Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







sábado, 3 de marzo de 2012

WEST SIDE STORY NO HA ENVEJECIDO

                                                                              A Lilia Pérez

    El año pasado se cumplieron 50 años de la filmación de West Side Story.  Revisando las redes sociales me enteré de que la fecha dio ocasión para varias celebraciones, tales como perfomances en las calles de Nueva York, como un flash mob que contó con la asistencia de la hija de Robert Wise; asimismo, en noviembre se sacó la edición en Blue Ray de esta película, todo un acontecimiento reseñado en Facebook con la presencia de Rita Moreno, George Chakiris y Russ Tamblyn, protagonistas de este memorable film. A mí me alegró mucho todo esto, pues hubo un tiempo, después de su reestreno en las salas de cine, allá por los 70, en que prácticamente desapareció del planeta.  La única vez que la pasaron en televisión, por lo menos que yo sepa, lo hicieron en blanco y negro (ya había TV en colores) lo que constituyó una herejía inversa a los de aquellos que osaron colorizar Casablanca. De modo que yo también he querido, con estas notas, participar en la celebración, aunque sea con unos cuantos meses de retraso. 
Escribir algo original sobre Amor sin barreras (título con que se exhibió en Venezuela y creo que en España y otros países hispanohablantes) es algo difícil.  Mucho se ha publicado sobre esta premiada cinta; incluso en internet hay buenos trabajos.  Pero de todos modos voy a decir lo mío, aunque no sea nada original.

Antes de escribir mis opiniones sobre WSS, debo, no obstante, tratar acerca de dos asuntos negativos relacionados con el film, para luego dedicarme a lo positivo, que lo supera en una proporción descomunal.

El primero tiene que ver con Mr. Robbins.  Los créditos finales de la película, de extraordinaria belleza, diseñados en forma de grafittis escritos sobre lo que se suponen puertas desvencijadas y paredes ruinosas del West Side, terminan diciéndonos que la película está "...Basada en la obra teatral producida por Robert E. Griffith y Harold S. Prince por arreglos con Roger Stevenson.
Libreto de Arthur Laurents, que se basa en una concepción de Jerome Robbins" .
Sabemos que la película es la versión cinematográfica del famoso musical que triunfó en Brodway pocos años antes, y que Jerome Robbins es el genio de esa coreografía.  Pero lo de la concepción es otra cosa.  Cualquier estudiante promedio de bachillerato se daba cuenta al salir del cine de que se trataba de Romeo y Julieta, que Verona es cambiada por Manhattan, que Montescos y Capuletos se truecan en Jets de origen polaco (y no anglosajón, como se suele decir) y Sharks puertorriqueños, que Fray Lorenzo es aquí Doc y el Príncipe es el Teniente Schrank; en fin,  que la trama es idéntica a la tragedia shakespereana con algunas variantes: los amantes no se suicidan sino que un quid pro quo que no vale la pena contar por si no la han visto, hace que el final sea hasta más interesante para nosotros que el del original, como bien sostiene el autor del blog "Fuego en sagitario" (véase http://fuegoensagitario.blogspot.com/2012/02/west-side-story.html). 

Es Romeo y Julieta y punto.  Y entonces, ¿por qué Robbins se adjudica la concepción del argumento?  En ninguna parte aparece, ni siquiera con las atenuantes como "basado en...", "...inspirado en...", "una versión libre de..."   que nos haga retroceder en el tiempo y rendirle el homenaje debido a Mister William Shakespeare por su obra juvenil.  ¿Por no pagar los derechos de autor? No sé si a estas alturas esos derechos están vigentes, y en todo caso se trataría de algo bastante miserable.  No tiene justificación semejante latrocinio; es igual o peor que lo que hizo Steven Spielberg en La lista de Schlinder al omitir en los créditos de Por una cabeza la autoría de Gardel-Le Pera, lo que le costó una demanda de la Asociación de Autores y Compositores Argentinos, quienes no perdonan una injuria así al Morocho del Abasto.

