Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







miércoles, 4 de abril de 2018

50° ANIVERSARIO DE "2001"

Ha llegado la hora de celebrar las bodas de oro de la obra maestra absoluta de Kubrick.








Cuando, en el cine Florida,  un grupo de amigos entre quienes recuerdo a Haydée Áñez, Ester Rosario Valero ("Challo"), Juan Carlos Núñez y Juan Marcelo Hernández León (Marcelo) , vimos el estreno de 2001: Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick, nos quedamos literalmente sin palabras, maravillados y estupefactos. La sensación colectiva era de que estábamos frente a algo absolutamente diferente a lo que hubiéramos presenciado antes.  En sucesivas exhibiciones de este film, cuando la volví a ver a la semana, al mes, a los seis meses, a los quince años ya con mi hijo, treinta años después en la Cinemateca Nacional, cuarenta años después en DVD, la sensación, aunque atenuada por los años y la desensibilización sistemática por la exposición en vivo,  ha sido la misma: la de lo inefable. No se puede explicar la impresión de esta película.




No es una figura retórica. No se puede explicar con palabras. Ojo: no estoy afirmando, cual irracionalista, que no se pueda hacer crítica o análisis de este film. Lo que quiero decir es que no se puede transmitir la experiencia con palabras.
En un documental realizado por Jan Harlan en 2001, justo dos años después de la muerte de Kubrick en 1999, aparecen las opiniones de algunos personajes del cine que parecen coincidir con lo afirmado anteriormente:

Martin Scorsese (director de cine) . En esa época supe que Kubrick era el elegido. Había directores extraordinarios, todo el mundo filmando. pero después de ver Lolita y Dr. Strangelove había algo. Sabía que debía esperar para un film suyo. Sabía que cuando íbamos a verlo...que era muy especial. Esperábamos mucho de él, honestamente. Y en "2001" lo tuvimos.

Steven Spielberg (director de cine). Recuerdo cuando vi el film por primera vez sentí que no era una película. Era la primera vez en que cambiaba la forma cinematográfica. No era un documental. No era una obra dramática. Y no era realmente ciencia-ficción. Era eventualidad científica.

Brian Aldiss (escritor). A diferencia de muchos escritores de ciencia-ficción, incluyéndome a mí,  consideraba incognoscible al futuro. Es el primer film, la primera obra de ciencia-ficción que muestra al futuro como incognoscible.

Tony Palmer (director de cine, especialmente documentales de música). Creo que la historia del cine se divide en dos épocas fundamentales: antes y después de Stanley Kubrick, especialmente en lo referente al uso de la música. Antes de Kubrick la música tendía a ser como un adorno para realzar emociones. Después de él, por su manera de usar la música, en particular la música clásica  , [ésta] se hizo parte absolutamente esencial del viaje narrativo e intelectual del film.
Conocía esa obra de Ligeti  [compositor húngaro de vanguardia] y recuerdo haber visto "2001" y pensar: "¡No puede ser Ligeti en una película de Hollywood!". Pero lo era, e hizo que la secuencia fuera inolvidable.
Nunca supe si [en "2001"la imagen surgió de la música o viceversa. lo cierto es que tanto en su imaginación como en la nuestra se hicieron totalmente inseparables.

Woody Allen (director, guionista y actor). Cuando vi "2001" por primera vez no me gustó. Me decepcionó mucho. 3 o 4 meses después estaba en California con una mujer que decía que "era un film maravilloso". Volví a ver la película y me gustó mucho más esta segunda vez. Un par de años después la vi de nuevo y pensé: -"¡Oh, es una película sensacional!" Fue una de las pocas veces que descubrí que el artista estaba muy por delante de mí.

Recientemente he leído algunas críticas de "2001" que simplifican el mensaje de la película reduciéndolo (Freud dixit) a su contenido manifiesto. El mismo Arthur Clarke, autor tanto de la novela como coautor del guión, orienta el mensaje de la película a la aparición de seres  extraterrestres, aunque en su caso, dice también que Kubrick consideraba inconmensurable al universo. A pesar de la autoridad de Clarke, no me convencen los reduccionismos que han intentado  ver en el film sólo el relato de extraterrestres que siembran inteligencia en el universo. Y esto lo afirmo recordando que 2001 es, ante todo un filmuna película. Es decir, imágenes en movimiento y sonido. Esto, que parece obvio, no lo es si reducimos la comprensión de la obra a su guión. Y esta interpretación la empobrece tremendamente. Kubrick era ante todo un artista visual. Al respecto, y para finalizar esta escueta crónica sobre "2001", voy a citar dos frases del propio Stanley Kubrick que pueden servirnos de guía:



