Retazos de temas que me han interesado alguna vez, experiencias vividas, recuerdos, libros leídos, textos perdidos y rescatados, films que han dejado una impronta en mi memoria, pero también proyectos no realizados o postergados...







sábado, 20 de octubre de 2012

DE ERRORES Y CORRECTORES

El oficio o el hábito hacen destacar comportamientos que de otro modo no hubieran aparecido.
Pero también es cierto que si no hay una tendencia a esa conducta, ni siquiera la obligación de ejercer determinadas funciones se convertirá en un rasgo de la personalidad (aunque Allport hablaba hace tiempo de "autonomía funcional":  puede que estudies una profesión por necesidad y ésta acabe gustándote). Yendo al grano:  el haber desempeñado labores docentes durante años, y el tener que ocuparme de revisar las historias clínicas de los residentes de postgrado, ha contribuído a que esté pendiente de la ortografía y la buena redacción de las mismas.  Pero si yo no tuviera un interés en el lenguaje, la lectura y la escritura, a lo mejor esos aspectos hubieran tenido una importancia mucho menor en lo que corregía o evaluaba  (estoy expresándome en pretérito porque se acerca mi jubilación, pero la conjugación real es presente de indicativo).
El inconveniente está en que esos hábitos se pueden extender a dominios o momentos en que no se está ejerciendo el oficio o profesión.  Es lo que se ha llamado deformación profesional.  Recuerdo el caso de una adolescente sobre la cual teníamos que tomar una decisión en el Servicio 3 del Hospital Psiquiátrico de Caracas, y por tratarse de una menor, invitamos a la juez de menores que había ordenado su hospitalización a que asistiera a la presentación del caso en el postgrado de psiquiatría y psicología clínica.  Claro que ella era la juez de la causa, pero en ese momento no estábamos en el foro y su presencia tenía el carácter de invitada a una reunión médica.  En un momento en que se discutía el diagnóstico y tratamiento de la paciente, los especialistas expresaban sus diferencias de manera acalorada, lo que es compatible con el más puro quehacer de la academia. De pronto la magistrada, dando un golpe con la mano al estrado, gritó: - "¡SILENCIO!", para, acto seguido, llevarse la mano a la boca, y con expresión de miedo y vergüenza, decir: "¡Perdón!", lo que necesariamente despertó las carcajadas del público y de ella misma, al darse cuenta que había confundido momentáneamante el auditorium del hospital con su tribunal. 
Lo mismo le ocurre a cualquiera con su actitud profesional y es algo sobre lo cual hay que estar vigilante para no excederse.

Una vez almorzaba con mi hijo en el desaparecido restaurant "Álvarez", de Veroes a Jesuítas, en aquella casa colonial que estaba frente a lo que hoy es la Casa de Estudio de la Historia de Venezuela de la Fundación Polar. Frente a nosotros se encontraba un conocido escritor, poeta e historiador de Guayana que había publicado recientemente un artículo de una página acerca de las hazañas y fechorías de Sir Walter Raleigh, quien murió decapitado al regresar a Inglaterra.  Terminaba el artículo con la muerte de Raleigh y se refería a su valentía incluso cuando colocó su cabeza bajo el filo de la guillotina...
Cuando leí esa frase no pude dejar de estremecerme:  ¿Cómo era posible que un historiador hubiera cometido semejante error? Si bien es cierto que en algunos países se usó la decapitación mecánica, la guillotina no fue inventada sino más de un siglo después de la muerte de Sir Walter, por obra y gracia del doctor Guillotin, quien ofrendó sus conocimientos y su cabeza a  la Liberté, l'Egalité et la Fraternité en la Révolution Française
Pensé en enviar una carta a El Nacional, donde se había publicado el artículo, por lo demás excelente, pero después desistí. Sin embargo, a pocos metros de mi mesa se encontraba el autor. Ahí estaba. Lo tenía enfrente. Vacilé un poco y le comenté el asunto a Gabriel, quien entonces no tendría ni 15 años.  En un momento en que me dirigía al baño, al regreso me acerqué, me presenté y le comenté al escritor que yo era un lector suyo, que  admiraba su obra de crítico y de historiador (lo que era cierto) y que por eso me extrañaba que hubiera escrito que Raleigh había sido guillotinado.  No sin temor vi cambiar de color su rostro y, después de negar el gazapo y atribuirlo a un error del impresor (lo que yo respaldé inmediatamente) me preguntó mi nombre y de qué me ocupaba.  Le di mi tarjeta, nos estrechamos las manos y yo regresé a mi mesa a terminar de almorzar con Gabriel mientras el poeta hacía lo propio.  Estábamos aún comiendo cuando se levantó  para dirigirse a la salida. Inesperadamente  se regresó y se dirigió a mí, despidiéndose de nuevo mientras  colocaba la mano derecha en posición vertical al lado de la boca y me secreteaba:
- "¡Con un lector como tú, cualquiera puede morir gui-llo-ti-na-do!"
Y salió.
Debo decir que, si bien sentía una cierta satisfacción por mis servicios prestados al idioma y a la Historia, me apenaba haberle hecho pasar ese mal rato al escritor, lo que se veía compensado por su ingeniosa salida al despedirse.
 
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Casi un año después llegué una tarde al consultorio, entonces en la Torre Mayo de San Bernardino, frente al Centro Médico de Caracas. Luzmely, la secretaria, me dice que un mensajero me dejó un paquete.  Lo veo, lo sopeso, y al abrir el envoltorio me encuentro con un enorme y hermosísimo libro, bellamente ilustrado con fotografías, grabados y cuadros referentes a la presencia de Bolívar en Guayana, escrito y publicado por nuestro poeta e historiador de marras, quien había escrito de su puño y letra en la primera página la siguiente dedicatoria:


"Para Franklin Padilla,  decapitador de errores históricos y literarios" 

N.N.


