciertas conjeturas y consideraciones:
Si bien es cierto que la novela se publica en 1940, a los 26 del autor, Bioy Casares comienza a escribir La invención de Morel a los 23 años, es decir, en 1937. Si admitimos que es cierta la hipótesis de que “a los efectos de la narración, lo mismo habría podido ser la nacionalidad de nuestro héroe argentina o mexicana”, podríamos afirmar que ese año

1.    De haber sido el protagonista español, hubiera sido un perseguido por el ejército nacionalista (en la España donde triunfaba Franco) o por los comunistas o los anarquistas o los socialistas (en el frente republicano).
2.    De haber sido comunista, gitano, polaco, checoslovaco o judío, en la Alemania de Hitler, hubiera sido perseguido por la Gestapo o por las SS.
3.    Si hubiera nacido en territorio soviético, seguramente lo hubieran condenado y perseguido por trotskista o por ser un elemento peligroso, enemigo del pueblo.
4.    Si, por el contrario, hubiera sido italiano, el paisano de Calcuta habría sido antifascista y al héroe lo habría encarcelado y perseguido el régimen de Mussolini.

Y así sucesivamente. Pero en la novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel, la nacionalidad del prófugo, del enamorado de Faustina, del rival de Morel, del escritor y memorialista es indefectiblemente venezolana. Y el autor, quien estaba informado de la situación de nuestro país para 1937, cuando recién había muerto Gómez y se iniciaba un prometedor pero aún incierto cambio (del cual a lo mejor no estaba enterado) quiso dar fe en esta extraordinaria novela de misterio, de la situación de persecución en que se encontraban los intelectuales y opositores al régimen militar. El mismo José Balza, quien le había dado la razón al articulista de El Universal, no puede menos que admitir:

Venezuela, como su Patria, es mencionada tres veces, Caracas cinco. Y la decisión del joven Bioy de concebirlo como un perseguido y hacerlo exilar desde esta ciudad, justo cuando en 1937 la reciente muerte del dictador venezolano debió ser noticia fresca en América, no puede ser ignorada: la cruel fama del tirano bien podía justificar un personaje que escapa para salvarse. Es cierto, entonces, para la Venezuela de aquel momento La invención de Morel en nada se relaciona con el criollismo de Gallegos, pero su vínculo es más profundo: es el de la injusticia, la persecución y la muerte, habituales procederes políticos de aquellas décadas y que, cíclicamente, parecen haber vuelto ahora a nuestro país.


Aunque La invención de Morel no es una novela política ni costumbrista tampoco es políticamente neutral o aséptica. Denuncia claramente la persecución de las libertades ciudadanas por un régimen militar dictatorial y escoge a Venezuela por algún motivo, que no creo difícil de adivinar.
Este es un valor adicional a su novela, que nos da a nosotros un motivo más para emprender la grata tarea de su lectura.




N.B. Con la excepción de la portada de la primera edición de La invención de Morel y de los generales Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras, las fotografías corresponden a las películas El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961)  L'invention de Morel (Claude-Jean Bonnardot.1967) y L'Invenzione di Morel (Emidio Greco 1974)



                                                        REFERENCIAS


Adolfo Bioy Casares. La invención de Morel. pdf
Balza, José. Todos los tiempos el tiempo (Bioy, Paz, Cortázar). El Nacional. Papel Literario. 7 de diciembre 2014
Thomas C. Meehan. Preocupación metafísica y creación en La invención de Morel por Adolfo Bioy Casares . University of Illinois at Urbana-Champaign. Publicado en pdf por Centro Virtual Cervantes.

Fernando Martín Peña. El año pasado en Marienbad. Entrevista con Alain Robbe-Grillet. Publicado por Marco Antonio Moreno en 21: 26
Wikipedia. Artículo La invención de Morel.

José Miguel García de Fórmica-Corsi. Retorno apasionado a la isla de Morel. En: La mano del extranjero. Blog sobre ficciones del cine, la literatura y el cómic. 23-03-2013 ver: https://lamanodelextranjero.wordpress.com/2013/03/23/retorno-apasionado-a-la-isla-de-morel/

domingo, 27 de septiembre de 2015

UN RETAZO PARA LILIA




Recién graduada de médico, a mi tía Ligia se le ocurrió la peregrina idea de
casarse con un marabino e irse a vivir allá. Todavía faltaba mucho para que se construyera el Puente sobre el Lago y del Zulia nos llegaban esporádicas noticias. En Caracas se conocía muy poco la gaita y tengo la impresión de que los caraqueños hablábamos con un acento más uniforme y marcado, no desfigurado por la influencia de la televisión, inevitablemente en blanco y negro.
Mi primera visita a Maracaibo no tuvo un comienzo muy afortunado. Un desmayo (lipotimia, en el argot médico) debido al excesivo calor, me obligó a levantarme con cuidado de la mano de la señora Rosalía, madre del esposo de Ligia, en una casa situada en una calle al sur de Bella Vista, cerca de una bomba de gasolina que aún llaman "de los Quintero". Tendría entre 12 o 13 años y no conocía a nadie. Luego encontré a tres familiares políticos de mi edad, con quienes salí a la calle y recorrí la ciudad. A pesar del tiempo que ha corrido, recuerdo que vimos la penúltima película de Chaplin, Un rey en Nueva York.
Desde entonces mis visitas a Maracaibo se hicieron consuetudinarias. No había vacaciones que no se convirtieran en pretexto para visitarla. Ligia se mudó a la quinta Marialba en Las Mercedes.

