Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







domingo, 15 de junio de 2014

MI MEJOR REGALO DE CUMPLEAÑOS


                                                                      A Edgar Benítez, por aquello de que la cana engaña






Con la edad ocurre algo diferente a  lo que tiene que ver con la fama, la belleza o la riqueza. Las últimas se envidian. La edad del otro más bien se emula.
Hace unos días me puse a ver con mi primo Luis Miguel la película de Mark Rydell En el estanque dorado (también conocida como Los años dorados),  donde Norman (Henry Fonda) se reencuentra tanto en la vida real como en el set cinematográfico con su hija Chelsea (Jane Fonda), de la que estaba muy distanciado, con la superlativa compañía de Katharine Hepburn, quien interpreta a Ethel, su esposa y madre de Chelsea. La reconciliación entre Chelsea y su padre ocurre durante el verano en el que ella le deja a Billy (Doug McKeon), el hijo de Bill (Dabney Coleman), novio de Chelsea.
Mi primo, un tenaz trotador que ya frisa los sesenta, me comentaba que un film así sería anacrónico rodarlo hoy día, pues actualmente no es ninguna hazaña cumplir ochenta años gracias a las mejoras en calidad de vida y mayor información acerca de la prevención o el tratamiento precoz de las demencias, así como la conciencia que hay sobre la necesidad del ejercicio físico y los buenos hábitos alimenticios. La película debió detenerse varias veces para poder discutir estos tópicos sobre salud, ejercicio y longevidad. De acuerdo, dije. No es para tanto andar celebrando que alguien remonte la cuenta de la séptima década.

Eppur si muove…


Yo acababa de cumplir setenta. Y a pesar de los argumentos de Luis Miguel, a mí sí me parecía una gran cifra esa cantidad y merecía, a mi juicio, celebrarla: tanto que lo publiqué en Facebook.

Pero la otra cara de la moneda (la sombra, dirían algunos) me acechaba con arrechuchos de pesimismo: 

- “Ya tienes setenta, Padilla, no son juegos”, me decía a mí mismo.

Un poco golpeadito por los guarismos, me fui a cortar el cabello en Sabana Grande, donde Juanita, una cartagenera, me afeita desde hace años. Después de terminada la operación y cancelados los honorarios, me bajo de la silla y veo que está esperando sentado el compositor Inocente Carreño, quien me dio clase de solfeo en la Escuela de Música José Ángel Lamas donde también fue jurado de algún examen mío de trompeta.  Al acercarme a su asiento se pone de pié de un salto y me abraza cariñosamente. Me doy cuenta de que no recuerda mi nombre, y después de actualizarlo (que estudié con Sojo, que él fue mi jurado en trompeta, etc) me pregunta a qué me dedico. Le respondo que soy médico especializado en psiquiatría y añado que la última vez que nos vimos fue hace más de cuarenta años en un programa de televisión de Aquiles Nazoa donde ambos participamos. 
- "¡Ah sí, Las cosas más pequeñas!", me dice
- "¡Bueno, sí... Las cosas más sencillas!"

Luego me pregunta la edad y le contesto que acabo de cumplir setenta. 
Después de mirarme fijamente me espeta en el acto:

- "¡Noventa y cinco!" "¡Tengo noventa y cinco años!"¡Te faltan 25 para alcanzarme!" "¡Tengo 95 y no dejo de hacer ejercicio ni un solo día...ni un sólo día!" "¡Sigo componiendo, claro, no con la misma agilidad pero por allí van a estrenar algo mío!"

Seguidamente se quitó la chaqueta con suma agilidad, se dirigió a la silla de su barbero y se despidió cordialmente de mí.
Yo me fui caminando a unos 50 cm. por encima del nivel del piso.
Fue mi mejor regalo de cumpleaños.




6 comentarios:

  1. EDGAR BENÍTEZ ESCRIBIÓ:

    Gracias Franklin por esa pagina tan hermosa y sentida.Tu vida esta cruzada por tantas historias maravillosas . No dejes de contárnoslas.
    Yo sé que no es que te tengo idealizado; pero ¡de verdad que tú hasta te ves más joven que nosotros tus alumnos! . Eres como una versión católica de Dorian Grey o algo así.). También me impresiona tu amplio anecdotario ( por favor cuéntalo en tu página porque en el futuro será un libro maravilloso). Eres también como una neurona de asociación (esas que tienen contacto con todas las partes del cerebro) además , claro está , de lo que has hecho con tu propia vida en sí misma! Tu podrías decir como aquel título de Neruda "Confieso que he vivido". Recibe un gran abrazo y ¡Feliz día del Padre y del Abuelo! Con mi afecto de siempre. Edgar

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  2. Siempre estos relatos del alma, escritos con sinceridad y buena forma, son gratos de leer y me sumo a la propuesta del colega Benitez, de continuarlos y darlos a conocer, ya que somos poco dados a narrar estas pequeñas peripecias. No somo asiduos a escribir diarios y cuantas pequeñas y sabrosas historias, se quedan inéditas.. también me asombra esa revelación de haber llegado a los setenta y en verdad que no cambias, no cosechas arrugas, no aparentas más de 50. Enhorabuena. J. Orellana

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  3. Insisto, no viviré igual de feliz si por alguna razón interrumpieses este fenomenal legado que nos vas dejando a la humanidad, mi querido Franklin. Orgulloso y feliz de ser tu amigo y admirador profundo. Un beso y un abrazo para tí que llegarás a los 120!!!!!!!

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  4. NANCY MONTERO ESCRIBIÓ:

    Querido Franklin:
    Como siempre estoy atrasada en la lectura de tus mail. No soy asidua lectora en internet y eso tiene sus desventajas. Lo primero que diré es que olvidé que tu cumpleaños era el 8 de Mayo, pero espero que sepas que el afecto es el mismo o ahora más dilatado y mejor evaluado. La película los años dorados es muy hermosa y una de mis favoritas desde que se estrenó (no ahora que entré en la séptima década). Espero que entiendas que ése encuentro no fue pura casualidad sino una de las formas que Dios tiene de hacernos dones y expresarnos su amor cuando menos los esperamos. ¡cuánto me alegro por tí! Te deseo muchos más encuentros felices como el que narraste , de ésos "pequeños momentos" está llena la vida cuando sabemos apreciarlos a tiempo.

    Un abrazo

    Nancy

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  5. ¡Mil gracias, Franklin! El Dr.Franklin, recuerdo de mi adolescencia, Franklin de la música y de la literatura, siempre admirado y recordado..
    ¡Qué lindo relato con el maestro Carreño, el sobreviviente de esa hermosa pagina de la Historia de nuestra música...! Tuve la dicha de que fuese mi director en varias oportunidades con la Sinfónica Venezuela y con la Filarmónica, además de cultivar su amistad, de disfrutar las visitas y reuniones en su casa con mi esposo y con otras ex discípulas y escuchar sus anécdotas y el libro de chistes; sobre todo,escuchar su música... En realidad fue un bonito regalo de cumpleaños para ti, Franklin...

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  6. MARÍA CRISTINA DI PRISCO ESCRIBIÓ:
    Franklin, hermoso relato. Estupendo el encuentro con tu maestro exactamente el día de tu cumpleaños. Una coincidencia muy especial.
    Que oportuno recordar esta anécdota justo el día siguiente de la desaparición del maestro Carreño. Muy interesante el vínculo que hiciste con la película Los Años Dorados.
    Se disfruta enormemente la lectura de tu blog
    Abrazos
    María Cristina

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