 "...el cine se mueve a un nivel más cercano a la música y a la pintura que a la palabra escrita. Por eso las películas ofrecen la oportunidad de explicar conceptos y abstracciones sin la tradicional dependencia de las palabras.  En dos horas y cuarenta minutos [en "2001"] hay tan sólo cuarenta de diálogo."
Por eso la reducción al contenido narrado verbalmente en el guión no se corresponde ni siquiera parcialmente con las imágenes del film, por lo menos en Kubrick, porque los aspectos inconscientes del cineasta, que es lo que hacen de él un creador, son los que sintonizan con los del espectador. Esto es lo que constituye la fuerza del arte: que no es mera información, sino poiesis, creaciónEn 1960 Kubrick confesó a Robert Emmet Ginna:

Una de las cosas que me resultan más difíciles al terminar una película es que los periodistas o los críticos me pregunten: "¿Qué ha querido decir?" Espero que no me consideren un presuntuoso por utilizar esta analogía, pero me gusta recordar lo que T. S. Eliot contestó a alguien que le preguntó qué quería decir con un poema, creo que era Tierra baldía. Eliot respondió: "Quería decir lo que he dicho. Si hubiera podido hacerlo de otra manera, lo habría hecho"





En 1969, 2001: Odisea del espacio no fue ni siquiera nominada o candidata como mejor película (sí  en mejor director, mejor guión original, mejor dirección artística y mejores efectos especiales). Al final Kubrick sólo recibió el Oscar por mejores efectos especiales.
El Oscar por mejor película fue otorgado a  ¡Oliver! (Oliver!) de Carol Reed, quien recibió también el galardón como mejor director.

(Fragmento de la entrada El Óscar: perdedores y ganadores publicada en este blog el 30 de agosto de 2013)









sábado, 3 de febrero de 2018

LA CURACIÓN POR LA PALABRA

Revisitando una pequeña gran obra de Laín Entralgo



A Gretchen






Pedro Laín Entralgo






En 1986, para cumplir con la obligación de redactar un trabajo en la asignatura “Lengua y Comunicación” del Instituto Universitario Seminario Interdiocesano [IUSI]”, hoy “Universidad Santa Rosa de Lima”, releí y resumí (o “condensé”, como dicen algunos) el enjundioso libro de Pedro Laín Entralgo “La curación por la palabra en la Antigüedad Clásica”.  Sus avatares y destinatarios aparecen al final de este trabajo (Ver en Apéndice "Nota introductoria"). 
Treinta y dos años después, ya convertido en un viejo bloguero, me atrevo a dar a conocer ese texto escolar con la certeza de que será de sumo interés en todos los que se ocupan de la palabra bien sea como psicoterapeutas, oradores, maestros o estudiantes de postgrado. 













I.- La Palabra Terapéutica en el epos homérico


         Ante  la  Ilíada y  la Odisea, los lectores o críticos de nuestro siglo han adoptado dos tipos de actitud: o bien una posición idealizadora, en la cual el epos homérico es un modelo perfecto de todo lo que ha existido y existirá en Occidente, o una de primitivizacion: la Ilíada y la Odisea no serian más que expresión de una cultura primitiva, con todo lo peyorativo que este término supone.

         Los médicos que han estudiado a Homero han adoptado por lo general la primera postura. Por ejemplo: en una famosa escena en la cual Ulises fumiga con azufre la sala donde asesina a los pretendientes de Penélope, los historiadores médicos creen encontrar anticipos de medidas higiénicas. Olvidan que esta fumigación en la antigua Grecia tenía un carácter de rito purificador o catártico.

         ¿Cuál sería el origen de la enfermedad en los poemas homéricos? Cuatro causas le atribuyen los textos. En primer lugar un origen traumático: lo más frecuente en relatos de guerras. Abundan los heridos y muertos por lanzas, espadas, flechas y piedras. Son visibles y comprensibles para el espectador o narrador.








En segundo lugar, las causadas por los dioses, bien sea como castigo, o para resolver conflictos y situaciones entre los personajes.

         Otro tipo de enfermedad es la de origen ambiental, debida a causas naturales, externas y no traumáticas, como el clima o sustancias venenosas. Finalmente, Homero menciona enfermedades causadas por posesión demoníaca.

         ¿En qué consiste la enfermedad en sí?... en una “pérdida” o “escape” del alma del paciente, en la penetración mágica del cuerpo por un objeto, o bien en la posesión del sujeto por un δαίμων (daimón).  Los dos últimos casos relacionan el hecho de enfermar con cierta cualidad de impureza o contaminación que debe ser lavada.

         Para conocer mejor la enfermedad y su tratamiento es necesario comprender lo que Homero entiende por “Naturaleza”,  que  en  griego  se
expresa con la palabra “φύση (“physis” o “Fysis”) : de allí viene nuestra “física”, algo “físico”). Como verbo (“fyein”) significa “crecer”,”brotar”, “nacer”. Para Homero, “Naturaleza” es la suma de todo lo que nace y crece, germina y adquiere su forma por “un impulso generador” (Laín E., 25). Tiene ciertas propiedades: por una parte el cambio, la mutabilidad. Animales, elementos todos, hombres… todo cambia.