El segundo aspecto negativo tiene también que ver con créditos.  Se sabe (ahora) que Natalie Wood fue doblada en las canciones, verdaderas arias, por Marni Nixon.  Esta cantante no era ninguna desconocida.  Había grabado Le marteau sans maitre ("El martillo sin dueño") de Pierre Boulez, obra de extraordinaria dificultad desde el punto de vista de la afinación por su carácter atonal.  Pues bien, tampoco aparece el nombre de Marni Nixon en los créditos.  No sé si había de por medio un contrato leonino entre la cantante y los productores (hizo lo mismo doblando a Audrey Hepburn en My Fair Lady) pero en todo caso se trata de una explotación a quien dobla y un engaño al público.  Creo que actualmente eso no está permitido.
Señalados estos lunares en la obra que nos ocupa, paso a reseñar, desde mi perspectiva, esta película tan querida por mí.

Fue después de la lectura de la columna cinematográfica Candilejas, de Luis Álvarez Marcano, a mediados de 1962, cuando me decidí a ver West Side Story.  Hasta ese momento, algunos comentarios en revistas y en la prensa habían hecho muy poco efecto sobre mí, pendiente de aprobar los exámenes de Medicina.  Hasta unas estupendas fotos en colores de la revista Life en español sobre el rodaje de la película me habían dejado bastante indiferente. La palabra "west"  y los brincos que daban los actores me hacían pensar vagamente en un musical del Oeste.  Pura ignorancia mía y desinformación. Creo que ni me enteré de que el año anterior la película había arrasado con 10 estatuillas del Oscar (véase en PÁGINAS COMPLEMENTARIAS). Los comentarios precisos, sobrios y atinados de quien muchos años después me enteré que era el padre de mi amiga y alumna Carmen Álvarez, me motivaron a ver la película en aquel cine Brodway que hacía esquina en la Calle Real (luego bulevar) de Sabana Grande.  Volví a verla a los pocos días y regresé de nuevo muchas veces con distintos acompañantes en aquellos meses en que se mantuvo en cartelera de estreno.  No exagero si digo que la vi más de diez veces seguidas, sin contar las personas a quienes se la recomendé y aquellos a quienes (algo muy a contrapelo, por ser un musical) se la "conté".  Luego vino el LP de vinil con el "soundtrack" que, lamentablemente no traía la Obertura.  Pero una vez desaparecida la película de cartelera, el disco me servía para recrearla con mis amigos, la hubieran visto o no.
Es difícil de describir la fascinación que ejerció sobre mí esa película  a los pocos dias de verla.  La tenía siempre presente, caminaba por las avenidas de Caracas  (la Gran Avenida, la Plaza Venezuela) sintiéndome como si la gravedad fuera menor.  No me ponía a bailar en la calle, claro, pero me imaginaba a los Jets y a los Sharks haciéndolo como en el film.
Algo que me impresionó de la coreografía es que esta tenía un aspecto definitivamente heterosexual.  Para entonces yo, un caraqueño nacido en La Victoria de ancestros llaneros, no terminaba de tragar eso de que los hombres bailaran ballet.  Por el contrario, la danza de las pandillas del West Side era de machos que se respetaban, como decían en una época aquí, y las figuras hermosísimas que hacían las mujeres en contrapunto con los hombres, como el duelo verbal, musical y coreográfico de América, marcaba muy bien las diferencias entre los sexos.
 Juega un papel importante en la estética de WSS el uso del color en el vestuario y en el decorado: inolvidable morado (para las damas es "fucsia") de la falda de Rita Moreno, magenta la camisa de Chakiris, anaranjado el traje de Russ Tamblyn.  El rojo de las paredes del "gym" (el gimnasio donde ocurre el baile), los cristales con fuertes contrastes de rojo y azul en la escena dramática del encuentro de Tony, María y Anita después de la muerte de Bernardo, tenían una función expresiva. En la Obertura, un diseño de líneas verticales sobre fondo rojo va cambiando de color simultáneamente al cambio de los temas hasta que mediante un fundido se transforma en la Isla de Manhattan, para dar comienzo al Prólogo.

