Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







domingo, 31 de julio de 2011

EL ESTIGMA DE LA ENFERMEDAD MENTAL

                                                                                                          FRANKLIN PADILLA (*)




El tema de la estigmatización reviste una especial relevancia en la actualidad al hablar de prevención en salud mental. Norman Sartorius, ex-presidente de la Asociación Mundial De Psiquiatría, ha llegado a afirmar: el principal obstáculo para la implementación de programas preventivos lo constituye la estigmatización. Es, por lo tanto, una necesidad el conocimiento de este delicado asunto, no sólo por parte de los psiquiatras, sino de todos los profesionales de la salud y el público en general. El problema rebasa la medicina, y se relaciona con situaciones de discriminación social ligadas a estigmas por diferencias étnicas, de género, o económicas. No obstante, aquí me voy a referir específicamente al estigma en relación a la enfermedad mental.
El término "estigma" viene del griego στίγυα , que significa picadura, atravesar, hacer un agujero (DRAE). Su historia tiene origen en la costumbre de marcar a un individuo con hierro candente por alguna infamia o delito que hubiera cometido, a fin de reconocerle. Con el tiempo se asoció a determinadas enfermedades infamantes o impuras (recordemos las prescripciones del Antiguo Testamento sobre las enfermedades de la piel y sobre la menstruación) y más recientemente a enfermedades como la tuberculosis, el cáncer, el SIDA, y, por supuesto, a las enfermedades mentales.

Asociado a este concepto se encuentra el prejuicio, que consiste en una actitud que refleja una disposición desfavorable de las personas hacia el alguien sin que se justifique en la actualidad: por ejemplo, era comprensible cierta aprensión en el siglo XIX hacia el tuberculoso, pero hoy día se trataría de un prejuicio. Cuando la actitud desfavorable se hace más intensa, podemos hablar de discriminación: los individuos o grupos de una sociedad privan a otros de sus derechos o beneficios, incurriendo en injusticia e inequidad (por ejemplo, privándolo del derecho al trabajo).

Una teoría que se ha usado para explicar el estigma es la del etiquetamiento. Al diagnosticar (a veces mal) a un sujeto, se le coloca una etiqueta. Una vez colocada, el sujeto se hace invisible (todos ven la etiqueta, no a él) y a la vez más visible (todos se fijan en él). Lo grave es que tanto el sujeto etiquetado como los demás, se conducen conforme a la etiqueta.

Un aspecto importante que se ha señalado con frecuencia es el hecho de que el estigma no sólo afecta a los pacientes. Los familiares y allegados son también afectados por el estigma, debiendo tomar medidas protectoras como el de aislarse, ocultar al enfermo o negar la existencia del problema  ante vecinos, allegados y su propia familia. Asimismo el personal sanitario  es marcado por el estigma: los psiquiatras principalmente son tratados de "loqueros", y el personal de enfermería, terapia ocupacional, psicólogos clínicos y trabajadores sociales psiquiátricos comparte esta especie de "letra escarlata" o sambenito que los señala de manera indeleble e indubitable, produciéndose el pensamiento falaz que Lewis Carroll mostrara tan claramente en el episodio del Gato de Cheshire en Alicia en el País de las Maravillas:

Alicia comprendió que eso era innegable, así que aventuró otra pregunta:
-¿Qué clase de gente vive por aquí?

-En esa dirección- dijo el Gato, haciendo un gesto amplio con la zarpa derecha- vive un Sombrerero; y en esa otra-hizo un movimiento con la otra zarpa- , una Liebre de Marzo. Ve a ver a quien quieras, los dos están locos.

-Pero yo no quiero andar entre locos-comentó Alicia.
-¡Ah, eso es algo que no puedes evitar!- dijo el Gato-; aquí estamos todos locos.  Yo estoy loco.  Y tú estás loca.
-¿Cómo sabes que yo estoy loca?- dijo Alicia.
-Tienes que estarlo- dijo el Gato-; de lo contrario no habrías venido aquí.

Paradójicamente, el personal de salud mental a veces estigmatiza a los pacientes, especialmente crónicos, cuando se deja impresionar por etiquetas y no evalúa debidamente al enfermo, o desarrolla conductas represivas o de franco maltrato.