 Por ejemplo Circe cambia a los hombres en cerdos. También se aprecia una participación de lo natural en lo divino y un sometimiento de los dioses al orden “físico”. Otro rasgo de los seres naturales es su caducidad. Todo es perecedero. Finalmente se destaca su regularidad. La naturaleza está sometida a las leyes, primeros atisbos de una mentalidad científica. En lo tocante a medicina, “si en este cuerpo herido se hace esto, resultará aquello”. La naturaleza puede incluso, por sus leyes, oponerse a la acción de Circe.

         Esta concepción de la naturaleza es el nuevo marco del estudio que permite que entendamos los métodos terapéuticos de Homero. Prescindiremos de los quirúrgicos, farmacéuticos y dietéticos para ocuparnos de las prácticas catárticas y del ensalmo.

         En diversos pasajes se menciona el baño como una forma de alejar la enfermedad de los individuos y colectividades. Para algunos autores se trata de una medida de limpieza. Para otros esta disposición es de índole ritual, purificadora. Sin embargo, una de las tres posiciones integradoras parece la más cercana a la verdad: el baño purifica ritualmente, pero lo hace limpiando a los hombres de la contaminación física; ésta tiene un carácter de impureza, ya que materializa el castigo de los dioses.





“Los caros hijos de Autólico reuniéronse en torno del intachable Odiseo, igual a un dios, para socorrerle: vendáronle hábilmente la herida, restañaron la negruzca sangre con un ensalmo y volvieron todos a la casa paterna” (Odisea, XIX, 457)







         Esta es la única vez que Homero menciona el uso del ensalmo con intención terapéutica y la primera vez donde aparece este término (“epodé”,  en griego) para designar el ensalmo mágico o conjuro. (Cf. Apéndice.) Nótese que hay una parte física, el vendaje, y otra mágica, el ensalmo. Para algunos autores, la ligadura también es un gesto mágico (ligar=atar los demonios). El ensalmo se diferenciaría de la plegaria en que esta tendría un matiz de oración, mientras aquella seria una impetración u orden con eficacia definitiva sobre la realidad.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   En otros casos la palabra utilizada ante el enfermo busca deleitarlo,  disponerlo, recrearlo, a que colabore con el tratamiento.  Aquí el uso de la palabra es conscientemente natural, por la acción psicológica de ésta sobre el oyente. Finalmente la palabra puede ser sugestiva o seductora,  pero no se menciona en este trabajo su relación con la enfermedad  y su curación.


















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II- De Homero a Platón


         Entre el orden siglo VIII a.C. y el siglo V a. C (finales) es decir, entre la Grecia de Homero y la de Pericles, se produjo un cambio religioso, moral y psicológico del hombre griego. Esta modificación, que algunos estudiosos han llamado “tránsito de una cultura del pundonor a una de la culpa”, tuvo repercusiones importantes en la visión de la enfermedad y su curación.

         En el orden religioso, los hombres sintieron con más pesadumbre la acción de los celosos y perturbadores dioses sobre sus destinos. Aparecen y se difunden nuevos cultos a divinidades diferentes a las del Olimpo. Crece la consciencia de ser intervenido por tales dioses. En el aspecto moral se pasa de una vida guiada por el ideal de la virtud homérica y del heroísmo a un difuso y creciente sentimiento de culpabilidad que se manifiesta en la proliferación de ritos purificadores en toda Grecia. Pululan “catartas” profesionales que cobran por el oficio de borrar las faltas cometidas por los clientes o sus ancestros.





         En el orden psicológico va tomando cuerpo la creciente irracionalidad en las mentes griegas. El pueblo helénico es testigo o portador de  la manía: el  éxtasis causado por  los dioses,  la cual  adopta cuatro formas:
1.     la manía profética o apolínea,
2.     la manía ritual o dionisíaca,
3.     la manía poética inspirada por las musas, y
4.     la manía erótica, como un regalo de Eros y Afrodita.

         Estos cambios en la mentalidad griega han sido interpretados como una actitud evasiva frente a grandes mutaciones sociales y a las tensiones crecientes en el seno de la vida familiar: la familia patriarcal se ve amenazada por una mayor exigencia de autonomía y la hegemonía de Zeus con su panteón olímpico cede ante la proliferación de divinidades menores. Rebelión contra el padre (familia) y contra Zeus (religión): génesis de sentimiento de culpa.

         ¿Cómo fue entonces afectada la visión de la enfermedad?
Cuatro características merecen destacarse: en primer lugar, se acentúa y propaga la creencia en su carácter primitivo: es el castigo de una falta personal, colectiva o familiar. El enfermo es contaminado por un “miasma” o poseído por un demonio. En segundo lugar, aparecen nuevas enfermedades. El frenesí dionisíaco cada vez más difundido, originó en el hombre griego una propensión a cambios súbitos y fugaces en su capacidad de sentir y percibir. Ciudades enteras se conmovieron por epidemias de verdaderos delirios.