La humildad y la gallardía de este caballero me causaron una gran admiración por él. Le respondí dándole las más efusivas gracias en una breve carta y ocasionalmente tuve noticias suyas, pero no nos volvimos a ver.


Esta anécdota viene a colación por algo que me ocurrió con el blog "Con escapulario ajeno".  El lunes 23 de abril, en plena paranoia colectiva sobre la  enfermedad del Presidente Chávez y su inminente/ improbable muerte, publiqué en ese blog el soneto DESAHUCIO de Job Pim, con el olfato y la certeza de editor de que sería muy leído, lo que efectivamente ocurrió: en poco más de un mes la entrada había sido visitada por 134 personas.
Pues bien, ninguno de esos amables lectores se dio cuenta de un error importante que había en el primer cuarteto del poema del Jobo...hasta que mi amigo y colega Emiro Marcano Maza lo leyó y me lo hizo saber. 
Al principio me puse a la defensiva.  Me dije a mí mismo:

- "¡No puede ser!  "¡Ese soneto lo copié de la edición que su hermana, Cecilia Pimentel publicó en 1958 con la firma de la viuda del autor, Doña María Luisa Vegas de Pimentel, en una edición limitada!" "
-¡Incluso la edición fue revisada por el Padre Barnola, de la Academia de la Lenguaquien escribió el prólogo!"

La mañana siguiente revisé la el libro y todo estaba  escrito correctamente. Voy al blog y veo el error.  Una palabra equivocada en un poema es una catástrofe, y si es un soneto, un asesinato. ¿Qué había ocurrido?  Un simple error mío de tipeo.  A cualquiera le pasa (lo bueno del blog es que siempre se puede corregir y no quedan huellas del crimen ni cuerpo del delito).

(Una digresión.  Pedro Téllez, médico y escritor descalificaba los blogs e Internet precisamente por ese carácter  efímero y provisional, que puede aparecer y desaparecer, algo como fantasmal.
Le repliqué con el Retrato de Antonio Machado:

Yo amo los mundos sutiles
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón

Me dijo que ante semejante argumento, se declaraba vencido en nuestra breve polémica por SMS todo ocurrió entre mensajes de texto).

Continúo por donde iba: decía que lo bueno del blog es que siempre se puede corregir.  Así lo hice.  Retiré el cadáver.  Borré la huellas dactilares y todas las pruebas incriminatorias.
¡Y a ver si alguno de mis desocupados lectores es capaz de leer el soneto y decirme dónde estaba la errata!  Por si alguien lo quiere revisar, haga click en

http://conescapularioajeno.blogspot.com/2012/04/desahuciado.html

Vale la pena leerlo y mejor aún, releerlo.  No sé si fue Caremis (Carlos Eduardo Misle) o Pedro Pablo Barnola, S.J., quien dijo que era un soneto perfecto.

Es posible que ninguno de los 134 lectores me haya escrito nada porque:
  1. Le da pena.
  2. Cree que no sabe meterse en el blog y escribir en "Comentarios".
  3. No me conoce y considera impertinente señalarme el error.
A cualquiera de ellos les recordaría la historia del escritor guayanés narrada anteriormente, y les diría que prestan un servicio al editor del blog, a la memoria del autor del poema (en este caso)  y al idioma.
En otra ocasión, si se percatan de algo semejante, por favor, háganmelo saber.

Ahora bien, los que no vieron el error se quedarán con las ganas.
¡Porque yo no se lo voy a mostrar!




(Fotos: archivo de Gabriel Padilla León)

2 comentarios:

  1. La máquina no me deja hacerte un comentario. De hecho no sé si lo publicó.
    Te decía que tu crónica era amena y deliciosa; y alegraba cualquier tarde de domingo. Creo que sé quien es el autor de quien hablas.
    Recibe un abrazo grande.
    Julieta

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  2. rectificar es de sabios...
    casualmente me hiciste recordar una anécdota similar que ocurrió hace poco:
    El hoy famoso Astrofísico y divulador Científico Neil DeGrasse Tyson durante la época del estreno de "Titanic" terminó yendo a ver la película casi a regañadientes ante la insistencia de sus amigos. Luego de ver la película le escribió una carta al director James Cameron de la cual resumo el siguiente pasaje:
    "señor Cameron estoy realmente impresionado y debo elogiar el anorme cuidado que ha tenido usted en recrear hasta el más mínimo detalle del Titanic, sus muebles, su decoración, los uniformes, etc. sin embargo lo que má sme asombra es que a pesar del enorme presupuesto y el gran detallismo empleados me parece inaudito e inadmisible que nadie se haya dado cuenta de que la posición de las estrellas en su película no coincide para nada con la posición que tenían en el lugar y fecha del hundimiento del Titanic, Le agradecería que corrigiera este error en las p´roximas ediciones de la película y coloque el cielo correcto, yo mismo se lo puedo enviar"
    Carta a la que Crowe hizo caso omiso, sin embargo ambos personajes se encontrarían luego en algún evento y el señor Tyson le volvió a hacer la misma observación, varias veces, hasta que por fin ganó y el señor crowe en la nueva versión de Titanic 3D accedió a colocar el cielo correcto
    oyelo narrado por él mismo:
    http://www.youtube.com/watch?v=8B6jSfRuptY

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