CONCEPTOS ERRÓNEOS Y ESTEREOTIPOS

Detrás de la estigmatización, el prejuicio y la discriminación existe una serie de conceptos erróneos o estereotipos, a veces no formulados explícitamente, que alimentan en la población el proceso de estigmatización. En el caso de la enfermedad mental, podemos mencionar los siguientes:
  • La enfermedad mental es intratable.
  • Los enfermos mentales. son violentos y peligrosos.
  • La enfermedad mental es contagiosa.
  • Los enfermos mentales son perezosos e informales.
  • La enfermedad mental es resultado de una debilidad de la voluntad
    ("Si pusiera de su parte podría superar eso")
  • Todo lo que dicen los enfermos mentales son tonterías.
  • Los enfermos mentales son totalmente incapaces de tomar decisiones racionales sobre sus propias vidas.
  • Los enfermos mentales son impredecibles.
  • Los enfermos mentales no pueden trabajar.
  • Los enfermos mentales empeoran necesariamente.
  • Los padres son culpables de la enfermedad mental
  • La enfermedad mental se origina por leer demasiados libros.


Éstos, y otros lugares comunes están sumamente arraigados en la población, y forman parte del arsenal de prejuicios que llenan la opinión pública.

 
 ENFERMEDAD MENTAL Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN.



Una de las fuentes que mantienen en la opinión pública los conceptos erróneos mencionados es la influencia de los medios de comunicación social. Es inconmensurable la influencia actual de la sociedad de la información y de los medios, los cuales en vez de favorecer una mejor información sobre las enfermedades mentales y contribuir a reducir el estigma, en la mayoría de los casos  contribuyen a perpetuar el estereotipo de agresividad, imprevisibilidad y maldad en los enfermos mentales. El interés comercial (venta) ha privado mayormente sobre el interés social (información). El mundo de las noticias destaca injustamente y de modo exagerado la relación entre enfermedad mental y agresión y violencia, cuando se sabe a ciencia cierta que esta correlación es muy débil, por lo menos en lo referente a esquizofrenia y trastornos del humor. Se mezclan de forma indiscriminada los diagnósticos y se hace ver como si todo se explicara con el expediente de que se trata de "un sujeto con perturbaciones mentales" o "en tratamiento psiquiátrico". Se usa un lenguaje descalificador ("loco", "perturbado", "demente"…). En el mundo del cine, a pesar de los buenos ejemplos como Mente brillante, abundan films que estigmatizan a los pacientes o a los psiquiatras.
El caso de la televisión es aún más conspicuo: no sólo se descalifica como peligroso al enfermo o al personal, sino que se muestra a ambos con una imagen burlesca, ridícula (son demasiados los ejemplos). Personalmente creo que en parte tenemos la culpa: algunos colegas se han prestado con demasiada facilidad a aparecer en los medios para emitir opiniones superficiales y banales, usando su condición de especialista en la materia, emitiendo diagnósticos a la ligera y sacando conclusiones sin ninguna base. Tampoco ha ocurrido una crítica contundente y perseverante a los tópicos antes mencionados.
Aunque el clima ha mejorado últimamente, falta mucho por hacer.



                          CONSECUENCIAS DE LA ESTIGMATIZACIÓN


En la escalada del proceso de estigmatización vimos cómo el último peldaño lo constituye la discriminación. Implica la privación, por parte de quien la padece, de derechos consagrados en las leyes.  Una consecuencia extrema de la discriminación es la exclusión social, que se define como la imposibilidad de gozar de los derechos sociales, de participar plenamente en la sociedad en que se vive, de la privación económica, social y política.
La más grave consecuencia de esta discriminación, en el nivel político, es la escasez de recursos en los servicios públicos. En el siglo pasado por ejemplo,  el  Presidente de Venezuela Herrera Campins, prometió en 1979 transformar la  División de Higiene Mental del Ministerio de Sanidad en una Dirección General, que tendría un rango mucho mayor y hasta un edificio propio. No sólo no se cumplió dicha promesa, sino que los sucesivos gobiernos (incluyendo el actual) fueron abandonando cada vez más la antigua  División hasta que ésta desapareció y quedó reducida a una oficina con rango de "Coordinación"  y con un ridículo presupuesto para los programas de Salud Mental.
Otra consecuencia tiene que ver con los problemas de vivienda: el enfermo mental no cuenta con facilidades para vivir una vida digna e independiente, pues se le discrimina a la hora de obtener créditos o la posibilidad de arrendamiento. También enfrenta el enfermo mental la carencia de oportunidades de empleo, ya exiguas para la población supuestamente "sana". El estigma también genera aislamiento social, lo que agrava la evolución de la enfermedad. Como dije anteriormente, el estigma afecta también a los familiares cercanos del paciente. Esto dificulta el abordaje terapéutico de la familia , la cual necesita apoyo y orientación para manejar las singularidades y problemas del enfermo.