          En tercer lugar, proliferaron los tratamientos purificadores. Abundan los oráculos medicinales  y los encantamientos,  se contagia de práctica de las ceremonias catárticas, cunde la asistencia a los cultos orgiásticos. El frenesí de la danza y el éxtasis dionisiaco arrebata a las muchedumbres… los templos de Asclepio se ven  abarrotados por multitudes que se someten a la “incubación”, cura de sueño sacral,  palabra e imagen del hijo de Apolo…  


         Por último, el médico un “iatromante” [mantis: adivino; iatros: médico], es decir, expertos y catarta,  sabedor de hierbas medicinales y adivino. Curandero y liberador de la contaminación. Es fácil comprender el papel de la palabra en la curación de los males en esta complicada época. El ensalmo es “en-canto”, conjuro y música, útil para los males de amores, pero también eficaz para librar y consolar a los heridos por armas o maltratados por el clima… es el culto órfico.
         Algunos protestan, señalan límites. Sófocles dice: “No es propio de médicos sabios recitar ensalmos frente a dolencias que exigen un cuchillo” (Laín Entralgo74), La palabra es grito en el culto a Dionysos, oráculo en la adoración a Apolo, donde también toma la forma de peán, encantamiento de la enfermedad, ensalmo. Las palabras secretas de los misterios de Eleusis son pronunciadas también con intención sanadora.  Los sacerdotes






 de Esculapio corrigen la “ametría” o desmesura de sus pacientes invitándoles a componer poemas. No hay duda: sin intención expresamente mágica, pero sí directamente apoyadas sobre la honda fe del pueblo griego en la virtud sanadora de Asclepio [Esculapio], las palabras de éste tuvieron con frecuencia innegablemente carácter psicoterapéutico (Laín Entralgo 90,91)
        
         A partir del siglo VI a.C. va insinuándose, en los poetas y trágicos, un empleo metafórico de los términos “ensalmos”  y  “hechizo”. La expresión “un relato hechizador”, por ejemplo, significa ahora una narración sugestiva, capaz de curar los males causados por las palabras. Píndaro le atribuye tal fuerza sugestiva a sus poemas que los llama “ensalmos”. Este paso  hacia el lenguaje figurado no deja de tener relevancia: los griegos aprecian la eficacia social del lenguaje. Hablar bien es tener poder. El poeta o el orador es un “ensalmador”, alguien que ejerce una influencia en las voluntades. “Persuasión” se convierte en una diosa llamada “Peitó”.

         Los filósofos  se ocupan poco del asunto. Pitágoras dosifica sonidos y palabras según la armonía numérica que ordena el hombre con el cosmos. Empédocles se jacta de quienes lo buscan por oír una palabra sanadora. Heráclito, en cambio se muestra despectivo: “Todos esos cantores populares (en-cantadores) son embaucadores”.

         Los sofistas en cambio desarrollaron el uso persuasivo de la  palabra hasta convertirla en un arte. Hay una técnica de persuasión que permite cambiar la opinión de los hombres. La palabra es un fármaco [φάρμακο] que puede curar o envenenar. Si se conoce el arte de la persuasión se podrán cambiar los hábitos del enfermo, un buen retórico puede curar mejor que un médico que no sabe persuadir.

         Sabemos muy bien el modo en que Sócrates ridiculizó a los sofistas. En lo tocante a enfermedades razonó así: El retórico convence a los ignorantes en medicina; el mismo la desconoce. Es un ignorante que persuade ignorantes.  No conoce la realidad de las cosas, sólo sabe persuadir en general. Conclusión: o el retórico aprende medicina, o buscará la “agradable” mas no lo “mejor”.

         Generalmente pensamos que todos los sofistas eran deshonestos. Pero había excepciones, como Antifonte,  quien recogió las objeciones de Sócrates y respondió: La labor del retórico es librar al hombre de su falsa necesidad, debida a la “opinión” y no a la “naturaleza”. Algo similar apunta Demócrito; La norma no se debe oponer a la naturaleza. Por el contrario, puede generarla, el sabio debe distinguir las necesidades convenientes de las nocivas.


















III- La racionalización platónica del ensalmo


PLATÓN


         El término “ensalmo” abunda en los diálogos platónicos. Unas veces aparece en su sentido tradicional: es el conjuro o la imprecación. En otras ocasiones es la palabra cargada de eficiencia psicológica: “ensalmar” es seducir, apaciguar.


         Hay un texto que reviste especial relieve por su relación con la enfermedad. En el Cármides platónico, Sócrates se encuentra con el joven así llamado, quien  le pide algún remedio contra el dolor de cabeza. Sócrates le responde que posee una receta; está compuesta de una planta y una fórmula de encantamiento… pero la planta por sí sola no hace ningún efecto: se necesita la fórmula.