En esta cinta hay un equilibrio perfecto de quienes la realizaron.  En cuanto a los actores, todos descuellan. Cierto que los protagonistas son Natalie Wood y Richard Beymer.  Pero los grandes papeles, los de "carácter" son George Chakiris como Bernardo (Teobaldo o Tybalt) Russ Tamblyn como Riff (Mercuccio o Mercutio) y la insuperable Rita Moreno como  Anita (sin equivalente shakespeareano).  Pero también tienen un desempeño extraordinario los restantes miembros de las pandillas, como Tucker Smith como el cerebral Ice, Tony Mordente como el impulsivo Action o Susan Oakes como la "marimacho" Anybodys, quien constantemente pide aceptación y respeto por los restantes miembros de los Sharks. Incluso he pensado que debería haber un premio colectivo que haga justicia al equipo de bailarines que, como en este caso, ejecutan los momentos mas logrados de West Side Story, como la ejecución de Cool en el estacionamiento o el espectacular Prólogo.
Pero no sólo el equilibrio se refiere a los actores.  La sabia dirección al alimón de Robert Wise (quien le hace honor a su apellido) con Jerome Robbins se complementa con la fotografía audaz de Daniel L.Fapp y el montaje de Thomas Stanford (film) y Richard Carruth (música).  Es gigantesca la cinematografía, la puesta en escena de este film. Cuando vemos en el Prólogo una toma aérea de Nueva York que se pasea lentamente sobre el Yankee Stadium, el Central Park o el Empire State para acercarse a la cancha de básquet, (¡con detalles como la niña puertorriqueña que juega en el piso y los enemigos Jets dan un rodeo para no molestarla!) a las pandillas peleando/danzando, entrando y saliendo de pasadizos  y callejones, a lo mejor no nos percatamos de que, a diferencia de otros musicales, en este, la cámara también es protagonista.  Los cortes, barridos, picados y contrapicados, fundidos, elipsis y travellings subrayan y acompañan los pasos de los bailarines. Efectos fotográficos especiales logran aislar  a la pareja María/Tony en el baile, solo quedan pocos bailarines en muy segundo plano, para luego reaparecer en el momento en que se van a besar, el gym se ilumina y Bernardo interrumpe el idilio. En el Quinteto, a la par del contrapunto bersteineiano de cinco melodías simultáneas, la cámara está paralelamente mostrándonos  la ira de los pandilleros, el erotismo de Anita, la esperanza de Tony y la espera angustiada de María, todo en un crepúsculo neoyorkino que se acerca cada vez más a la noche de The Rumble (La pelea). Lo grandioso es la película misma, el trabajo colectivo y el carácter esencialmente cinematográfico de su talante.  No se trata de lo que ahora se ha dado en llamar cine coral: es un film muy lineal, absolutamente ceñido a la tragedia tal como la prescribe Aristóteles, con unidad de tiempo y espacio.  Todo transcurre en un dia y en el estrecho espacio de un barrio del West Side.  Pero la complejidad de los elementos involucrados es tratada con una maestría donde cada elemento cumple su papel.  Como me dijo una vez el desaparecido Profesor Silvio Orta: "Hasta una hoja de papel que cae al piso está absolutamente calculada en West Side Story" (era una hipérbole: no cae ninguna hoja de papel).

Casi no he mencionado la música.  La ecléctica partitura de Leonard Bernstein nos pasea por el jazz, el neoclasismo post-stravinskiano, melodías tipo jingle como Tonight, una canción con ritmo de habanera, con bello uso de las cuerdas, como María, beguines con características de bolero caribeño ligeramente acelerado en la segunda versión de Tonight en el Quinteto; una abierta referencia a Pérez Prado en el Mambo con su misma orquestación y un ritmo  en 6/8 "atravesado" con un 3/4 que parece un joropo yanqui u "Onda Nueva" avant la lettre en Something's coming, a la par del mejor jazz de Big Band con orquestación de Count Basie o Duke Ellington en Cool. La colaboración entre Bernstein y Stephen Sondheim fue crucial para las canciones de WSS; Bernstein incluso escribió algunas letras aunque no reclamó los créditos y a su vez, Sondheim compuso algunas veces  música, por ejemplo los coros que se oyen como ecos en Something's coming

Se ha señalado el aspecto social del argumento. El entremés musical en Gee, officer Krupke! cuestiona el sistema estadounidense de control social en relación a la delincuencia, burlándose amablemente del círculo vicioso cárcel-psiquiatra-trabajador social-tribunales-cárcel.  También se menciona con franqueza el problema-ya amenazante- de las drogas.  La crítica a los odios interraciales y la apelación al amor y a la tolerancia son universales y vigentes.  En todo el film se respira el optimismo de la era de los Kennedy, que la guerra de Vietnam vino a echar por tierra.  No sé si es posible filmar hoy un musical así.  O nos vamos a los retros como Chicago, o a la amarga historia Bailando en la oscuridad de Lars Von Trier.