                                            ¿QUÉ SE PUEDE HACER?

 Consideremos, por una parte, los niveles en que se desarrolla el proceso de estigmatización, y por otra, las medidas que pueden tomarse en cada nivel.
Por ejemplo, el paciente muestra diferencias, bien debidas a la enfermedad, o bien a los efectos secundarios de los medicamentos psicotrópicos. Esa diferencia es percibida por los demás, quienes desarrollan, con base en los prejuicios, una actitud que configura un estigma. Ulteriormente se desarrolla la discriminación y se genera un círculo vicioso, pues el paciente desarrolla conductas, explicables por el etiquetamiento, que retroalimentan el estigma. La intervención, por lo tanto, debe ubicarse en el nivel respectivo: en el de la diferencia, trataría los síntomas y/o efectos secundarios; en el actitudinal, la acción educativa sobre la población debería aminorar el estigma. Si ya existen conductas de discriminación, deben agregarse cambios sociales y legislativos que protejan a la persona enferma.  Resumiendo, podemos seguir este esquema:

PRIMER NIVEL:    Diferencia mostrada por el paciente y percibida por los demás
INTERVENCIÓN:  Tratamiento de síntomas y/o de efectos secundarios,
                               para disminuir la diferencia.


SEGUNDO NIVEL: Prejuicio (actitud equivocada hacia la diferencia).
INTERVENCIÓN:   Educación para adoptar actitudes positivas
                                y aumentar la aceptación.

TERCER NIVEL:    Estigma.
INTERVENCIÓN:   Educación para disminuir la estigmatización
                                y evitar la discriminación.


CUARTO NIVEL:   Discriminación.
INTERVENCIÓN:  Medidas sociales y legales para reducir o eliminar la
                              discriminación y aumentar la integración.



Otras acciones que se deben emprender en la lucha contra el estigma serían:

  • Aumentar el desarrollo en la producción y el uso de fármacos que controlen los síntomas y, al mismo tiempo reduzcan al mínimo los efectos secundarios estigmatizantes.
  • Mejorar la dotación, por parte del Estado, de recursos para la compra y utilización de los nuevos y mejores fármacos en los hospitales públicos que presten asistencia psiquiátrica.
  • Desarrollar actividades educativas en las comunidades dirigidas a cambiar las actitudes y prejuicios.
  • Incluir la formación antiestigma en los programas de capacitación de los profesionales sanitarios.
  • Mejorar la psicoeducación de los pacientes y sus familiares sobre las formas de vivir con la enfermedad.
  • Implicar a los pacientes y sus familiares en la identificación de las prácticas discriminatorias.
  • Promover acciones legales y sociales para erradicar la discriminación.
  • Influir en los medios de comunicación social y participar en la educación antiestigma en redes sociales, publicaciones y blogs.



                                                   BIBLIOGRAFÍA
  1. Goffman, Irving. Estigma: la identidad deteriorada. Buenos Aires. Amorrortu editores. 1986
  2. Asociación Mundial de Psiquiatría. Cómo reducir la estigmatización. En: "La Esquizofrenia abre sus puertas. Programa para combatir el estigma y la discriminación debidos a la esquizofrenia" pp 110-141.  Juan J. López-Ibor y Olga Cuenca, responsables. Madrid 2.000
  3. Asociación Mundial de Psiquiatría. Declaración de Madrid. En: "La Esquizofrenia abre sus puertas (Íbid) Apéndice "F" pp 145-155.
  4. Asociación Mundial de Psiquiatría. Ideas erróneas acerca del enfermo mental. En: "La Esquizofrenia abre sus puertas" (Íbid).
  5. Superación de conceptos erróneos populares sobre esquizofrenia. En: "La Esquizofrenia abre sus puertas" (Íbid) Apéndice "E" pp149-154.
  6. Gardner, Martin. Alicia anotada. Edición de de Alicia en el País de las Maravillas A través del espejo de Lewis Carrol. Ilustraciones de Sir John Tenniel. Traducción de Francisco Torres Oliver. Ediciones Akal S.A. Madrid 1998 p.p. 86 y 87
  7. Montero, Nancy. Padilla, Franklin. Los antecedentes de la personalidad sociopática. Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca. Caracas, 1982
                                                       EN INTERNET
    1. Sartorius, Norman.
    2. Some strategies to tackle stigmatization and discrimination. Every Family in the Land. Chapter 9. World Psychiatric Association 2001.
    3. Sartorius, Norman: Uno de los últimos obstáculos para la mejor la asistencia en salud mental: El estigma de la enfermedad mental (¿ Ibid.?).
    4. Arteaga Pallares, Carlos et al. Entrevista con el Profesor Norman Sartorius. Revista Colombiana de Psiquiatría XXX, Nº 1/ 2001.
    5. Fernández- Cortés, Raquel. Consideraciones entorno (sic) a la estigmatización social del enfermo mental. Interpsiquis 2002.
    6. López- Ibor Aliño. La psiquiatría al final del segundo milenio. http://www.unav.es/psiq 2000.htm.
    7. López, Marcelino, Laviana, M. Fernández, L. López, A. Rodríguez, A.M. y Aparicio, A.: La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. http://scielo.isciii.es/pdf/neuropsiq/v28n1/v28n1a04.pdf


