Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







martes, 9 de febrero de 2016

TRILOGÍA 1: ELECTRA





                                                                                 

                                                                                                           A Déspina Xanthopoulou




UNA FELIZ EQUIVOCACIÓN. Para Michael Cacoyannis resultó providencial la equivocación de un librero. El joven director chipriota de ascendencia griega estaba entusiasmado con el reciente éxito de su amigo Yorgos Tsabelas en el montaje de Antígona. Se dirigió a una librería y solicitó un ejemplar de la Electra de Sófocles. El vendedor, por equivocación, le entrega la tragedia homónima de Eurípides y Cacoyannis se entusiasma con la lectura de este trágico del Siglo V a.C. proponiéndose filmar esta obra con Irene Papas, quien ya contaba con cierta fama y había filmado con Robert Wise en Hollywood. Aunque no se conocían, a Irene Papas le interesó el proyecto, que se rodaría sobre un guión en griego moderno pero guardando extrema fidelidad al original de Eurípides. De modo que con Electra se inició una gran amistad que se prolongó hasta la muerte de Cacoyannis , ocurrida en Atenas el 25 de julio de 2011.  Irene se convirtió en su cómplice, su musa, su actriz fetiche y su colaboradora durante todo el proceso de producción, incluyendo la revisión del material del rodaje de cada día y su opinión para su inclusión en la sala de montaje. .

Electra fue un éxito total, obtuvo el premio a la mejor adaptación cinematográfica de una obra literaria en Cannes, el Oso de Plata del Festival de Berlín,  y la candidatura al Oscar como la mejor película de habla no inglesa

El tercer griego de esta historia (en realidad el cuarto si contamos a Eurípides) es el compositor Mikis Theodorakis, músico y militante político de izquierda, a quien recordamos en Venezuela por haber escrito en 1971 el himno del MAS (Movimiento al Socialismo), prometedor partido de izquierda cuyos fundadores se habían deslindado del comunismo ortodoxo.

Mikis Theodorakis

Esta helénica trinidad permaneció unida después de Electra, participando en 1964 en la película que les daría mayor fama internacional aunque no fuera la mejor realización de Cacoyannis: Zorba el Griego, que dejó grabada en la memoria colectiva de mi generación la imagen de Anthony Quinn bailando el sirtaki en la playa con Alan Bates.




Otra razón para considerar providencial el haber rodado la trilogía en el orden inverso a la cronología es que el momento del rodaje de cada film permitió que Irene Papas pudiera haber representado los tres personajes 
diferentes que interpretó en cada una de las películas, aunque no sabemos si lo hubiera hecho tan bien o mejor de haberle tocado otros. Nacida en 1929 tendría 32 o 33 años para la fecha del rodaje de Electra, lo que le permitió ser la protagonista de este film. En 1971, con 42 años resultó una convincente, perversa y seductora Helena en Las troyanas Y por último, en 1977 tenía 48 años y una apariencia física para convencernos de ser Clitemnestra, la amorosa madre de Ifigenia en la cinta de este nombre que se tornaría feroz vengadora de su hija. Un mal pensado podría creer que todo esto lo tenía fríamente calculado Cacoyannis para que fuera ella y sólo ella quien interpretara estos disímiles pero protagónicos personajes. Pero esto es ir demasiado lejos. No está verificada la especie de que Cacoyannis tenía hecho primero el guión de Ifigenia pero debió postergar su filmación hasta el final, como se ha dicho en varias publicaciones. Según me dijo un destacado estudioso de la trilogía, Cacoyannis se contradijo varias veces al referirse a este asunto.

 A continuación presento la primera de las reseñas sobre las tres películas de Cacoyannis en el orden en que fueron filmadas y estrenadas precedidas de una sinopsis de la trama. En las próximas entradas, Dios mediante,  publicaré las siguientes obras de la trilogía

Electra (1962).  



Ya en Grecia, y finalizada la Guerra de Troya, Agamenón regresa a su hogar y es recibido por su esposa Clitemnestra, madre de Ifigenia, Electra, Orestes y Crisótemis. Amancebada con Egisto, planifica con éste el asesinato de Agamenón en venganza de la muerte de Ifigenia. Electra es casada con un campesino pobre para evitar que tenga una descendencia noble y sea una amenaza para el trono, pero éste mantiene una casta relación con ella, protegiéndola mientras busca a su hermano para vengar a su padre. Una vez ocurrido el encuentro, juran ante la tumba de Agamenón llevar a cabo el plan de venganza. Orestes asesina a Egisto y posteriormente, matan a Clitemnestra. Llenos de remordimientos ambos son desterrados pues, si bien ejecutaron una justa venganza, llegaron al matricidio.