Hay gente a quien no le gusta esta película.  Por lo general, son personas a quienes no le agradan los musicales.  Y tienen sus razones: les choca el paso del diálogo hablado a una canción que a veces comenta la trama, pero a veces la ilustra o también la continúa.  En el caso de West Side Story debo admitir que hay una escena, sólo una, que justifica esta aversión de los detractores: después de la gran pelea, cuando Tony ha matado a Bernardo en venganza (no premeditada) de la muerte de Riff, corre a esconderse en el apartamento de María.  Ésta lo llama asesino y él se defiende y argumenta que el mundo se ha hecho imposible para ellos, quienes deben irse a un lugar donde puedan vivir...en ese momento los amantes continúan este diálogo cantando el dúo There's a place for us.  Debo admitir que el salto de lo hablado al canto es forzado.  La primera vez que vi la película no me di cuenta.  Pero posteriormente experimentaba un escalofrío, que me provocaba meterme debajo del asiento cuando la veía en el cine o ahora acelero con el control remoto el DVD para evitarme esa penosa sensación.  Pudo haberse omitido este canto y no hubiera perdido nada la trama.  Pudo más el "eros operático".  Eran esas cosas sobre las que Brecht teorizaba con todo aquello del "distanciamiento" y su teatro épico, donde el actor "dice" su canción. No obstante, todas estas teorías eran impracticables en una puesta en escena realista como la de WSS.  Y después de todo: ¿Quién es perfecto en este mundo? Con su carga de cursilería que hay que asumir, la obra sigue adelante y se remonta hasta un final de un dramatismo indescriptible.  No lo debería contar, no por pudor, sino porque carece de valor argumentativo,  pero anoche, antes de sentarme a escribir esta crónica, volví a ver íntegra la película y volví a llorar como la primera vez en la escena final de la cancha de básquet, que-repito-no cuento, por si alguien no la ha visto y se entusiasma.

Termino con una anécdota muy elocuente:
El amigo y ex-alumno Marcos Gómez me iba a llevar a mi casa después de un día de sesiones en un Congreso, creo que del Colegio Venezolano de Neuropsicofarmacología.  Como la hora era pico y había muchísimo tráfico, me pidió que lo acompañara a la Feria de Plaza de las Américas para comerse algo, pues estaba casi en ayunas y se estaba haciendo tarde.  En el camino le estuve contando algo acerca de West Side Story, totalmente desconocida para él y le hablaba de las nuevas generaciones, que no se interesan por esta obra ni este cine, tratando de entusiasmarlo para que la viera.  Durante todo ese trayecto tenía "pegada" la melodía de Tonight, la cual no podía dejar de silbar; una idea obsesiva musical convertida en conducta compulsiva.  Al terminar de comer, mientras íbamos al estacionamiento,  hace su aparición una beldad rubia de casi un metro ochenta, a quien no le calculo más de veintidós años, vestida muy escuetamente, con una franelita blanca, unos shorcitos también blancos y zapatos deportivos ídem, como si viniera de jugar tenis. Habla con alguien por el celular, pero no identifico el idioma. Vamos al ascensor y vemos que ella también lo hace: marca el botón del mismo ascensor que nosotros esperamos.  Marcos y yo nos miramos significativamente.  Le pregunto en voz baja: - "¿Será holandesa o sueca?"  -"No, doctor, parece norteamericana".  Entramos en el ascensor y Marcos le sonríe a la vikinga.  Ella le devuelve la sonrisa y a mi ni me destapa, como era de esperarse.  Pero tengo pegada la cancioncita y no dejo de silbarla (muy afinadamente, hay que admitirlo).  La Valquiria me mira (¡A mí!) y me pregunta con acento totalmente gringo:

- "¿Estás con los Jets o con los Sharks?"

-"¡Estoy con toda esa película, la amo totalmente!", le digo.

Se abre la puerta del ascensor, la rubia me sonríe (¡A mí!), dice con voz melodiosa: 

-"¡hasta luego!"... y se va para siempre.

Evidentemente, West Side Story no ha envejecido. 