(*) Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría y Director del Curso de Especialización en Psiquiatría. Universidad Central de Venezuela con sede Hospital Psiquiátrico de Caracas









sábado, 23 de julio de 2011

LA REBELIÓN DE LOS NÁUFRAGOS

                                                                                            
The evil that men do lives after them:
The good is oft interred with their bones.

     (Shakespeare:Julius Caesar, act 3, scene II)

El mal que hacen los hombres perdura sobre su memoria
El bien frecuentemente queda sepultado con sus huesos.
(Shakespeare: Julio César, acto 3, escena II)








Existen obras que ejercen un efecto profundo e intenso en el lector, en el caso de los libros, o en el espectador de una obra musical, una obra de teatro o un film. Cada cierto tiempo  aparece una obra así y puede marcar una época en la sociedad o en la vida de aquél a quien llega a sus manos. La lectura de La rebelión de los náufragos (Editorial Alfa, Caracas 2010) de la periodista venezolana Mirtha Rivero, ha producido en mí un efecto de ese tipo. La cuantiosa documentación, de una extraordinaria variedad, cantidad y calidad en torno a los hechos que determinaron la caída del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, ha logrado que todos mis presupuestos, prejuicios, aversiones y preferencias hayan sido revisados, reformulados y en cierto modo iluminados o colocados en una perspectiva nueva, de modo que pueda hablar de un nuevo paradigma personal, (no simplemente de un cambio de opinión) en la comprensión, no sólo de la defenestración de CAP, sino de todo lo que ocurrió después.
Los venezolanos que no militamos ni simpatizamos con el régimen actual, sino que padecemos a diario sus desafueros, amenazas y desaguisados, hemos escuchado (y repetido) hasta el cansancio la pregunta:  "¿Por qué?".  Incluso en clave teológica: "Por qué, Dios mío?".


"Por qué nos pasó esto?"¿Cómo fué posible que llegáramos a convertirnos, de ser una  nación promisoria, con una democracia estable,  en un país que ha retrocedido a modelos autoritarios y atrasados que se creían definitivamente sepultados en el pasado?  De ser un país con instituciones sólidas y creíbles ¿cómo hemos devenido en esta república de tercera o cuarta categoría que ve peligrar su futuro hasta extremos insospechables?
Puedo decir que en la lectura de La rebelión de los náufragos he encontrado muchas respuestas.  Dolorosas y duras respuestas que, a pesar de la tristeza y el dolor que generan  al mostrar nuestra irresponsabilidad y superficialidad como nación, me han producido una gran tranquilidad: la tranquilidad de conocer la verdad.

Arturo Uslar Pietri
La autora no es neutral:  muestra una franca simpatía por el ex-presidente y Pérez y un deseo de rehabilitarlo.  Pero se vale de medios honestos y transparentes.  Sin ocultar su punto de vista, hace hablar a los testigos de ese momento  y permite que el lector saque sus propias conclusiones:  uno a uno van apareciendo economistas, banqueros, dirigentes sindicales, gente de las Fuerzas Armadas, personeros del gobierno de CAP II,  políticos de Acción Democrática,  Copei, MAS, causa R, independientes, la familia presidencial, el entorno íntimo de Pérez, intelectuales, escritores de televisión, empresarios, dueños de los medios de comunicación y hasta un Premio Nobel de Literatura en esta obra coral, densa y profunda.

