Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







lunes, 16 de marzo de 2020

LALO ESTUVO AQUÍ

A la memoria de Luis Antonio Reyes,que me presentó a Lalo






¿Sabes de dónde viene este grafiti?, así como la frase “Lalo estuvo aquí”?



¿Sabes qué tiene que ver con un Premio Nobel de Literatura?


La frase original en inglés esKilroy was here  y fue muy popular en Venezuela en mis años escolares, en los 50’ y 60’, apareciendo el dibujito de “El asomado” en cualquier pizarrón, puerta del colegio o en cualquier libro ajeno que se hubiera extraviado.

Yo me había olvidado del asunto hasta que me tocó escribir una entrada sobre la visita que hizo William Faulkner a Venezuela el 6 de abril de 1961. Aquí recibió la Orden Andrés Bello, la más alta condecoración otorgada a un intelectual. y allí pronunció un discurso, con una frase que terminó justo con la expresión, dicha en español: “Lalo estuvo aquí”. En inglés: Kilroy was here”.

Ahora bien, ¿quién es Lalo; o en todo caso: ¿quién fue Kilroy? ¿Por qué lo menciona William Faulkner en una ocasión tan solemne?

Tuve que apelar por las enciclopedias (Wikipedia entre ellas) para encontrar respuesta a mis interrogantes. Allí pude leer:

  La teoría más aceptada atribuye el origen de este grafiti a Jim Kilroy, quien durante la guerra trabajó como supervisor en unos astilleros en Quincy (Massachusetts). Su trabajo era revisar los remaches de las planchas de acero. Cuando acababa con una, les hacía una señal con tiza para diferenciarlas de las que no había comprobado. Sin embargo, se dio cuenta de que a veces le devolvían planchas ya revisadas, probablemente porque la marca de tiza se borraba. Esto era un inconveniente, pues cobraba en función del número de planchas que era capaz de revisar. Para solucionar el problema, cambió la manera de marcar las planchas: con pintura escribía la frase Aquí estuvo Kilroy. Lo normal era que al acabar de construir un buque la pintura aún perdurara en algunas planchas. Esos barcos se usaban para el transporte de tropas, y de esa manera el mensaje llegó a miles de soldados que se dirigían a la guerra.

Faulkner quiso, con la mayor modestia, comparar su presencia como escritor y la justificación de su oficio con la del humilde supervisor de astilleros del ejército que sólo quiere dejar constancia de su presencia. 
De nuevo hago llegar al lector la traducción del discurso con que Faulkner agradeció la condecoración Andrés Bello:

El artista, quiéralo o no, descubre con el tiempo que ha llegado a dedicarse a seguir un solo camino, un solo objetivo, del cual no puede desviarse.  Esto es: tiene que tratar por todos los medios y con todo el talento que tenga -su imaginación, su propia experiencia y sus poderes de observación- de poner en una forma más duradera que su instante de vida frágil y efímero -en la pintura, la escultura, la  música o en un libro- lo que él ha experimentado durante su breve período de existencia: la pasión y la esperanza, lo bello y lo trágico, lo cómico del hombre débil y frágil, pero a la vez indómito: del hombre que lucha y sufre y triunfa en medio de los conflictos del corazón humano, de la condición humana. A él no le toca solucionar la disyuntiva ni espera sobrevivirla excepto en la forma y el significado -y las memorias que representan e invocan- del mármol, la tela, la música y las palabras ordenadas que, algún día tendrá que dejar como su testimonio.


Esta es, sin duda su inmortalidad, tal vez la única que le sea concedida.  Quizá el mismo impulso que le condujera a esa dedicación, no era más que el simple deseo de dejar grabadas el la puerta del olvido, por la cual todos tenemos que pasar algún día, las palabras "Lalo estuvo aquí".

Así pues, estando yo aquí, en este día de hoy, siento como si hubiera ya tocado esa inmortalidad.  Porque yo, un extraño aldeano que seguía en un lugar muy distante, esa dedicación, ese afán de intentar capturar y fijar así, por un momento en unas páginas, la verdad de la esperanza del hombre en el medio de las complejidades de su corazón, he recibido aquí en Venezuela la acolada que dice, en esencia: "Su dedicación no fué en vano.  Lo que buscaba y encontró e intentó capturar fué la verdad".
 
Faulkner recibe la condecoración de la Orden "Andrés Bello" en presencia de Rómulo Gallegos

Para mayores talles de esta visita, hacer clic en https://micolchaderetazos.blogspot.com/2011/11/el-granjero-en-venezuela.html