         “Si los médicos griegos son impotentes contra la mayor parte de las enfermedades, ello se debe a la ignorancia que tienen del conjunto que tienen que cuidar, de forma que al estar enfermo el todo, la parte no puede curarse… el  alma  es  la  fuente  de  donde  manan,  para  el  cuerpo y para el  hombre  entero,  todos los bienes y todos los males… Ahora bien, el remedio del alma… consiste en ciertas fórmulas de encantamiento. Estas consisten en los bellos razonamientos que hacen nacer la sabiduría en el alma… La actual equivocación es querer comprender una u otra curación por separado…” (Platón-Aguilar, 270-271).

         El texto es elocuente. Aquí “ensalmo” no tiene nada que ver con la magia. Son los “bellos razonamientos” o “bellos discursos” (cf. Apéndice) los que producen sabiduría (o “serenidad”) en el alma. El alma sabia o serena ordena el cuerpo, lo dispone a la eficacia de la planta.

         En otros diálogos, Platón critica a los médicos por su excesiva preocupación por el cuerpo. La salud requiere la armonía del alma. La “sabiduría” del  Cármides es el equilibrio de las convicciones  intelectuales y virtudes morales. La  enfermedad es el desorden de ese conjunto de hábitos, desequilibrio que corrompe la buena mezcla de los humores corporales. La palabra es sanadora en un doble sentido: predispone a la mejor recepción del medicamento y genera convicciones y virtudes.

         La palabra  es  también  purificadora.  La impiedad,  la maldad,
la  vida  disoluta, la ignorancia  voluntaria, son impurezas que enferman
al hombre. Pero el agente purificador ya no será






el baño lustral o la fumigación con azufre. Sólo la palabra purificadora es capaz de restituir la salud moral por su acción organizadora, integradora.
        
         Platón se convierte en el autor de una teoría y técnica de la psicoterapia .(*)
¿Supieron apreciar su descubrimiento los médicos de la época?
  



Hipócrates examina un niño



IV-La palabra en la medicina hipocrática.

        
Los escritos hipocráticos conocidos revelan que los médicos de la Grecia clásica conocían el valor de la palabra. El “logos” tenia para ellos dos de sus multiformes acepciones (cf. Apéndice)  La palabra es “razón”, es decir “razón de ser”. La realidad puede ser conocida porque tiene  “Razón” se puede dar razón de ella. Tiene “Lógica”. También la enfermedad tiene razón. Pertenece a la “naturaleza” (“φύση”). Desde el punto de vista de su causa, es el efecto de una acción “natural” que altera el orden del cuerpo consigo mismo y con el cosmos. Hay una razón de la naturaleza o “fisiología”. Y una razón de la  enfermedad o “patología”. Sólo es castigo el desorden culpablemente buscado. Lo demás es infortunio, azar. La práctica médica se hace arte o “técnica”. El médico debe “dar razón” de lo que hace y porque lo hace.
        
Para ejercer “según arte”, el médico debe conocer la “naturaleza” del conjunto de todas las cosas y de cada una en particular. Conocer la naturaleza es conocer la organización. Además, ella es el mejor médico… “encierra la capacidad genial de educarse a sí misma” (Jaeger 813). Si la divina “fysis” se opone al arte no hay nada que hacer.

Los razonamientos que no proceden de la observación de la “fysis” pueden ser falsos, según “la opinión” y no “según el arte”.

         La palabra es también expresión o comunicación. En este sentido, puede ser plegaria: el médico debe orar para que su arte cuente con la ayuda de la naturaleza. Puede ser pregunta, dirigida al paciente o sus familiares. Sirve para completar la información obtenida por la vista,  el tacto el olfato y hasta el gusto… También es la palabra el vehículo  para la prescripción.  Otras veces es Juicio pronóstico, expresión del conocimiento e instrumento de prestigio: un buen médico jamás promete curar lo incurable, la palabra enseña e ilustra a colegas y profanos…

         …Los médicos griegos conocieron los escritos de Platón. ¿Qué lugar dejaron en su teoría para aquel “ensalmo” persuasivo, aquellos “bellos razonamientos” que debían preceder las indicaciones farmacológicas o quirúrgicas?

         Los hipocráticos tuvieron conciencia de la interdependencia entre la vida psíquica y la enfermedad. El libro “De las Epidemias” trae un pasaje revelador: “El arrebato del ánimo contrae los músculos, el pulmón, el corazón sobre sí mismos y llama hacia la cabeza el calor y los líquidos, al paso que el buen temple del ánimo dilata el corazón”. (Laín Entralgo, 316).