FICHA TÉCNICA: Amor sin barreras (Título original: West Side Story).  Estados Unidos 1961. 151 minutos. Mirisch Pictures inc. en asociación con Seven Arts Productions inc.
Directores: Robert Wise y Jerome Robbins.
Guión: Ernest Lehman.
Música: Leonard Bernstein.
Letras: Stephen Sondheim.
Producción: Robert Wise.
Productor Asociado: Saul Chaplin.
Coreografía: Jerome Robbins.
Intérpretes: Natalie Wood (*)(María) Richard Beymer (Tony) Russ Tamblyn (Riff) Rita Moreno (Anita).  Con George Chakiris (Bernardo) Simon Oakland (Tte. Schrank) Ned Glass (Doc) William Bramley (Of. Krupke).  Los Jets: Tucker Smith (Ice) Tony Mordente (Action) David Winters (A-rab) Eliot Feld (Baby John) Bert Michaels (Snowbody) David Beans (Tiger) Robert Danas (JoyBoy) Scooter Teague (Big Deal) Harvey Hohnecker (Mouthpeace) Tommy Abbot (Gee-Tar) Susan Oakes (Anybodys) Gina Trikonis (Graziella) y Carole D'Andrea (Velma).  Los Sharks: José De Vega (Chino) Jay Norman (Pepe) Gus Trinonis (Indio) Eddie Verso (Juano) Jaime Rogers (Loco) Larry Roquemore (Rocco) Robert Thompson (Luis) Nick Coracevich (Toro) Rudy Del Campo (Del Campo) Andre Tayir (Chile) Ivonne Othon (Consuelo) Suzie Kaye (Rosalia) Joanne Miya (Francisca).
(*) Doblada en las canciones por Marni Nixon.
Música dirigida por: Johnny Green.
Diseño de Producción: Boris Leven.
Director de Fotografía: Daniel L. Fapp.
Vestuario: Irene Sharaff.
Director Asistente: Robert Relya.
Asistentes de danza: Tommy Abbot, Margaret Banks, Howard Jeffrey y Tony Mordente.
Edición fílmica: Thomas Stanford.
Edición Musical: Richard Carruth.
Efectos fotográficos: Linwood Dunn.
Orquestaciones: Sid Ramin e Irwin Kostal.
Sonido: Murray Spivak, Fred Lau y Vinton Vernon.
Asistente Musical: Betty Walberg.
Coach Vocal: Bobby Tucker.
Supervisión Musical: Saul Chaplin, Johnny Green, Sid Ramin e Irwin Kostal..
Manager de Producción: Allen K, Wood.
Títulos y Consultas Visuales: Saul Bass.
Producción Artística: M. Zuberano.
Decorador del set: Victor Gangelyn.
Utilería: Sam Gordon.
Editor de sonido: Gilbert D. Marchant.
Asistente de Editor: Marshall M. Borden.
Supervisor de script: Stanley Scheuer.
2° Assistente del Director: Jerome Siegel.
Maquillaje: Emile La Vigne.
Peinados: Alice Monte.
Guardaropa: Bert Henrikson.
Casting: Stalmaster-Lister Co.
Basada en la obra teatral producida por Robert E. Griffith y Harold S. Prince por arreglos con Roger Stevenson.
Libreto de Arthur Laurents, que se basa en una concepción de Jerome Robbins (*), a su vez basado en La Tragedia de Romeo y Julieta de William Shakespeare.








12 comentarios:

  1. Ah! cómo disfruti esta colcha... esa película la vi tres veces, pues me emocionó mucho. Siempre la he recordado como una de mis favoritas. Así que, mi querido amigo, continúas un enorme compromiso con tus lectores... un abrazo, luis

    ResponderEliminar
  2. PARA EMITIR ESTOS JUICIOS SE TIENE QUE SER UN BIEN ENTENDIDO DE CINE, DE MUSICA, DE COREOGRAFIA Y DEL BUEN ESCRIBIR, FELICITACIONES. ESPERAMOS NUEVOS COMENTARIOS SOBRE OTROS FILS INTERESANTES.

    ResponderEliminar
  3. ¡Mi querido Franklin!

    Me has hecho reír muchísimo al leer tus comentarios sobre WSH.Definitivamente es la crítica de un gran amador y conocedor de la película.

    Me encanta que hayas revalorizado nuevamente su indudable argumento shakespiriano,porque me he batido a duelo, a través de mis largos 62 años, con multitud de profesores de literatura que me condenaban al fuego, cuando sugería que los chamos que debían leer "Romeo y Julieta" compararan el libro con esta película.