En un prólogo digno del mejor cine mudo, sólo acompañado por la música de Theodorakis, se nos cuenta gracias al eficaz montaje el comienzo de la historia: el regreso de Agamenón a Argos, el adulterio de Clitemnestra (Aleka Katseli) con Egisto (quien aparece durante toda la película, interpretado por Fivos Radsís) y el asesinato de Agamenón en el baño, mientras oscuras aves cruzan el firmamento. El uso de los primeros planos permite percibir los sentimientos de los personajes: el espanto de los niños, la ambición y la lujuria de Clitemnestra y Egisto, así como el encierro de la adolescente Electra y el extrañamiento del niño Orestes. 

El silencio sólo es interrumpido por los vecinos de Argos, quienes comentan, al ver pasar en su carreta al campesino destinado para futuro marido (Notis Peryalis)  acerca del motivo del desigual matrimonio de Electra. Temiendo que ésta, desde su condición de heredera de Agamenón desposada con alguien de su alcurnia y con herederos también ilustres, reclame su puesto junto con Orestes, deciden casarla con alguien de condición tan baja que ni siquiera aparece su nombre. De modo que Electra, ya adulta (una robusta Irene Papas) es llamada por su madre para ser entregada al campesino. Una amiga le acerca un cuchillo a Electra, quien luego aparece vestida de negro y con el cabello corto y arroja con desprecio el cabello cortado a los pies de Clitemnestra.  El coro canta:

El sol posó su mirada sobre la tierra /
Desde su carro dorado /
Y al ver la injusticia decidió /
Alterar su rumbo. /
Se oscureció el amanecer /
Se encendió el atardecer /
Echaron a correr las nubes del norte /
La Naturaleza toda fue desvelada /
Mas llegará el día /
El feliz día /
En que el país celebrará, las montañas reverdecerán /
La tierra saciará su sed /
Sí, las montañas reverdecerán.




Una vez comenzada la acción en el presente del drama los diálogos entre Electra y el campesino, así como con el coro, son realistas y sencillos. La actuación de Irene Papas  es de una gran naturalidad, evitando en todo momento el tono declamatorio y la grandilocuencia. Llega a esbozar cierta ternura hacia su humilde esposo, en medio de la dureza de su personaje, en un diálogo donde ella se empeña en acarrear el agua y él al principio se opone, para luego ceder.


Al reaparecer Orestes (Yannis Fertis) y ver a Electra con el cabello corto se imagina que se trata de una esclava, por lo que no la toma en cuenta ni siquiera para preguntarle por su hermana. Son las vecinas, que conforman el coro, quienes la identifican al llamarla por su nombre. Al principio Orestes es tomado por un enviado del enemigo y tiene que ir ganando la confianza de Ifigenia y presentarse como un amigo de su hermano, quien lo envió para hacerle saber que está vivo y desea encontrarse con ella. Al enterarse del matrimonio de su hermana se queda sorprendido al saber que el esposo la ha “respetado”, no la ha tocado,  no por temor, sino por considerarse indigno y saber que los motivos de su unión con tal princesa no son nada claros. El actor que interpreta al campesino y marido de Electra logra captar y transmitir la bonhomía y generosidad que hacen que  Orestes y Pílades acepten su invitación con agrado y hagan una reveladora consideración sobre la verdadera nobleza, la del espíritu, que no tiene que ver con la riqueza.

El coro,  formado por las vecinas del pueblo, encabezadas por una especie de corifeo femenina (Zeanó Ioannídu) recita sus parlamentos o canta sus lamentos, mostrando con sus movimientos sus intenciones, como cuando cubren a Electra para que el recién llegado y desconocido Orestes no le haga daño.
Por iniciativa del esposo de Electra, van a buscar al antiguo preceptor de Orestes, ya ciego (Manos Katrakis), quien lo cuidó después del destierro. Al escuchar su voz y reconocer una cicatriz que tenía detrás de una oreja,  el anciano reconoce a Orestes y ocurre el reconocimiento o anagnórisis entre los hermanos. Planificada la venganza con su preceptor, Orestes se dirige junto con Pílades al lugar donde Egisto efectúa unas libaciones y sacrificios a Baco. Allí presenciamos una escena sin diálogos, donde unos bailarines enmascarados, con su vertiginosa danza y los breves planos del montaje, preludian la tragedia.