Carlos Andrés Pérez


Mirtha Rivero nos cuenta la historia desde sus prolegómenos: los meses finales del gobierno de Jaime Lusinchi y la campaña electoral de 1988, que culminó con la victoria de Pérez, para luego, siempre valiéndose de testimonios y entrevistas, pasearnos por la toma de posesión del 2 de febrero de 1989 (la llamada "Coronación") en el Teatro Teresa Carreño, la implementación de las medidas económicas, el Caracazo o Sacudón del 27 de febrero de 1989, la suspensión de las garantías, el golpe del 4 de febrero, la reunión urgente del Congreso, el discurso de Caldera, la apostasía de Aristóbulo Istúriz, la conformación del grupo de Los Notables, el segundo golpe del 27 de noviembre...la telenovela Por estas calles, el distanciamiento del partido de gobierno, el Consejo Consultivo, la actitud de los medios de comunicación, las solicitudes y advertencias de políticos en solicitar la salida de CAP, los cambios en la Corte Suprema de Justicia, la denuncia del Fiscal, el antejuicio de mérito por la Corte Suprema de Justicia, la destitución del Presidente de la República por parte del Congreso, su enjuiciamiento, prisión y condena...

Ramón Escobar Salom

 En cuanto a las conclusiones sobre la lectura de La rebelión de los náufragos, debo confesar que no he metabolizado aún todo su contenido. Queda claro que para la autora se trató de una vasta conspiración de las élites económicas acostumbradas a no competir sino depender de los apoyos del estado, así como a la dirigencia del partido Acción Democrática que veía un peligro en CAP y su prepotencia: junto a ellos, los medios de comunicación social enzarzados en una guerra entre sectores y con el cambio de modelo económico y por supuesto, una multitudinaria protesta popular de la colectividad manejada por esos factores de opinión.  Todo llevó a un golpe de estado incruento, que socavó hasta los cimientos las bases del sistema democrático, que desde entonces hace esfuerzos denodados por recuperar vigencia.  De ahí la palabra defenestración (sacar por la ventana) que recuerda el golpe palaciego de Bonaparte el 18 brumario. Esas son, en resumen, las conclusiones de la autora.


He querido escribir acerca del libro con la intención de recomendarlo  a todos mis amigos y lectores  de este blog. A todos:  a los que se sienten inocentes de lo que ha ocurrido en Venezuela porque "no votaron por Chávez".  A los acérrimos detractores de la política y los políticos.  A quienes tuvieron esperanzas en que el proyecto hegemónico que nos domina pudiera haber traído bienestar a los desposeídos. La lista es larga, pero la resumiría diciendo:  a quienes aman aún a Venezuela. Me gustaría recibir comentarios por este blog.  Pero sólo pondría una condición: que lean el libro.  Estoy seguro que no los defraudará.

Mirtha Rivero


sábado, 16 de julio de 2011

DE PLATÓN Y OTROS ANTIDEPRESIVOS




Lou Marinoff, Profesor de Filosofía en el City College de Nueva York, ha publicado un libro (1) en el cual, a la vez que promueve un grupo denominado "American Philosophical Practitioners Association"
(APPA) que brinda asesoría filosófica al público que lo solicita, diserta con ecléctico espíritu y mercantil intención, no sólo sobre temas filosóficos sino sobre psiquiatría, neuropsicofarmacología y psicoterapia, pues la oferta de la APPA va dirigida a personas con problemas emocionales que rechazan o han quedado insatisfechas con la ayuda de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales afines.
El éxito editorial del libro de Marinoff, que se refleja en la insistencia de colegas  amigos y exalumnos, quienes me urgían en su lectura, motivaron el tema de este editorial. ¿Cómo es posible -me preguntaba- que un libro de autoayuda llegue a despertar semejante entusiasmo, no sólo en el público lego, sino en una valiosa muestra de la psiquiatría nacional? Sobre todo, considerando que allí se despachan recetas en forma de "píldoras" filosóficas, entresacadas de textos de sus autores predilectos, entre los cuales se exalta a Hobbes como "el filósofo más importante desde Aristóteles" y el pobre Kant no pasa de ser... "un racionalista muy influyente".
La descalificación indiscriminada a la psiquiatría como disciplina y la tópica negación de la enfermedad mental, se contradicen en el autor con el reconocimiento de factores "químicos" en algunos trastornos como la depresión, para los cuales, no obstante, propone el remedio de la asesoría filosófica, pues para él, por ejemplo, "...la psiquiatría no tiene nada que decir sobre la injusticia...". Así mismo, bajo la apariencia de "diálogos socráticos" o "cafés filosóficos" en librerías de Manhattan o cafés de Greenwich Village, se dedica a promocionar al grupo de asesores entre la posible clientela, lo cual, de paso, no tiene nada de malo, pues cada quien tiene el derecho de ganarse al pan con su oficio.