    Profeso la misma admiración que tienes por esta maravillosa cinta; y me acabo de decidir a buscarla y a verla nuevamente. Es insuperable, frente a tanta cosa mediocre que se hace ahora.

    Gracias por el buen rato de solaz, con tu lectura.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Hola Franklin: comparto 100% tu obsesión por la ópera WWS (verdadera ópera norteamericana también 100%). Nos lleva inevitablemente a una era que todavía creía en sí misma.
    Solamente no entiendo como no mencionaste a la novia obligada de todos, Natalie Wood! Quien no se haya enamorado de ella en esa película tenía otra oportunidad en ˜Esplendor en la Hierba˜ pero en blanco y negro.

    La verdad es que me cuesta horrores enfrentar la película de nuevo aunque compré el DVD original, originalmente y con la esperanza que resonaran con ella mis hijas, pero los tiempos han cambiado, así el fulano Cronos insista en que no lo hacen...

    Lo hice porque sí se empataron ellas con ˜Lo que el Viento se llevó˜ A lo mejor cuando el tiempo haga su labor cambian las perspectivas.

    Bueno fue muy grato leer con tanto detalle sobre algo que nos marcó definitivamente a tirios y troyanos, derechistas e izquierdistas, ucvistas y ucabistas, sojistas y plazistas, sinfónicos y filarmónicos, criollos y musiúes.

    Por cierto que tuve la oportunidad en 1958 cuando cursé 9 grado en USA, de cantar en el coro la versión fresca del horno de TONIGHT. Unos meses mas tarde nos llevaron como premio a ver la Obra en Manhattan.

    Y en 1977, cuando el remesón tribunalicio de la Sinfónica, en Paris asistí a su versión en el Chatelet y creánlo o no, urbi et orbi, estaba el propio Bernstein en el público. Cosas veredes, Sancho.....

    Un abrazo

    Luis

    ResponderEliminar
  5. Querido amigo: me extrañaba que no escribieras (casi que te la puse "de bombita"). Te corrijo: Esplendor en la hierba, de Elia Kazan es en colores (la tengo). ¡Claro que estuve enamorado de Natalie! ¡Qué te crees! Lo que pasa es que quise hablar de la película, y allí no estuvo el mejor momento de Natalie, sí en Esplendor. Además, traté el asunto del doblaje, que no influyó para nada en mi amor por ELLA pero me llevó por otros derroteros. Por cierto, gracias a una grabación creo que de Henri Mancini me aprendí entonces "de guataca" (no tenía la partitura) la melodía de esa película en trompeta. Como no nos visitábamos mucho por entonces, a lo mejor por eso no me escuchaste tocándola en una especie de karaoke con trompeta en vez de voz. Nuestro amigo Jesús Márquez todavía lo recuerda y mientras tuve el instrumento entre las cosas que tocaba para mis amigos era ese tema, por cierto, de David Amram.

    No sé lo de tus hijas, quizá el formato tenga que ver. Yo llevé a Gabriel a verla a un cine en una de esas rarísimas ocasiones en que la proyectaban y al tipo le gustó. La anécdota que cuento al final es muy reveladora: yo a esa muchacha no le doy más de 22 años y fíjate con lo que me salió. A mí me parece que la película no ha envejecido y allí está la celebración, impensable para mí hace 10 o 20 años, que le han hecho en NY (busca en facebook WSS así como en youtube).

    ResponderEliminar
  6. Lo que pasa es que vi Esplendor... en el club Valle Arriba por allá en los 60 y me recuerdo que la copia era en blanco y negro. A lo mejor no pagaron completo en esa sesión.....
    No se me olvida un close up maravilloso de Natalie Wood que lucía (a mis ojos) como una de 15, o sea como yo...

    Un abrazo.

    Luis

    ResponderEliminar
  7. Franklin, te felicito por la inteligente y amorosa crónica que has escrito con motivo de los 50 años de la maravillosa West Side Story, ojalá te vuelvas a encontrar con la norte americana, que con seguridad tiene mucha sensibilidad artística, además de su belleza física, no se si sabes que Natalie Wood comió arepas en Caracas pues tenía amores con un empresario del calzado, eso fue en los años 70, imagínate si tu hubieras entrado donde ella estaba comiendo, silbando Tonight seguramente te hubiera llamado para conversar... de nuevo mis cálidos saludos fraternales, un abrazo,

    Jesús Márquez

    ResponderEliminar
  8. También ocurre que con la desaparición de las salas de cine este tipo de película pierde mucho de su fuerza al verla en versión digital y en la reducida pantalla de un televisor, así sea tamaño gigante. ¿Podrá el autor vivir la misma emoción del cine Brodway que relató en este memorable artículo?