(No pude menos de recordar una escena de la segunda parte de Iván el terrible en esta secuencia,  sólo que en vez de  Prokófiev  teníamos a Theodorakis y por otra parte Cacoyannis, a diferencia de Eisenstein, sí pudo culminar su trilogía cuando los coroneles fueron derrocados y juzgados, pero Stalin murió en su camita).

Los comensales ven a los forasteros y Orestes se hace pasar por un tesalio. Egisto le ofrece su cuchillo para probarlo, pues los tesalios tienen fama de buenos destazadores de toros y novillos. Orestes toma el cuchillo para destazar el novillo pero Egisto saca su espada, Orestes la suya y un plano siguiente nos muestra a los bailarines ejecutando una danza con los cuchillos.
Una elipsis nos hace ver que Orestes ha matado a Egisto y en casa de Electra un mensajero trae la noticia de que Orestes se ha ganado a la población, quien lo ha nombrado rey. Orestes es aclamado y le hace entrega a Electra del cadáver de Egisto para que lo insulte y le reclame todo lo que nunca le pudo decir en vida. Me llama la atención que entre los insultos vaya unido un piropo: -“¡Pobre hombre apuesto!”





Entretanto llega Clitemnestra, quien ha sido  llamada bajo engaño por su hija para cuidarla en su supuesto puerperio. Admito que he visto pocas confrontaciones de una intensidad como la de este diálogo entre Electra y su madre. 
Al fin Clitemnestra acepta entrar en la vivienda de Electra, pero es ahora ésta quien, en un último rasgo de clemencia y dolor, la llama justo cuando va a atravesar el umbral, como queriendo salvarla, para luego fingir que se trataba de otra cosa y dejar que Orestes la asesine al entrar en la cabaña. Nuevamente aparecen las aves cruzando el firmamento y rápidos planos alternan a los tres personajes con los gritos de horror de las mujeres del coro quienes lamentan la atrocidad del matricidio. Aquí no hay atenuantes. Una madre ha sido asesinada por sus propios hijos.  No aparecen los Dióscuros (los otros hermanos, ya deificados) como en la obra teatral. Orestes le dice a Electra que ya no hay sitio en la tierra adonde pueda ir ni amigo que sea capaz de mirarlo a los ojos, y ésta reclama la responsabilidad del crimen por haber sido ella quien lo incitó a cometerlo. Electra y  Orestes se miran y entrelazan sus manos ensangrentadas, para luego tomar cada uno un camino diferente. Los habitantes de Argos se acercan alarmados  y sus miradas y gestos expresan horror y reprobación. Las mujeres del coro se alejan de Electra y le dan paso para luego cerrarse como grupo mientras Orestes con Pílades, por su parte, y Electra por la suya, se alejan de la cámara. Aparecen los créditos.  





Continúa con Las troyanas...






                                                      REFERENCIAS

Eurípides. Electra. Biblioteca Virtual Universal. 2009. En www.biblioteca.org.ar
 No aparece el nombre del traductor.

Laín Entralgo, Pedro. La curación por la palabra en la antigüedad clásica. Revista de Occidente. Madrid 1958 pp 261-333.

Valverde García. Alejandro. Catarsis contra violencia en Electra (M. Cacoyannis, 1962). En:
http://www.metakinema.es/metakineman2s4a1.html

Valverde García, Alejandro. A Electra le sienta bien el cine. En:

Valverde García, Alejandro. "La gran herencia de Michael Cacoyannis: la trilogía cinematográfica de Eurípides", Metakinema 9 (2011). En:


Valverde García, Alejandro. Irene Papas, arte y cosmopolitismo. En: http://www.raco.cat/index.php/FilmhistoriaOnline/article/viewFile/244175/327093





1 comentario:

  1. Se enaltece la literatura en este blog con esta corta reseña del Dr. Franklin Padilla sobre la inmortal obra del trío griego Irene Papas, Cacoyannis y Theodorakis que cautivó a los amantes del cine y revive nuestras ganas de visualizarlas de nuevo. Recuerdo un viaje a esos lugares griegos y una tasca cercano donde muchas parejas bailaban con frenesí la música de Zorba el Griego. A mi pareja y a mi nos arrojaron a la sala y yo brincaba mientras mi acompañante bailaba hasta la exaltación esa melodía contagiosa. Felicito por tan sustanciosa crítica teatral y cinematográfica, poco frecuente en estos días de penumbra y oscuridad. Atte. José Orellana Torrealba.

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