Por otra parte ellos no desconocían el alcance de sus palabras. “El que prescribe puede engendrar temores y esperanzas” (Ibid, 226). El aspecto externo y porte del médico debe generar confianza, animando o amonestando al paciente con alegría y tranquilidad. Su objetivo es mantener en buen grado el tono afectivo del enfermo. Hasta aquí llegó Hipócrates y su escuela. No pasaron de estas consideraciones generales. ¿Puede hablarse de una psicoterapia hipocrática? No lo parece.

         La palabra se limitó a ser medio para ganar la confianza del paciente y mantener en “buen nivel” su estado de ánimo.
El poder sanador de la palabra parece haber sido ignorado por los médicos
hipocráticos.

¿Cómo explicar esta omisión? Por una parte, experimentaban una visceral repulsa hacia el ensalmo, que conocían en su sentido literal, mágico. Quizás este rechazo les impidió acercarse con amplitud a las analógicas de Platón. También la necesidad de desarrollar un arte basado en las leyes naturales les impediría prestar atención a los aspectos no sensoriales de la enfermedad. Hoy diríamos que la técnica los hizo excesivamente organicistas.

         Sin embargo el pensamiento griego no dejó de profundizar este tema. Aristóteles sí recogió el guante de su maestro Platón.  


















V- El poder de la palabra en Aristóteles

         Platón había distinguido el “logos” dialéctico, buscador de la verdad por el razonamiento, del “logos” mítico, capaz de suscitar creencias por la persuasión. Aristóteles sistematizará esa distinción. Los tratados de lógica no son sino el estudio exhaustivo de ese “logos” dialectico. Por otra parte, la “Retorica” estudia la palabra persuasiva y la “Poética” se ocupa de la acción de esa palabra persuasiva en cuanto “imitación”. Nos ocuparemos de los dos últimos tratados en cuanto guardan relación con el tema sobre el cual venimos reflexionando.

         Dice Aristóteles en el capítulo 2 de se obra homónima: "...Sea pues, la retórica la facultad de discernir en cada circunstancia lo admisiblemente creíble ... La retórica, por así decirlo, parece ser capaz de considerar los medios de persuasión acerca de cualquier cosa" ( Ret. 1355b. Aristóteles, 118,119) . Como técnico, el orador debe ser capaz de convencer de una cosa o de su contraria. Pero luego deberá decidir, en función de los fines, el contenido de su discurso. De acuerdo a tales fines, Aristóteles reconoce la existencia de tres géneros. El demostrativo tiene como fin “lo hermoso”. El judicial o forense atiende a “lo justo”. Finalmente, el deliberativo se ocupa de lo “conveniente” ¿no corresponde a este último el arte médico, el cual busca la salud?


El arte del orador depende de tres factores:


a.- El carácter del que habla. Las condiciones naturales y morales del orador (… o del terapeuta…) lo harán más persuasivo. La proximidad afectiva y moral estrechará la relación con sus oyentes y lo harán digno de crédito. Muchos oradores (léase “médicos”) ignorantes son mas persuasivos por estar más cerca de sus oyentes. (Léase “pacientes”)

b.- La disposición del que oye. El orador debe considerar las características de su auditorio. Debe conocer sus pasiones, así como las personas y ocasiones que modifican la actitud de su público. Tomará en cuenta su edad, fortuna, virtudes y vicios. ¿No es esta la situación del médico cuando realiza la historia clínica?

c.- Lo que el orador dice. La unidad del discurso retórico es el entimema (de “thymos”, ánimo) destinado a actuar en el ánimo del oyente. El ejemplo, la sentencia o aseveración, los tópicos o lugares comunes, la locución ¿no son recursos retóricos que sin saberlo, utiliza el terapeuta?

         Tenemos delante un hombre que ha sido  persuadido por un discurso hábil ¿Qué le ha ocurrido? Aristóteles dice que le han aparecido nuevas creencias y se han modificado las antiguas. Han cambiado algunas pasiones y se  ha  generado un  esclarecimiento  en  su alma.  Todo  esto  le permite
conocerse  de un modo nuevo y descubrir regiones en su propia vida cuya existencia no presagiaba. Si la intención del orador ha sido honesta, no puede conseguir otra cosa sino la verdad, el bien, y la felicidad de su oyente. Traduzcamos esta situación al lenguaje médico y –creemos- no habrá nada que objetar.

         En el capítulo 6 de la “Poética”, párrafo 1449-b, se encuentra uno de los textos mas comentados de la literatura universal. Es la definición aristotélica de tragedia. “La tragedia es, pues, la imitación de una acción de carácter elevado y completa (sic.) dotada de cierta extensión, en un lenguaje agradable, llena de bellezas de una especie particular según sus diversas partes, imitación que ha sido hecha o lo es por diversos personajes en acción y no por medio de una narración, la cual, por medio de compasión y temor, obra en el espectador la purificación propia de estos estados emotivos” (Aristóteles, 82)   

         El diluvio de interpretaciones que este párrafo ha recibido en torno al significado de la famosa “purificación” (en griego Kátharsis) puede agruparse en tres tendencias. Unas destacan con el aspecto estético. Otras subrayan la orientación moral. Finalmente, otras apuntan una comprensión médica de tan discutido término. Nos contentaremos con examinar brevemente las últimas. 