    ResponderEliminar
  9. Guillermo Feo García.29 de diciembre de 2013, 14:20

    Ufffffffffffff mi querido Franklin!!! ¡Cuánto he disfrutado de esta tan excelente crónica sobre West Side Story! No sólo porque ella es, sin la más mínima duda, una de las 10 mejores películas que yo haya visto en mi vida, sino porque me permitiste retroceder a alguna tasca, o salón de clases, en donde conversábamos larga y frecuentemente sobre cine, entre otras cosas. No puedo olvidar una muy extensa y animada sobre otra genialidad como es "2001.Odisea del Espacio"... En fin Franklin, la vida me ha dado cosas muy valiosas, y entre ellas está el haber compartido contigo momentos realmente inolvidables. Ojalá pudiéramos vernos para "volver al pasado" pero en un contacto in vivo. Un enorme abrazo querido Franklin.

    ResponderEliminar
  10. Sin duda alguna... A partir de hoy se ha convertido en una de mis películas favoritas. Toda una perfección filmica, vaya forma de protestar y plantear un trasfondo social! ESO ES ARTE... Es un placer para mi haber compartido el día de hoy con Ud. Fue un día que merece repetirse y coleccionarse. Gracias Maestro.

    ResponderEliminar
  11. Extraordinario, estimado Franklin. Yo demoré muchísimo en encontrarme con esta película, pero una vez que entré en ella ya no pude salir. Sólo no coincido en dos de los aspectos que Ud. señala como negativos (la falta de mención a Marni Nixon y la transición entre la palabra y la música en "There's a place for us"). En lo personal, no me agrada el doblaje de Nixon, creo que su voz es demasiado profesional para el personaje que interpreta, no puedo concebir a María con esa voz de soprano tan pulida y me hubiera encantado que permitieran a Natalie Wood cantar sus propias canciones. Richard Beymer también fue doblado, pero en este caso la voz le queda mucho mejor. De todos modos, coincido en que debió haberse reconocido su trabajo, pero en esa época no se estilaba (Cyd Charisse, por ejemplo, siempre fue doblada para las canciones y nunca se mencionó esa circunstancia en los créditos de sus películas). En cuanto a "There's a place...) nunca noté un salto en la transición, no sé si se deberá a que me encanta esa canción o a que para esa altura estoy tan involucrada con la película que me trago cualquier cosa, jaja.-
    A modo de post data le cuento que a mí me sucedió algo similar a lo que relata en su anécdota pero a la inversa. En mi caso estuve parada junto a un señor que silbaba un aria de "Pagliacci" en una parada de autobús en Nueva York, pero no me atreví - como hizo su Valquiria - a hablarle. Quién sabe, tal vez lo privé de una anécdota...
    Un abrazo grande, Bet.-

    ResponderEliminar
  12. ¡Mil gracias, Bet, por su comentario! Lo que encuentro negativo es la omisión de los créditos, no el doblaje en sí, que puede ser cuestionable o no, al fin y al cabo se trata de un juicio de valor, en este caso estético. Marni Nixon es una profesional y actualmente se está revalorizando su papel en el cine musical; de hecho vi en YouTube unos videos de My Fair Lady y de WSS cantadas por las actrices originales y debo confesar que me resultaron decepcionantes, hasta criticaron a los productores de MFL por no haberle advertido con anterioridad a Audrey Hepburn que iba a ser doblada y sólo hicieron después que ella había hecho un gran esfuerzo con su voz para dar la talla. Es lo mismo, un irrespeto a los derechos humanos de los artistas, mejor dicho, por los trabajadores de la industria cinematográfica. Actualmente nombran hasta a los extras o "stunts" de las escenas de riesgo y a los domadores de los perros que aparecen en los films.
    En cuanto a las posibilidades de su silbido de “Pagliacci”, sólo puedo responder con la letra de una de las canciones de West Side Story:
    Could be! Who knows?
    There's something due any day;
    I will know right away,
    Soon as it shows.
    It may come cannon-balling down through the sky,
    Gleam in its eye,
    Bright as a rose!
    Who knows?

    ResponderEliminar