Hay que decirlo todo: no me había ido muy bien ese año 1958 con algunas materias cursadas en el Colegio La Salle de Tienda Honda, en Caracas. En agosto del 59 me quedé para tomar unas clases particulares con el profesor Kugler, quien tenía en su oficina la delicia de un aparato de aire acondicionado cuyo olor a limpio no he podido olvidar (me ocurría lo mismo con la desaparecida Sears Roebuck en Caracas y me sigue pasando en el Aula Magna de la UCV).
Bueno, en esas clases conocí a quienes fueron desde entonces mis amigos maracuchos de siempre, con quienes compartí ese año que me quedé estudiando allá y con quienes cultivé una inimitable amistad hasta que el desgaste de los años, los diferentes caminos y la muerte de alguno de ellos nos fue separando y dejándolos petrificados en mi memoria a la edad en que los conocí.




Los viajes semestrales se hicieron anuales y progresivamente cada vez más espaciados. Ligia se había casado de nuevo y había empezado a especializarse en psiquiatría. Yo terminaba la secundaria, luego cursaba la carrera médica y seguía sus pasos en la misma especialidad. Finalmente mis viajes al Zulia se distanciaron hasta limitarse a los congresos de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría o al sepelio de los primos que murieron prematuramente, del tío político y por último de la misma Ligia.
Conocía a algunos de los psiquiatras compañeros suyos, especialmente los que cursaron el primer postgrado de esa especialidad de la Universidad del Zulia, así como al director de ese curso, Ramón Ávila Girón, quien visitaba a Ligia y a su segundo esposo.
Hacía yo el Internado Rotatorio en el Hospital Vargas, pero ya tenía decidido el camino a seguir en la psiquiatría. Por ello asistí al II Congreso Venezolano de esa especialidad en la ciudad de Valencia. Ligia participaba ya como especialista y con ella se encontraban algunos residentes de postgrado, aún en formación.  Una pareja muy compenetrada destacaba en esa cohorte: eran Eligio Nucette y Lilia Meléndez, quienes participaban con interés en las tareas del congreso y
disfrutaban de las actividades extra-congreso. Los recuerdo divertidos y cordiales, departiendo con los que estábamos en una discoteca de Valencia, después de terminado un día de las sesiones. 


Eligio me recordaba que una vez que vinieron a Caracas a visitar a Ligia coincidieron con Aquiles Nazoa y Balbino Blanco Sánchez, quienes se encontraban en mi casa de la parroquia Altagracia en una de esas reuniones que inventábamos con cualquier pretexto.

Después nos seguimos encontrando en congresos y jornadas, participando en foros, simposios y mesas redondas. Lilia nos tiene acostumbrados a su presencia en estos menesteres con su  disciplina  y su capacidad de trabajo intelectual y de producción en su numerosa bibliografía de la especialidad psiquiátrica.
Por eso me sorprendí cuando me hizo llegar esta colección de relatos y cuentos. No conocía esa faceta suya. Leyendo el currículo que precede este Itinerario, me enteré de que había publicado algunos cuentos en la prensa zuliana.
Es muy fácil simplificar las cosas y decir que la producción científica de la doctora Nucette es una cosa y estos relatos de Lilia Meléndez son otra. Las dos caras de la moneda. Persona y Sombra. Hemisferio izquierdo y derecho. O usando el símil de las tiras cómicas, que tanto le gustan a ella, Superman y Clark Kent, Batman y Bruno Díaz. Una disociación, en este caso feliz. Quienes no la conocen podrían hacer esa conclusión precipitada.
Pero nada más lejano de la realidad que esta dicotomía. Quienes la conocemos, aunque sea de lejitos, como en mi caso, no podemos haber dejado de percibir la pasión, el compromiso personal de su obra profesional. Y por otra parte, entrever la inteligente ironía, la distancia cordial que establece la narradora de este Itinerario con su relato, su paisaje y sus personajes. Lo que cambia es el punto de vista: allá la necesaria objetividad para que se trate de un discurso comunicable y compartible (o discutible) por una comunidad científica. Aquí es el sujeto quien muestra a través de su transparencia como existente, su entorno, su paisaje, su situación.

Por ello, cuando me honró con su invitación a escribir este prólogo,  le pedí que me permitiera expresarme con la mayor libertad posible en un proemio que, más que un análisis del libro, fuera una invitación o más bien incitación a zambullirse en la experiencia de su lectura, desde la perspectiva del lector lúdico que soy, con la carga expresa de subjetividad que esta condición conlleva. Si leer es reescribir, como aquel Pierre Menard de Borges proponía, la lectura de su Itinerario despertó en mí una serie de evocaciones y asociaciones ligadas a mi temprana adolescencia que inevitablemente se convirtieron en un texto que  fue tomando espontáneamente la forma de crónica, de narración.

Este es mi relato, esta mi invitación.

Eligio Nucette, Nelson Cárdenas, Lilia Meléndez, Ligia Padilla y Tomás Godoy

El presente texto, con algunas modificaciones,  es el prólogo del libro Itinerario (Relatos) de Lilia Meléndez de Nucette. Maracaibo. Ediciones Astro Data S.A, 2015