Hay que admitir que algunas inconsistencias de los manuales de clasificación de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana (discutidas y criticadas, por cierto, por la comunidad psiquiátrica en publicaciones y congresos) dan pie a las burlas de Marinoff, quien habla del "zoo de supuestos trastornos", lo que me recuerda "El idioma analítico de John Wilkins", donde Borges menciona el hallazgo de una supuesta clasificación de los animales en: "...(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas..."(2)
También tenemos que concederle al autor el beneficio de la duda cuando menciona casos de pacientes para quienes la ayuda psiquiátrica, psicológica o psicoterapéutica fue decepcionante, pues el motivo de consulta implicaba conflictos de índole moral, o lo que Fromm llama dicotomías existenciales, Maslow metapatologías y Frankl neurosis noógenas.  Un enfoque limitado a lo psicobiológico resultará inadecuado en tales casos. La insuficiencia de tanto reduccionismo en la literatura psiquiátrica del siglo pasado (¡el XX!) ha generado una legítima insatisfacción en psiquiatras y psicólogos, quienes se ven desarmados ante personas que solicitan su ayuda por síntomas que tienen que ver con el vacío existencial, la carencia de un sentido vital, la soledad, el miedo a la muerte y un amplio repertorio de temas que podríamos reconocer como específicamente humanos. Para estos males no basta el abordaje meramente biológico o psicológico.  El proyecto matemático de la naturaleza que denunciaba Heidegger (y del cual  son corrresponsables unos cuantos filósofos) no puede dar cuenta de estas necesidades ni proveer ayuda al hombre o mujer que la solicita.

No obstante, lejos de aceptar una ruptura con la razón o con la ciencia -como los desencantados postmodernos proponen- confiamos en esa razón y esa ciencia, siempre y cuando se tomen en cuenta sus limitaciones. Comparto el entusiasmo que en otro editorial de esta Revista (3) el Dr. Fernández Labriola muestra por la biología molecular, pero dudo que ésta sea suficiente para responder a las necesidades humanas. Los avances en neurociencias, genética, psicofarmacología y biología molecular plantean nuevos retos en el campo de la ética y de la antropología (entendida en su sentido amplio como visión del hombre).  Esta es la tarea que los filósofos tienen por delante: enseñarnos a ubicar nuestro lugar y nuestro quehacer. Pero la cumplirán haciendo verdadera filosofía y no una nueva edición de la sofística que ya el viejo Sócrates se encargó de desenmascarar, pues no necesitamos verdades a nuestra medida sino señales que nos orienten en el camino hacia la sabiduría.
Parafraseando a Bacon podríamos decir:

                 "Poca filosofía aleja de la Verdad
                 Mucha filosofía acerca a la Verdad" (4)


Publicado por el autor como Editorial en la Revista del Colegio Venezolano de Neuropsicofarmacología, Volumen 3, N° 1. Año 2001. 


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1.- Marinoff, Lou: Más Platón y menos Prozac. Grijalbo, Barcelona.  Ediciones BSA. 2000.

2.- Borges, Jorge Luis: El idioma de John Wilkins. En O.C. 1923-1972. Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, p. 708. cf. el interesante uso de este texto en: Uribe, Carlos Alberto: La Controversia por la Cultura en el DSM-IV. Revista Colombiana de Psiquiatría, Vol.XIX  N° 4/2000 pp365 ss.

3.- Fernández Labriola, Roberto: Los 20 últimos años de un siglo que se va, una inquietante bisagra: el Genoma, y el futuro cercano de los primeros 20 años del nuevo milenio.(Editorial).  Revista del Colegio Venezolano de Neuropsicofarmacología. Caracas 1999. Vol. 1, p 97.

4.- Citado por Viktor Frankl.  El texto original de Bacon es: "Poca filosofía aleja de Dios, mucha filosofía acerca a Dios"