Para la crítica médica la “catarsis” aristotélica…

a.- Es una purga del alma es su sentido literal. (Catártico = purgante). La tragedia hace evacuar un contenido nocivo.

b.- Es purgante en la doble acepción fisiológica y religiosa. Al purgar, la tragedia purifica el alma del espectador.

c.- Tiene una cualidad placentera. Para Aristóteles el placer es el retorno del organismo desde un estado de perturbación a la armonía según la naturaleza. Hay placeres morales. La contemplación de la tragedia produce un bienestar similar al del organismo después de haberse administrado un purgante… Por el temor y la compasión el organismo experimenta una conmoción física (lágrimas, temblor, escalofríos, etc.) y queda liberado del exceso de frío y humedad que le trastornaba. Así restablece el equilibrio normal.

En el orden cognoscitivo, el griego que asistía a una representación trágica, vivía una experiencia singular. El héroe sufre un cambio inesperado de fortuna. El espectador, identificado con el personaje, se desorienta y confunde… es su propia vida. Sólo por medio de una anagnórisis o reconocimiento (de los personajes entre sí) el espectador sale de sus pasajero desconcierto y se da cuenta de lo que pasa en la escena… y en su propia vida.





   No pretendemos agotar las explicaciones sobre el tema de la tragedia, lo cual excede nuestra competencia. Sólo queremos apuntar las semejanzas entre las secuencias descritas por Aristóteles y la psicoterapia contemporánea.

         La palabra, esta vez representada, es capaz de restablecer el equilibrio perdido confrontado al hombre con personajes que son a la vez expresión de su mundo interior, portavoces de su destino. Asimismo, restablece los nexos rotos con sus valores éticos y religiosos, pero no a través de un sermón edificante, sino por la vivencia, en todo su ser, cuerpo y alma, de las eternas constantes que acompañan al hombre.


                                     







Conclusión



          Hemos seguido la huella a la palabra curativa en el período que va desde los siglos IX a IV aC.  Hemos visto su trayectoria desde el ensalmo mágico de Homero hasta la teoría aristotélica de la catarsis. Observando el relativo interés que la palabra persuasiva despertó en la medicina griega del periodo clásico. ¿Puede considerarse que el pensamiento helénico fracasó en el intento de especificar un conocimiento psicoterapéutico?  El inestimable aporte de la medicina hipocrática opacó el agudo descubrimiento platónico sobre la persuasión. Quizás la ciencia médica –o ciencia a secas - no hubiera florecido en occidente si sus cultivadores no hubieran enfocado su centro de interés en el hecho físico la enfermedad.
        
         Pero los hallazgos de Platón y Aristóteles no quedaron relegados al olvido. Por caminos no siempre reales ni fácilmente reconocibles llegaron hasta nosotros. El cristianismo de los Padres, con su rápida asimilación de “todo lo verdadero, noble y justo” (Filipenses 4:8) que habían en la antigüedad, fue el principal canal para trasmitirnos, a veces veladamente el “logos” terapéutico. Lo mismo puede decirse de la medicina árabe y el redescubrimiento de Aristóteles en la edad media. Sería un trabajo que rebasa nuestras modestas intenciones el seguimiento de ese rastro de la palabra persuasiva o catártica hasta la época actual.
         Bástenos con señalar dos líneas de semejanza. Por una parte, podría hablarse de una psicoterapia del aprendizaje, educativa persuasiva, cuyas raíces se remontarían al ensalmo platónico. Por otra, de un enfoque psicodinámico, “de adentro hacia afuera”, del cual sería precursora la teoría aristotélica de la catarsis. Pero el estudio y descubrimiento de estos nexos es una tarea pendiente.




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Apéndice

Nota introductoria del trabajo original


Hace algunos años, mientras cursaba el Postgrado de Psiquiatría en el Hospital Vargas, cayó en mis manos un libro de inusitado título: “La curación por la palabra en la Antigüedad Clásica”. Su lectura me interesó vivamente. Trate de compartirla con mis colegas. Pero, en general, los resultados de mi campaña divulgadora fueron decepcionantes. La enjundiosa erudición de Laín  Entralgo desanimaba a mis prosélitos.
         Mucho tiempo después, cuando revisaba un conocido texto de Psiquiatría, me topé con la siguiente cita: “Laín Entralgo, P. The Therapy of the word in Classical Antiquity ′, Yale University Press, New Haven, Conn., 1970”  (Kaplan, 95)… “mi” libro era editado, citado y estudiado en las universidades norteamericanas, mientras nosotros lo desconocíamos… La ocasión de realizar un trabajo de difusión se presenta ahora, cuando debo redactar una monografía para la materia  de “Lengua y Comunicación I” en el I.U.S.I. Los talleres de esta asignatura me recordaron el poder persuasivo de la palabra y me estimularon a releer, consultando las fuentes que estaban a mi alcance, esta pequeña gran obra. Si logro interesar al lector en su contenido, me daré por satisfecho.

Franklin Padilla.

Caracas, Navidad de 1986





 (*)     Apostilla de 2018. Para el momento, tanto de la publicación del libro de Laín Entralgo (1958) como de mi sinopsis  (1986) no se conocían en Venezuela los trabajos de Aaron Beck sobre Terapia Cognitiva (circa 1960) ni mucho menos habían alcanzado la difusión y popularidad de que gozan ahora, traídos de la mano del Dr.  Rómulo Aponte a finales de la década de los 70 hasta formar parte de los programas de postgrado en Psiquiatría y Psicología Clínica. Pero es innegable su vinculación directa con la mayéutica socrática hasta el punto de considerarse su hija legítima.
 (Comunicación personal de la Lic. Sophia Behrens)


Notas y referencias citadas

 “…Hay en el lenguaje palabras que son, realmente “acorde” de significaciones, frente a palabras que pretenden decir una sola cosa: ser unisignificacionales; y ambas clases resaltan frente a palabras, realmente “ruido” significacional,- verdadera ′algarabía′  de concepto…”

         “…′′Logos′  es palabra que parecería “ruido  en caso de atenerse al diccionario,- sea el voluminoso, escrupuloso y concienzudo léxico de liddell-scott o al Lexicón platinicum de Astius. En su unidad de palabra dícese que significa, entre muchísimas otras cosas, razón de discurso, dicho, leyenda, relato,  cuenta, disertación, proposición, definición, razonamiento, formula, ley, consideración, proporción… para tantos filósofos, gramático, filólogos, logos seria ruido conceptual que, con el progreso de filosofía…, ha de descomponerse en palabras que tengan ya cada una, una  sola significación propia, y un uso exclusivo para cada caso por los biempensantes, bien elocuentes y bien escribientes, quienes, según los casos,  emplearan, especialmente para traducir ′logos′ ′discursos′, y no ′leyenda′ ′proporción′ y no ′definición′…

         “…Cuando un griego – que sabía por estarla viviendo,  hablando, y creando la lengua ′griega′ - emplea insistentemente una palabra, cual ′logos′, para los, según nosotros, tan variados incoherentes y diversos significados es que percibe un acorde′ rico de notas con-sonantes, biensonantes y bien significantes…”

         “…Para él y ellos, en  realidad, ′hablar′, ′ logos′, les sonaba mientras hablaban, y dialogaban entre ellos, y recordaban, persistentemente, a todo eso: razonamientos –cuenta, ′cuenta-y-razón′, resonante a cuenta, cuenta resonante a razón, todo ello perceptiblemente resonante  además y a la una a leyendas, a teología  … ′Hablar-pensar′ con palabras ′acorde′…”



         Juan David García Bacca. (Platón- Edición de la Presidencia de la República, 49-51)

         “Epaoidé, epodé”= ensalmo o conjuro

         “Eukhé = súplica
        
         “Terpnós lógos”=decir placentero

         “Eterpe  lógois” = deleitándole con palabras

         “Mýthoisin térponto” = recrearse con relatos

         “Thelktérios lógos” = decir sugestivo

          ( cf. Laín Entralgo, 39. 41. 42. 44)









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BIBLIOGRAFIA

         ARISTÓTELES. “Obras Completas.” Editorial Aguilar.
                   Madrid, 1967.   1634 pp.

         HOMERO. “Ilíada y Odisea” Editorial Juventud. Barcelona, 1962. 704 pp.

         JAEGER, Werner. “Paidea” Fondo de Cultura Económica México, 1974,         Tercera reimpresión de la de la 1ra.edición castellana en un solo tomo.    1151.pp.

         KAPLAN, H; FREEDMAN, A; SADOCK, B. “Comprehensive  Textbook of            Psychiatry.” Third Editition. Vol. 1 Williams & Wilkins. Baltimore, 1980.          1092 pp

                  
         LAÍN ENTRALGO, Pedro. “La Curación por la palabra en la      Antigüedad          Clásica.” Revista de Occidente, Madrid, 1958. 356 pp.


         PLATÓN. “Obras Completas.” Editorial Aguilar. Madrid, 1969. 1715 pp


 PLATÓN. “Obras Completas” Coedición de la Presidencia de la República            y la Universidad Central de Venezuela. Caracas, 1980. Tomo I. 446 pp.

         “TRATADOS HIPOCRÁTICOS”. Editorial Gredos. Madrid, 1983. Tomo  I,        426 PP.